Dani Mérida, теннисист: «Мой отец хорошо разбирался в мотоциклах, но боялся их и старался оградить меня от этого мира»

Daniel Mérida, en el Mutua Madrid Open. El tenista madrileño cultivó desde joven una fuerte afición al motor, aunque finalmente optó por la raqueta gracias a la orientación de sus padres.

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Dani Mérida, una promesa emergente del tenis español, ha logrado posicionarse en el centro de atención durante este Mutua Madrid Open 2026.

Con apenas 20 años, este jugador de Madrid se ha hecho notar en la escena internacional, sobresaliendo por su saque potente y su mentalidad aguerrida.

El empuje de sus progenitores fue crucial para forjar su trayectoria deportiva, alejándolo de su gran pasión infantil —las motos— y dirigiéndolo hacia las pistas de tenis.

Velocidad y raquetas

La infancia de Mérida estuvo profundamente influenciada por el ambiente de la velocidad. «Mi padre manejaba un equipo de motos de competición, así que crecí rodeado de motos y carreras; inevitablemente, ese mundo se quedó conmigo. Hace un par de años comencé a interesarme un poco más en ese ámbito», comenta para Punto de Break.

No obstante, el peligro inherente a ese deporte generaba gran preocupación en su padre. «Mi padre, con amplio conocimiento en ese ámbito, tuvo amigos que sufrieron accidentes graves y eso le daba miedo; por eso intentó mantenerme alejado y por ello inicié el tenis, distanciándome poco a poco de las motos».

Dicha medida protectora resultó acertada, aunque la tentación sigue presente: «Crecí con esa pasión, llega un momento en que sientes la necesidad de tener una moto. Claro que es cierto que eso y el tenis no son muy compatibles, así que se debe tener precaución».

La función de los padres

Aunque sus padres no mostraban interés particular por el tenis, esto hizo que su impacto fuera aún más relevante. «En casa no se veía mucho tenis durante mi infancia; cuando aparecía, era generalmente para ver a Rafa, Roger, esos grandes en partidos destacados. Crecí más bien observando sus juegos», relata.

Su inicio tuvo lugar casi por casualidad en su pueblo. «Comencé a jugar tenis porque en Serracines, mi pueblo, hay una pista de pádel, y mi padre me llevó un par de veces para que probara ese deporte. Él ya había jugado pádel y quería que intentara practicar algo desconocido, alejado de todo lo demás».

«Pádel y tenis guardan similitudes, así que empecé en una escuela en Alcalá de Henares. Así se inició todo». Tras esas primeras clases en Alcalá, Mérida se afilió a la federación, se entrenó con rigor y debutó en challengers, alcanzando finalmente el cuadro en Madrid.

Un porvenir esperanzador

En el Mutua Madrid Open, Mérida compite en un cuadro exigente sobre arcilla, que es su superficie preferida, con la intención de sorprender a jugadores de alta categoría. Su progreso ha sido acelerado: semifinalista en juniors de Roland Garros y triunfos en torneos ATP.

La disciplina inculcada por sus padres —evitando riesgos innecesarios— ha contribuido a forjar un profesional integral.

En síntesis, Dani Mérida debe su camino al instinto protector familiar que lo alejó de las motos y lo acercó al tenis. En Madrid, este jugador refleja cómo el origen modesto y el respaldo constante construyen campeones. Su historia motiva a las nuevas generaciones del tenis español.

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