Mantiene un tono crítico hacia Génova mientras defiende los acuerdos con los barones, delineando así su mensaje para esta nueva etapa

«En este momento, el problema no recae en [María] Guardiola». Era el 6 de marzo y minutos antes de que Vox rechazara la investidura en Extremadura, Santiago Abascal pronunció esta frase, marcando un cambio decisivo en la relación de su partido con el PP. Este giro ha permitido desbloquear la gobernabilidad, hasta ahora, en dos comunidades autónomas y posibilitado a Vox combinar dos posturas que coexisten actualmente dentro de la formación: la colaboración con los populares en ciertas regiones y el enfrentamiento constante en las altas instancias. La confrontación directa es la de Abascal con Alberto Núñez Feijóo. Desde aquel 6 de marzo y hasta hoy, Génova se convirtió en el blanco principal de las críticas de Vox, allanando el camino para pactar con los populares sin renunciar a oponerse al PP.
Ayer esto se expresó con mayor claridad que nunca. Jorge Azcón del PP y el representante de Vox en Aragón, Alejandro Nolasco, ofrecieron una rueda de prensa conjunta para anunciar el cierre de un pacto de Gobierno. El dirigente de Vox agradeció al presidente en funciones «su disposición y valentía para alcanzar este acuerdo» y añadió que «Génova solo ha obstaculizado, poniendo trabas». «Esta es la realidad», afirmó, sin ser cuestionado y con Azcón justo detrás. Con estas palabras, Nolasco siguió el patrón discursivo que Vox ha sostenido en las últimas semanas, criticando a Génova siempre que se habla de acuerdos y atribuyendo el mérito del entendimiento exclusivamente a sus líderes y a los barones del PP.
Además, en este argumento, el hecho de que el pacto ahora sea «con el PP de Extremadura, con Guardiola», sirve a Vox para justificar su entrada en el gobierno extremeño —con dos consejerías— y sus elogios hacia el acuerdo, mientras mantiene su distanciamiento de Génova. Igualmente, probablemente adoptará esta postura para defender su coalición en Aragón, donde gestionará tres carteras. De este modo, Vox acumula poder autonómico al lado de Feijóo, pero intentando que esto no beneficie al presidente popular ni disminuya su labor de oposición.
Esta estrategia comenzó a implementarse cuando el líder del PP tomó la iniciativa, se encargó personalmente de los pactos negociados por los barones y divulgó el «documento marco» que establecía sus líneas rojas para cerrar acuerdos. Además, eso supuso la intervención de Génova en las negociaciones —hasta entonces, la dirección nacional del PP se mantenía al margen, a diferencia de Vox—, lo que no fue bien recibido en las filas de Abascal: «Que impongan un marco como si pactaran con salvajes y quisieran domar a Vox es empezar con mal pie», declaró el líder de Vox horas después de la publicación de ese texto. Desde entonces, la dureza en el tono no ha dejado de crecer.
Una muestra de ello fue la carta que el número dos de Vox, Ignacio Garriga, envió a la militancia en vísperas de Semana Santa, cuando las negociaciones en Extremadura y Aragón estaban en su fase final. En esa misiva, afirmó que el partido «está siendo objeto de un ataque brutal, calumnioso y miserable» —en medio de polémicas internas y acusaciones de «bloqueo» a los acuerdos—. Y, refiriéndose al origen de ese supuesto «ataque», no dudó en señalar directamente a «la dirección actual del PP». Incluso calificó a Feijóo y su número dos, Miguel Tellado, como «clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría», mientras que, como hizo ayer Nolasco, exculpaba a los dirigentes populares con quienes deben pactar: «Hay que agradecer que la mayoría de barones del PP no ha contribuido al ataque mafioso».
Abascal inauguró la campaña extremeña calificando a Guardiola como «la Irene Montero de Extremadura» e insinuando que si el acuerdo con ella fallaba, el PP tal vez debería cambiar de referente en la región. Dirigió críticas tanto a ella como a Azcón por el adelanto electoral. Sin embargo, estas críticas hacia los barones del PP han quedado en segundo plano durante el proceso de negociación y parecen prácticamente enterradas tras la firma de los acuerdos. No ocurre lo mismo con la confrontación con la cúpula del PP, en la que Abascal profundiza en cada mitin. Se espera que continúe esta línea en la campaña andaluza, a la que el líder de Vox retorna hoy. Será la primera vez que defienda los pactos con el PP mientras afronta una contienda electoral en la que compite, sobre todo, por un electorado compartido con los populares.

