La estrategia internacional de Sánchez redefine las alianzas del PSOE en América, desplazando a socios tradicionales en favor de líderes populistas

Gabriel Boric, Pedro Sánchez y Gustavo Petro, en la cumbre de Barcelona celebrada el pasado fin de semana. Las claves

El PSOE bajo la dirección de Pedro Sánchez ha modificado sus antiguos vínculos en América Latina, reemplazando partidos socialdemócratas históricos por movimientos de carácter populista y con una inclinación más hacia la izquierda.

Este cambio representa una discontinuidad con la estructura internacional que Felipe González estableció en los años 80, la cual estaba basada en respaldar fuerzas democráticas y socialdemócratas frente a regímenes dictatoriales.

Entre los nuevos aliados del PSOE destacan Gabriel Boric en Chile, Axel Kicillof en Argentina, Gustavo Petro en Colombia y Lula da Silva en Brasil, sustituyendo a antiguos socios como el PRI de México o Acción Democrática de Venezuela.

Esta transformación busca posicionar a Sánchez como un referente mundial de la izquierda, aunque ha suscitado críticas internas por abandonar los principios tradicionales de democracia y buena gobernanza en favor de alianzas más extensas y menos comparables.

El PSOE de Pedro Sánchez ha redefinido su red de alianzas en América Latina. Donde antes existían partidos aliados y complicidades construidas durante la transición democrática de la región, ahora surgen nuevos socios con un perfil más marcado a la izquierda.

Este cambio quedó reflejado la pasada semana en la cumbre Global Progressive celebrada en Barcelona.

En pocos años se ha producido un tránsito de Ricardo Lagos a Gabriel Boric, y de Raúl Alfonsín a Axel Kicillof, continuador del peronismo asociado a Cristina Fernández de Kirchner.

Desde Ferraz celebran este giro: sostienen que se está «superando» el esquema clásico de alianzas, integrando nuevos liderazgos dentro de la Internacional Socialista.

No obstante, la transformación no es meramente generacional. En la práctica, supone romper con la estructura internacional que Felipe González estableció en los años 80, en plena ola de democratización latinoamericana.

«Sin duda los actores han cambiado, pero si estos no son ‘homologables’, no se justifica ese viraje ni la elección de estos compañeros de ruta», alertan algunos veteranos de la Ejecutiva de Ferraz durante la época de González, «debería buscarse fuerzas políticas que cumplieran con parámetros de democracia y buen gobierno».

Estas mismas fuentes señalan que el movimiento de Sánchez responde «al objetivo» de proyectarse como líder global frente a Donald Trump y la ultraderecha, incluso a costa de redefinir sus alianzas.

«Ante la ausencia de interlocutores homologables con la socialdemocracia (que hoy no es reconocida en el PSOE actual)», constatan las mismas voces, «se recurre a partidos que, en la mayoría de los casos salvo excepciones, tienen un perfil populista con los que parece identificarse».

El contraste con los orígenes de esta política exterior es evidente.

Las alianzas del PSOE de Felipe González se formaron durante “una etapa especialmente complicada para numerosos países de América Latina, con conflictos en Centroamérica y dictaduras en el Cono Sur”, recuerdan varios de los artífices de esos vínculos, construidos con viajes y encuentros a ambos lados del Atlántico.

«En ese momento siempre se buscaba apoyar formaciones democráticas frente a regímenes dictatoriales», añaden estas fuentes, que recuerdan cómo la Internacional Socialista y la democracia cristiana colaboraron apoyando sus respectivos partidos en la lucha por la democratización.

Entonces, para el PSOE los criterios para establecer vínculos y colaborar con otros partidos eran claros: «Defender la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos». Aunque, por supuesto, se priorizaban los partidos socialdemócratas.

Venezuela fue una pieza clave de aquella estructura. En las décadas de los 70 y 80, Acción Democrática, partido de Carlos Andrés Pérez, no solo era un aliado político, sino un apoyo fundamental para el PSOE durante los años del franquismo.

Durante esas décadas convulsas, Venezuela era una de las pocas democracias estables en Latinoamérica.

De hecho, Acción Democrática liderada por Carlos Andrés Pérez “prestó un apoyo relevante al PSOE en la clandestinidad, manteniendo una relación personal cercana con Felipe González”, recuerdan fuentes ligadas al PSOE de aquella época.

El expresidente del Gobierno entre 1982 y 1996 reveló el lunes pasado que conoció a Edmundo González en un vuelo de Carlos Andrés Pérez a finales de los 70. Por eso, en un acto junto a María Corina Machado, González afirmó que «la lucha por la libertad no tiene color político».

Aquella relación entre el líder español y el venezolano impulsó una cooperación activa con fuerzas democráticas en toda la región, desde el apoyo a opositores hasta asesoría electoral e incluso participación en procesos como la democratización de Nicaragua.

