Una decisión reciente destaca unas construcciones tradicionales que integran el paisaje y la memoria del norte de España. Su reconocimiento pretende asegurar su continuidad más allá del aspecto material
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El norte peninsular ha conseguido recientemente una nueva protección cultural para unas construcciones populares que forman parte del entorno rural, de la memoria común y de la identidad de diversas comunidades. El Consejo de Ministros ha dado luz verde en abril a su reconocimiento como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, una iniciativa que busca resguardar no solo su estructura física, sino también los conocimientos, oficios y usos sociales relacionados con ellas.
Una salvaguarda que valora su significado simbólico
Se trata de los hórreos del norte de la península ibérica, ubicados en Galicia, Asturias, León, Cantabria, Navarra y País Vasco. Estas edificaciones tradicionales, elevadas sobre pilotes o supports verticales, fueron ideadas para conservar cultivos y alimentos protegiéndolos de la humedad, roedores y otros animales. Según el Ministerio de Cultura, son “mucho más que estructuras funcionales”: simbolizan identidades vivas, memoria colectiva y sentido de pertenencia en los territorios donde aún forman parte de la cotidianeidad.
La declaración promovida por el organismo liderado por Ernest Urtasun enfatiza que los hórreos no deben entenderse exclusivamente como elementos materiales de la arquitectura tradicional. Su valor radica también en las prácticas comunitarias, saberes transmitidos oralmente y la relación con el territorio que han conservado varias generaciones. El Ministerio recalca que estas construcciones están ligadas a “prácticas sociales, conocimientos transferidos, memorias compartidas y representaciones”, por lo que su protección exige considerar más allá de los materiales como madera, piedra o técnica constructiva.
El reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial busca integrar esta dimensión simbólica en los procesos de identificación, documentación, análisis y difusión. Asimismo, pretende fortalecer la transmisión intergeneracional de los conocimientos que han caracterizado la vida rural en extensas zonas del norte de España. No obstante, la salvaguarda llega en un momento en que estas construcciones enfrentan múltiples amenazas, tales como abandono, pérdida de su función original, homogeneización, desvinculación de la vida comunitaria y déficit de especialistas en su conservación. Por este motivo, las acciones de protección se enfocan tanto en mantener su dimensión social y simbólica como en preservar los oficios tradicionales relacionados con su mantenimiento.
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