Conocido como el castell de la Popa, es uno de los sitios medievales más destacados de Cataluña debido a su notable arquitectura y la vegetación que lo rodea

España cuenta con una abundante herencia medieval repartida por todo su territorio, atrayendo constantemente a quienes buscan escapadas culturales. Una opción destacada es el Castell de la Popa, también llamado Castell de Castellcir. Este lugar es uno de los ejemplos más particulares de la arquitectura defensiva medieval en Cataluña, debido a la integración inusual entre la fortaleza y la roca natural que la rodea.
La construcción se alza sobre una formación geológica que recuerda claramente la popa de un barco, situada en la comarca del Moianès, a poco más de 50 kilómetros de Barcelona. Este atractivo recibe visitantes tanto senderistas como entusiastas de la historia y fotógrafos, por la singularidad de su ubicación. El nombre del Castell de la Popa proviene de la distintiva silueta de la roca que lo sostiene, logrando que la fortaleza se funda visualmente con la montaña, simulando la parte trasera de un barco pétreo navegando entre la densa vegetación local.
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La edificación fue levantada en 1014, con la función principal de vigilar y proteger el valle de la riera de Castellcir-Tenes. Durante numerosos siglos, fue la sede de poder de la familia Castellcir, cuya línea desapareció tras la peste negra del siglo XIV, un suceso que marcó profundamente la historia tanto de la familia como del propio enclave, según recoge el reportaje del diario El Món.
La estructura refleja el ingenio estratégico de la ingeniería medieval, aprovechando la morfología irregular del terreno como defensa natural. El castillo, sin cimientos tradicionales, se asienta directamente sobre la roca desnuda, siendo un destacado ejemplo de “castell roquer”. La muralla sigue fielmente el contorno del risco, y desde la base, la vista transmite una sensación de dinamismo petrificado, como si el castillo estuviera congelado en un continuo desplazamiento temporal.
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El Castell de la Popa se alza directamente sobre un peñasco, sin basamentos
La singularidad arquitectónica del Castellcir radica en su emplazamiento y en la forma en que las murallas se ajustan a la irregularidad de la roca, usando el peñasco como una muralla y foso natural. No existen documentos históricos antiguos que mencionen el nombre “Castell de la Popa”. Esta denominación se mantiene en la memoria popular debido a la semejanza de la estructura con la popa de un barco.
El castillo estuvo habitado hasta avanzado el siglo XX: fotografías de la década de 1920 muestran que la edificación se mantenía en un estado razonable, con parte de sus estancias adaptadas para uso agrícola. Con el abandono creciente y la falta de mantenimiento, el edificio cayó en ruina consolidada, situación que hoy todavía se observa en el paisaje del Moianès.
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El recinto no solo cumplía funciones defensivas; también albergaba la pequeña iglesia de Sant Martí de la Roca, un ejemplo de arquitectura románica que conserva algunos elementos originales del ábside. Esta combinación de sencillez y resistencia caracteriza los interiores del castillo, donde la carencia de comodidades contrasta con la fortaleza estratégica de su localización.
La evolución de una fortaleza medieval anclada en la memoria popular catalana
El acceso al interior está prohibido debido al riesgo de desprendimientos, aunque la silueta externa sigue siendo una de las más identificables en la Cataluña central. El itinerario hasta la fortaleza suele comenzar en el núcleo urbano de Castellcir y recorre una ruta circular de unos nueve kilómetros, ida y vuelta, por senderos forestales rodeados de alcornoques y robles.
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La subida final permite rodear la masiva roca, brindando vistas panorámicas de 360 grados en días claros que alcanzan desde los picos de Montserrat hasta el macizo del Montseny. El entorno boscoso contribuye a la atmósfera legendaria del lugar, con historias de bandoleros y cuevas enigmáticas como la Balma d’en Roma que, según el relato de El Món, aún guardan secretos antiguos.
Reúne historia, cultura, arquitectura y naturaleza, convirtiéndose en todo un reclamo turístico dentro de la Comunidad Valenciana
Se recomienda a los visitantes utilizar calzado adecuado y respetar la delicadeza del espacio, evitando cualquier intento de escalar muros o acceder a áreas inestables. El Castell de la Popa ha sido declarado Bien Cultural de Interés Nacional y su preservación depende del comportamiento responsable de quienes lo visitan para descubrir su historia. El Castell de Castellcir, testigo ancestral del diálogo entre arquitectura y naturaleza, continúa fascinando a quienes buscan revivir paisajes y leyendas de otros tiempos, tal y como documenta el medio El Món, fuente de toda la información recogida en este reportaje.
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