Los dirigidos por Xavi Pascual no se alzan con un título desde junio de 2022, y su eliminación en el play-in de la Euroliga deja pocas esperanzas para la Liga Endesa.
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El Barça ha vuelto a sucumbir a esa caída que se prolonga desde hace años. Tras ser eliminado en el play‑in de la Euroliga, el equipo está una vez más fuera del máximo nivel europeo y, lo que es aún más grave, ha puesto en evidencia una crisis estructural sin precedentes.
Ni Europa ni renovación generacional contribuyen a mejorar la situación; el club avanza con un proyecto cada vez más difuso y una gestión institucional que apenas ofrece respuestas concretas.
La eliminación en el play‑in de la Euroliga no es un tropiezo aislado, sino el efecto acumulado de una temporada en la que el Barça se ha ido rezagando ante los grandes equipos.
El Barça Basket cae ante el AS Monaco y queda eliminado de la #EuroLeague. (79-70) pic.twitter.com/PemMCRx5dj
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Con un registro deficiente en la fase regular (21 victorias frente a 17 derrotas) y un rendimiento vacilante en el Palau, el conjunto azulgrana terminó en un puesto donde fue de los equipos más frágiles.
La manera en que se ha encajado la derrota en el play‑in duele especialmente, pues sucede después de años asegurando que el Barça era un club sólido en Europa. Sin Final Four recientes, sin títulos y con un plantel que combina veteranos con incorporaciones poco destacadas, esa imagen se desploma.
Falta de acción de la directiva
La apatía no se percibe solo en la afición, sino que proviene de una junta directiva que ha dejado a la sección de baloncesto en piloto automático durante años.
Después de etapas más exitosas con figuras como Sarunas Jasikevicius o Nikola Mirotic, la gestión de Josep Cubells —responsable directo del baloncesto hasta hace poco— ha dejado grandes lagunas: fichajes que no han funcionado, pérdidas dolorosas y un proyecto sin dirección clara.
Aunque Laporta ha anunciado cambios en el liderazgo (como la sustitución de Cubells por Sisco Pujol), el mensaje transmitido es más bien de ajustes menores que de una transformación profunda: el Barça mantiene un modelo que mezcla jugadores veteranos, promesas no explotadas y refuerzos secundarios.
Daniel Theis entra a canasta presionado por Jan Vesely. EFE
En medio de este contexto, Xavi Pascual se ha convertido en el símbolo de un entrenador que trabaja sin un apoyo sólido. Que haya planteado públicamente la posibilidad de dimitir —no como una amenaza, sino como un aviso real— evidencia la división existente entre el cuerpo técnico y la dirección deportiva.
El técnico de Gavá ha criticado la falta de renovación en el plantel y dejó claro que no está dispuesto a competir con un equipo mediocre si no se reformula el proyecto desde sus bases.
«Cuando concluya la temporada hablaremos, explicaremos muchas cosas y trataremos todos los temas […] Habrá tiempo para valorar dónde debemos estar y si estaremos», señaló a inicios de mes tras la derrota ante Panathinaikos.
Al ser consultado nuevamente, Pascual reiteró: «He dicho exactamente lo que quería decir», abriendo la posibilidad a renunciar al terminar la campaña.
🚨🟦🟥Xavi Pascual obre la porta a marxar del Barça a final de temporada
🗣️»Ja hi haurà temps per veure on estem, per veure on estarem i per veure si hi estarem»
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El desgaste del entrenador es palpable. Las declaraciones de Xavi Pascual no fueron un simple gesto, y ahora la responsabilidad recae sobre el Barça. Los posibles nombres para la próxima campaña generan expectativas, pero sería contraproducente que el actual técnico, ligado al club hasta 2028, ponga fin prematuramente a su segunda etapa.
El Barça de baloncesto afronta una encrucijada decisiva: o adopta sin demora un plan de emergencia a medio plazo, o corre el riesgo de hundirse en la mediocridad.
La situación real del Barça
La plantilla actual combina veteranos con jóvenes que no logran consolidarse, un formato poco viable frente a adversarios que ya han empezado ciclos renovados con fichajes contundentes y estructuras más claras.
Si el Barça persiste con la estrategia de ‘continuar con lo que hay’, el peligro no será solo quedar fuera de playoffs, sino perder categoría y prestigio.
La decisión definitiva se tomará en las oficinas durante este verano turbulento, pero el daño a la reputación, expuesto hoy bajo los focos de Mónaco, ya es incalculable.

