Las claves
La heroína, cocaína y fentanilo están ingresando en las cárceles españolas adheridas a revistas y cartas, un método que sólo se ha descubierto gracias al olfato de perros entrenados para la detección de drogas.
Los funcionarios de prisiones han puesto en alerta mediante un vídeo que muestra cómo los familiares introducen estupefacientes para uso o comercio dentro de los centros, incrementando el peligro de sobredosis y fallecimientos.
El sindicato CSIF sostiene que los recursos actuales son insuficientes para impedir la entrada de drogas sintéticas y exige mayor inversión y coordinación en las prisiones.
Las muertes recientes por consumo de fentanilo y otras sustancias en penales como Algeciras y Huelva han provocado episodios violentos y crisis psicóticas entre los reclusos.
«Bueno, compañeros, aquí el perro ha señalado un sobre, es una revista de motos que viene impregnada«.
Así comienza el vídeo grabado por un funcionario de prisiones, que documenta cómo drogas están entrando en establecimientos penitenciarios españoles, adheridas en las páginas en el caso de la cocaína y heroína, y químicamente impregnadas en el caso del fentanilo.
Esta técnica casi no es detectable. Solo mediante el sentido olfativo de un perro detector especializado, los agentes lograron descubrir la sustancia oculta en las hojas de la revista.
Las imágenes, que han comenzado a difundirse entre los trabajadores y a las que ha accedido EL ESPAÑOL, muestran a un funcionario raspando las páginas de la revista.
«Ahora, con una de las hojas que él está raspando, es heroína. Otra hoja está impregnada con cocaína. Mirad el polvo blanco extraído del papel», explica el agente mientras la cámara enfoca el polvo.
El vídeo se grabó para alertar sobre cómo los familiares envían droga a los internos ya sea para traficar dentro o para consumo propio.
«Aún nos queda por revisar la revista y raspar donde la sustancia esté adherida. Lo comento para que los que visitan la cárcel estén atentos», concluye el trabajador.
Las consecuencias son letales. Fuentes consultadas alertan que «los casos de sobredosis por fentanilo están creciendo de forma alarmante, y ya se reportaron varias muertes«.
Los internos, aseguran, «se alteran gravemente y pierden el control», lo que genera un riesgo mayor para los funcionarios: «Imaginen el peligro que enfrenta un trabajador solo en un patio con 100 internos«.
Denuncia de los sindicatos
Este procedimiento, advierten fuentes penitenciarias, no solo afecta a las revistas.
Por ejemplo, el fentanilo y otras drogas sintéticas están entrando principalmente mediante la correspondencia: se pulveriza un folio con espray, se deja secar y se escribe como si fuera una carta normal.
«Actualmente, el uso del correo en papel ha quedado obsoleto en casi todos lados excepto en las prisiones, donde no se permite el móvil, por eso a los internos les llegan cartas», explica el sindicato CSIF.
Este sindicato señala que los recursos disponibles son insuficientes para enfrentar este fenómeno.
De hecho, la semana pasada CSIF envió un escrito a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias solicitando la implementación de medidas para contener esta amenaza tanto para el personal como para los reclusos.
«Es necesario contar con profesionales capacitados, medios adecuados y mejor coordinación entre dispensarios y medicación», reclama CSIF.
Según el último informe general de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior, en 2023 murieron 24 reclusos por consumo de drogas en los centros penitenciarios (además de tres presos que estaban de permiso).
Este número representa la cifra más baja en la última década: en 2018 se alcanzó un pico de 61 fallecimientos, pero desde entonces no han excedido los 40.
La prisión de Algeciras (Botafuegos) ha sido el epicentro de esta crisis relacionada con opiáceos. En 2025 se registraron cuatro fallecimientos por sobredosis vinculados al consumo de «papelillos» impregnados con sustancias tóxicas, incluido fentanilo.
Tres de estas muertes ocurrieron en un lapso de tres semanas: dos en agosto con solo siete días de diferencia, y un tercero el 11 de septiembre.
En marzo de 2026, la cárcel de Huelva confirmó su primera muerte por sobredosis tras consumir «papelillos» con fentanilo y cannabis sintético (Spice o K2).
De acuerdo con el último informe general de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior, en 2023 fallecieron 24 reclusos en los centros debido al consumo de drogas (más otros tres presos que estaban en permiso). Esta es la cifra más baja en diez años: en 2018 hubo un pico de 61 muertes, pero luego se mantuvieron por debajo de 40.
No obstante, estos datos podrían no reflejar la situación actual.
Jorge Vilas, del sindicato ACAIP, explicó en una entrevista que las primeras intervenciones por sobredosis de fentanilo ocurrieron en 2024, lo que indica que la droga ya estaba presente antes pero su impacto no se reflejaba completamente en las estadísticas oficiales.
El fentanilo comenzó a detectarse como droga ilegal en prisiones españolas en 2024-2025, manifestándose inicialmente con comportamientos violentos y episodios psicóticos.

