Contradicciones en los testimonios de Rajoy y Cospedal: insisten en negar su conocimiento sobre la organización de ‘Kitchen’

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy durante su declaración en la Audiencia Nacional, este jueves. Las claves

Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal declararon en el juicio del caso Kitchen, negando conocer la operación destinada a eliminar pruebas de corrupción que podrían implicarles.

Rajoy afirmó que la operación policial solo perseguía recuperar el dinero oculto de Bárcenas y que no estaba al tanto de las acciones emprendidas, a pesar de su estrecha relación con el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Cospedal reconoció haber mantenido varias reuniones con el comisario Villarejo, pero negó haberle encargado tareas y no recordó conversaciones donde se le solicitó detener la publicación de la ‘libretita’ de Bárcenas.

Las grabaciones de Villarejo y los testimonios de otros implicados refutan la versión de Rajoy y Cospedal acerca de su desconocimiento y ausencia de implicación en la operación.

Mariano Rajoy intenta sostener que desconocía que en la dirección del partido que lideraba se distribuían sobresueldos de manera sistemática durante años y que, como presidente del Gobierno, no se enteró de que cerca de un centenar de agentes de las Fuerzas de Seguridad participaron en una operación para localizar y eliminar pruebas que podrían comprometerlo en un caso de corrupción.

Lo primero ya lo declaró hace años durante el juicio del caso Gürtel, y lo segundo lo reiteró este jueves en la vista oral de la Audiencia Nacional que juzga el caso Kitchen. Lo mismo hizo Dolores de Cospedal, quien como secretaria general del PP en ese momento también testificó hoy.

Rajoy respondió con «no» a la mayoría de las preguntas, planteando una teoría según la cual la operación de los aparatos del Estado tenía como único objetivo encontrar el dinero oculto de Luis Bárcenas, extesorero del PP, y sus testaferros.

«Estoy convencido de que esa operación policial se ajustó a la legalidad», afirmó el expresidente.

Esta versión se contradice con el hecho de que los agentes nunca informaron al juez sobre sus gestiones, no aportaron ninguna prueba y además actuaron de manera poco convencional, facilitando episodios como el secuestro de la familia de Bárcenas ejecutado por un falso sacerdote, la vigilancia ilegal al entonces director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, o la implicación de un policía externo a la investigación, como José Manuel Villarejo.

Rajoy declaró como testigo, con el deber de decir la verdad pero sin obligación de incriminarse en delitos, en un juicio cuyo principal acusado es su exministro del Interior, Jorge Fernández. Similar a lo que hizo un presidente anterior cuando otro ministro del Interior fue juzgado en el Tribunal Supremo, intentando desvincularse de operaciones ilegales de los aparatos del Estado.

Ese expresidente fue Felipe González y el ministro concernido José Barrionuevo, en el contexto de la «guerra sucia» de los GAL.

En aquel entonces se identificó a González como «el señor X» y se cuestionaba lo creíble que resulta que un presidente ignore lo que realiza su ministro del Interior.

Rajoy también rechaza ser el «señor X» del caso Kitchen, sugiriendo una separación clara entre él y su ministro del Interior. Sin embargo, vale recordar que Jorge Fernández Díaz fue su colaborador más cercano durante varios años.

¿Relación «profesional»?

Fernández desempeñó el cargo de secretario de Estado en los cuatro ministerios donde Rajoy estuvo durante la etapa de José María Aznar como presidente, siguiéndolo en todos ellos y siendo considerado la persona de máxima confianza de Rajoy por todos los que trabajaban con él.

Actualmente, el expresidente intenta transmitir que nunca trató este asunto con su mano derecha.

Además, Rajoy era quien tenía mayor interés en las pruebas que se buscaban con Kitchen, ya que se trataba de evidencias que podrían afectarlo directamente.

Se buscaban conversaciones que le involucraban, como se publicó en su momento y recordó Bárcenas en el juicio. Estas no afectaban directamente a Jorge Fernández, sino a Rajoy.

«Yo en ese entonces era presidente y no estaba involucrado en esas cuestiones«, declaró el expresidente.

