No solo influye la hora, sino también la falta de constancia: la alteración del ciclo circadiano por horarios irregulares contribuye a la aparición de patologías severas

Dormir (o no hacerlo) impacta en el riesgo de mortalidad. Numerosos estudios han explorado la conexión entre los hábitos de sueño y la probabilidad de desarrollar diversas enfermedades, especialmente las cardiovasculares, desde variados enfoques: cuál es la hora más adecuada para acostarse, la conveniencia de las siestas, la cantidad necesaria de descanso, entre otros aspectos. Cada investigación llega a sus propias conclusiones, pero coinciden en ciertos puntos: mantener horarios constantes y respetar los ritmos circadianos es fundamental. En resumen, dormir adecuadamente favorece la salud.
Esto resulta evidente para muchos, aunque aún persiste el debate sobre qué implica realmente “dormir bien”. Recientemente, un análisis llevado a cabo por los centros estadounidenses Mass General Brigham y Rush University Medical Center, publicado en la revista científica JAMA Network Open, examinó los patrones de descanso de 1.338 adultos y reveló hallazgos sorprendentes.
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El estudio determina que la hora a la que una persona se acuesta influye en el riesgo de mortalidad, ya sea aumentando o disminuyéndolo. Según estos datos, posponer la hora de dormir después de la medianoche resulta dañino, pero también, lo que representa una novedad, acostarse antes de las 22:00 horas es perjudicial. Este comportamiento se observa incluso en personas que cumplen con la cantidad recomendada de horas de sueño.
La explicación se encuentra en el ritmo circadiano, el reloj biológico que dirige los ciclos diarios en el cuerpo humano. Cuando este sistema se perturba por horarios irregulares o cambios en el momento de acostarse, pueden surgir consecuencias adversas que incluyen hipertensión, trastornos metabólicos y una mayor predisposición a enfermedades cardíacas y neurodegenerativas, según los expertos de Mass General Brigham y Rush University Medical Center.
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Otro estudio, realizado por las universidades de Surrey y Northwestern, evaluó a más de 433.000 personas y concluyó que quienes tienen tendencia a acostarse tarde poseen un 10% más de probabilidad de fallecer por cualquier causa durante un seguimiento de seis años. Este vínculo persiste tras controlar otros factores de riesgo, resaltando la relevancia del momento exacto en que se inicia el sueño.
Dormir con el wifi encendido (TikTok)
Cuál es la hora recomendada para irse a dormir
De acuerdo con la investigación estadounidense, el intervalo aconsejado para acostarse oscila entre las 22:00 y las 23:00 horas. Aquellos que se acuestan antes de las 22:00 tienen un 24% más de probabilidades de experimentar un evento cardíaco. En cambio, dormir después de la medianoche eleva ese riesgo en un 25%. Finalmente, quienes se duermen entre las 23:00 y las 23:59 enfrentan un aumento del 12% en comparación con el grupo considerado óptimo.
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Estudios recientes han desmontado la creencia de que solo dormir “las ocho horas” es suficiente para preservar la salud. Un análisis con cerca de 61.000 casos del Biobanco del Reino Unido, publicado en la revista Sleep, evidenció que la regularidad en los horarios de descanso disminuye el riesgo de morir por cualquier causa hasta en un 48% en comparación con quienes tienen patrones erráticos. Este beneficio se mantiene incluso entre personas que duermen entre siete y ocho horas, según lo recomendado.
“La regularidad del sueño es, con diferencia, el factor más importante”, afirmó a la BBC Russell Foster, director del Instituto de Neurociencia del Sueño y Circadiana de la Universidad de Oxford. Foster subrayó que, aunque la duración óptima varía dependiendo de cada individuo, la clave reside en la consistencia de los horarios.
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