El punto de inflexión se produjo durante la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero. «Durante su mandato, las relaciones con Acción Democrática se deterioraron significativamente debido al acercamiento de Zapatero al chavismo», indican estas fuentes.

Este fenómeno chavista provocó tensiones internas en la Internacional Socialista, llegando incluso a plantearse la expulsión de AD, aunque finalmente no se llevó a cabo.

Incluso expertos en las disputas internas de la Internacional sostienen que «durante el gobierno de Zapatero se intentó integrar al partido de Hugo Chávez, algo que no prosperó».

Actualmente, el PSOE no mantiene alianzas con partidos opositores en Venezuela, a pesar de que Zapatero reivindica su cercanía con figuras clave del régimen, llegando a afirmar en Onda Cero que es «amigo» de Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge.

El país caribeño fue una notable ausencia en la reunión de Barcelona.

Por contra, estuvo presente Gabriel Boric, representante de la nueva izquierda latinoamericana. Su participación simboliza el desplazamiento del PSOE respecto a sus antiguos aliados en Chile, donde durante décadas mantuvo una relación “muy estrecha y especial” con el Partido Socialista y el PPD de Lagos, afianzada luego con la Concertación y Michelle Bachelet.

Un patrón similar se aprecia en Argentina. El vínculo histórico con la Unión Cívica Radical—creado en la lucha contra la dictadura y consolidado con Raúl Alfonsín—cede terreno ante la creciente influencia del peronismo con aires populistas.

En la Global Progressive, una figura destacada fue Axel Kicillof, actual gobernador de la Provincia de Buenos Aires y exministro de Economía, quien tiene altas probabilidades de ser candidato de CFK en 2027 frente a Javier Milei.

También en México se observa una transformación relevante. El PRI, histórico integrante de la Internacional Socialista, denuncia haber sido desplazado en favor de Morena, el partido de López Obrador y Claudia Sheinbaum, que exhibe un discurso izquierdista e indigenista.

Desde el PRI acusan al PSOE de apoyar “un partido autoritario, implicado con narcotráfico y vinculado al eje venezolano-bolivariano”.

Quienes forjaron las relaciones internacionales del PSOE con González recuerdan que la interacción con el PRI “se dio en el marco de reuniones de la Internacional Socialista, no de manera bilateral” y que “no existía afinidad ideológica, solo agradecimiento por la acogida a los republicanos españoles”.

Colombia completa este nuevo tablero. El referente actual es Gustavo Petro, exguerrillero del M-19. Pocos días después de la Global, el colombiano se reunió con Delcy Rodríguez, en la primera visita de un mandatario a Venezuela desde la captura de Maduro.

Mientras tanto, aumentan las tensiones con Ecuador, cuyo presidente, Daniel Noboa, acusa a Petro de estar vinculado al narcotráfico.

El comercio de drogas afectó también las relaciones de González con Colombia, especialmente con el Partido Liberal.

«No mantuvimos relaciones con ellos y enfrentamos presiones para facilitar su ingreso en la Internacional Socialista, algo que a ciertos partidos les parecía inapropiado porque algunos dirigentes destacados parecían implicados en narcotráfico», recuerda un exdirigente de la etapa de González.

Al final, ingresaron debido a la presión de otros partidos latinoamericanos.

Brasil refleja otro cambio de ciclo. En la época de González “no existía fluidez en la interlocución con el partido brasileño porque contenía elementos con planteamientos alejados de nuestros principios”.

Era el tiempo en que Lula da Silva mostraba simpatías hacia la revolución cubana.

Durante su reciente visita a Barcelona, Lula recordó que tras su primera derrota electoral estuvo cerca de renunciar y que le animó a continuar Fidel Castro.

En esos años, el PSOE prefería vincularse con el Partido Democrático Laborista (PDT) de Leonel Brizola, gobernador de Río de Janeiro y miembro de la Internacional Socialista.

Durante la era de Zapatero se consolidaron relaciones con el PT. Actualmente, Lula es uno de los principales aliados internacionales de Sánchez.

Ante este nuevo mapa, el recuerdo de la etapa anterior emerge como contraste. En aquel momento, el PSOE establecía vínculos con partidos socialdemócratas en contextos de represión, con una estrategia destinada a fortalecer las democracias.

Ahora, el eje se desplaza hacia afinidades políticas «más amplias», según señalan desde Ferraz. Todo ello mientras se abandona a antiguos aliados y se adapta a las realidades actuales.

En la Ejecutiva de González resaltan este contraste y advierten que «el escenario actual no tiene nada que ver con aquel momento, cuando la influencia del PSOE y del Gobierno abarcaba prácticamente todo el continente».

El PSOE era la referencia en la Internacional Socialista que, actualmente bajo la dirección de Pedro Sánchez, busca establecer alianzas con un bloque donde el populismo latinoamericano tiene una influencia creciente.

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