EL MUNDO ha tenido acceso a los mensajes del Comité Ejecutivo Nacional que decidió destituir al ex secretario general

En tan solo 13 minutos. Ese fue el tiempo que empleó el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Vox para expulsar a Javier Ortega Smith de ese órgano, el 22 de diciembre pasado. La decisión se comunicó vía WhatsApp, basada en un informe de seis páginas presentado por el secretario general, Ignacio Garriga. La mayoría de los 19 dirigentes que votaron a favor —todos salvo Ortega— no llegó a leerlo por completo. A las 19:08 horas, Santiago Abascal planteó la propuesta para destituirlo por «pérdida total de confianza política y personal», y a las 19:21 se alcanzó la mayoría cualificada de dos tercios requerida para destituirlo. Fueron 14 votos, 12 de los cuales se expresaron en menos de dos minutos. Esto fue mucho más rápido que el tiempo necesario para leer los cinco correos adjuntados por Garriga en su informe.
Así lo confirman los whatsapps del Comité Ejecutivo a los que ha tenido acceso EL MUNDO. Estos mensajes refuerzan la impresión de que la máxima dirección del tercer partido más votado de España actúa en ocasiones como un órgano meramente formal que ejecuta decisiones elaboradas previamente en el verdadero núcleo de poder. Este núcleo está conformado por Abascal y sus asesores Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza, con el respaldo institucional de Garriga, según afirman a este medio fuentes anónimas del CEN, quienes temen represalias similares a las sufridas por Ortega, a quien Vox ha apartado de la portavocía municipal madrileña y finalmente expulsó del partido por negarse a dejar dicho cargo.
La secuencia de mensajes que muestra el Comité Ejecutivo al apartar a Ortega de la cúpula del partido de extrema derecha habla por sí misma. A las 19:07, Garriga comunica a los miembros de la dirección de Vox que ha solicitado a Abascal «que, conforme a los estatutos, proceda a cesar a Javier Ortega Smith en este comité». Envía el documento con los cinco correos y un mensaje explicando que los motivos para su cese son seis.
El primero, «desatención y reiterado incumplimiento de las órdenes del secretario general. Ni siquiera responde a las comunicaciones». Ortega Smith respondió que Garriga le había enviado los correos a una cuenta que ya no utilizaba y tuvo que recuperarla después. El segundo motivo es la «desatención persistente a las instrucciones de la dirección de comunicación».
El tercero refiere a su «ataque público y constante a compañeros y decisiones del partido». El cuarto es el «menoscabo al Comité Ejecutivo Nacional», al referirse a la dirección «como algo ajeno a él». El quinto argumento del número dos de Abascal señala que Ortega causa un «perjuicio directo al partido, interfiriendo en la estrategia de campañas electorales». La sexta acusación es la «utilización de la memoria del padre del presidente con la intención de dañar la autoridad y legitimidad del propio presidente».
A las 19:08, Santiago Abascal planteó formalmente el cese «inmediato» de su otrora mano derecha dentro de la dirección y propuso su «sustitución por Julia Calvet, portavoz nacional de Juventud». El presidente recordó a sus compañeros que el artículo 15 de los estatutos de Vox permite destituir a uno de los miembros del Comité si así lo solicita el líder y la decisión es ratificada por dos tercios de los miembros, es decir, 14 de los 20.

La votación fue unánime en cascada. El recuento final fue 19 votos a favor y uno en contra, emitido por el propio Ortega, quien votó al final destacando su negativa en negrita. Los más rápidos en apoyar la expulsión fueron Llanos Massó (presidenta de las Cortes Valencianas), Luis Gestoso (portavoz municipal en Murcia), Vicente Barrera (líder provincial en Valencia) y el eurodiputado Jorge Buxadé, quienes tardaron solo segundos en escribir «a favor».
Una vez concluida la votación, Garriga comunicó oficialmente a Ortega su «cese como vocal». Le solicitó: «Por favor, abandona el grupo», pero Ortega se negó. Veinte minutos después, el número dos de Abascal envió un mensaje contundente: «Dado que no abandonas el grupo, iniciamos la creación de uno nuevo. Este grupo deja de ser operativo».
¿Cuál fue la conducta tan grave que justificó la destitución de Ortega Smith? El pdf que Garriga envió a los vocales contenía los cinco correos que dirigió a Ortega sin obtener respuesta.
El primero, fechado el 3 de abril, reprocha que se haya enterado por redes sociales de que iba a visitar «al Grupo Municipal de Torrelavega» y le exige «trabajar coordinadamente». En el segundo, del 20 de mayo, detecta «pequeñas descoordinaciones, aunque no intencionadas», que podrían evitarse con facilidad. En el tercero, del 7 de julio, el tono se endurece: Ortega no acata el argumentario ni coordina su actuación. «Me duele especialmente viniendo de ti, que has tenido la responsabilidad de la Secretaría General y formas parte del Comité Ejecutivo». El 8 de septiembre, le acusa de «pisar» a la portavoz regional madrileña, Isabel Pérez. «Son ya varias las veces, lamentablemente, en que ignoras los canales establecidos y actúas fuera del trabajo en equipo».
El quinto y último correo es el que desata la crisis. Garriga utiliza términos contundentes: «Cuestionar públicamente la estrategia del partido y debilitar su autoridad orgánica fue tipificado —por ti mismo— como falta grave (muy grave si la comete un cargo electo y/o orgánico) en los estatutos que promoviste como secretario general, época en la que calificabas una y otra vez como «ratas» a quienes manifestaban discrepancias públicas».

Además, recuerda que Ortega elaboró un duro informe contra dos compañeros a los que intentó destituir: «Te recuerdo que realizaste un documento muy crítico contra Rocío Monasterio y Iván Espinosa para solicitar su cese, solicitud que nuestro presidente rechazó». También señaló, tal como adelantó El Español, «lo curioso de leer ahora las críticas que ellos hicieron sobre ti hace poco, cuando pedían que se someta a tratamiento psiquiátrico debido a un comportamiento agresivo y violento hacia mujeres».
El 3 de febrero, EL MUNDO adelantó la carta en la que Ortega se defendía de estas imputaciones: «Cualquier opinión es duramente reprimida y castigada». «La difamación personal y en redes sociales se ha convertido en la herramienta para destruir la reputación» de quienes son considerados «incómodos», explicaba. «No me sorprendió la rapidez de esa votación» para destituirlo, afirmaba, «porque desde hace tiempo el CEN ha dejado de ser un órgano de debate y reflexión y se ha convertido en un cuerpo meramente formal que solo confirma decisiones ya tomadas».