Además, Bárcenas mantuvo una relación próxima con Rajoy durante varios años. Por el contrario, el extesorero evitaba tratar con Cospedal, entonces secretaria general, relacionándose directamente con Rajoy, su amigo, y también con Javier Arenas.

No obstante, el expresidente quiso presentar su relación como solo «profesional». Afirmó que Bárcenas no era un hombre de su «confianza» y que desconocía las negociaciones donde se le ofreció un sueldo vitalicio y ventajas como coche, despacho y secretaria, lo que Cospedal denominó «el despido en diferido», un método para silenciar al tesorero y evitar que denunciara la trama de corrupción en el PP.

Sin embargo, cuando Rajoy compareció en el Congreso como presidente para informar sobre Gürtel, pidió perdón en varias ocasiones «por haber confiado» en Bárcenas, reconociendo su nombramiento y confianza en él.

La relación era tan estrecha que Rajoy envió un sms a Bárcenas diciendo «Luis, sé fuerte».

A pesar de ello, Cospedal declaró respecto a Rajoy y Bárcenas: «A mí no me consta esa relación«.

El expresidente aseguró que cortó la relación con Bárcenas al enterarse de su dinero en Suiza, aunque ya se había emitido un auto judicial señalando al extesorero del PP.

«Hacemos lo que podemos», le dijo Rajoy a Bárcenas en otro sms.

¿Significa «hacemos lo que podemos» que el aparato del Estado se movilizó para hacer desaparecer las pruebas?

Rajoy declaró este jueves desconocer ese mensaje, aunque ha sido difundido en múltiples ocasiones desde entonces.

Cuando se le preguntó si envió el mensaje, Rajoy respondió: «No. No me suena, no tengo ni idea de lo que es eso».

Además, en grabaciones de Villarejo aparecen múltiples conversaciones donde se menciona al «Jefe«, a «M.R.» o al «Asturiano» como personas al tanto de las gestiones para eliminar pruebas incriminatorias.

El caso de Cospedal es distinto, pues existen grabaciones de conversaciones suyas con Villarejo donde específicamente se habla de pruebas y de acciones para hacerlas desaparecer.

Sin embargo, el juez instructor excluyó a Cospedal del caso y el tribunal que preside el juicio retiró esas grabaciones del sumario. Esto implica que no son válidas procesal ni penalmente, aunque sí pueden cuestionar la credibilidad de la exdirigente del PP.

En particular, audios revelados en 2022 mostraban a la entonces secretaria general del partido solicitando a Villarejo en 2013 detener la publicación de la «libretita» de Bárcenas, que contenía registros de la contabilidad oculta del PP.

«La libretita [de Bárcenas]… sería mejor poderlo parar», decía Cospedal claramente en una reunión en la sede del PP en la calle Génova.

En el juicio, Cospedal reconoció haberse reunido «ocho o nueve veces» con el excomisario, aunque afirmó no recordar esa conversación.

Su versión contradice lo que cualquiera puede escuchar en las grabaciones de Villarejo y no explicó por qué la secretaria general de un partido en el Gobierno se reunía con alguien como Villarejo ni cuáles eran sus motivos.

Cospedal argumentó que todas las reuniones fueron «a iniciativa de él», es decir, de Villarejo, y que ocurrieron en la sede del PP y en una cafetería.

No obstante, su entonces asesor, José Luis Ortiz, afirmó que al menos hubo un encuentro en el Ministerio de Defensa y que «en alguna ocasión la señora Cospedal solicitó la cita«.

«Le hice preguntas, no encargos», aseguró ante el tribunal, con una explicación que no concuerda con el contenido de las grabaciones de sus largas reuniones con Villarejo, donde por ejemplo se evidencia el encargo explícito para detener la difusión de la «libretita», que posteriormente fueron los «papeles de Bárcenas» y que llevaron a la condena por Gürtel y la moción de censura que apartó a Rajoy de la Moncloa.

Cospedal ni siquiera recordó si habló con Villarejo sobre Bárcenas, a pesar de la contundencia de las grabaciones.

Como señala Luis Landero en El balcón en invierno: «A veces el pasado nunca termina de irse«. Así están Rajoy y Cospedal.

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