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Esta narrativa fue publicada originalmente en 2019 y se presenta nuevamente en conmemoración al 40 aniversario del desastre nuclear de Chernóbil.
"No era comparable a estar en un hospital. Incluso los niños con enfermedades graves disfrutaban la estancia".
Roman Gerus, de Ucrania, conserva recuerdos muy gratos de una vivencia que surgió a raíz de una catástrofe.
Se trata de la explosión ocurrida en uno de los reactores de la planta nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, tragedia que esta semana cumple cuatro décadas.

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Gerus fue uno de los más de 23.000 niños afectados por el accidente que recibieron tratamiento médico en Cuba.
El programa, impulsado por el Ministerio de Salud de Cuba, se llevó a cabo desde 1990 hasta 2011.
¿En qué consistió esta experiencia?
Junto al mar

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"He estado en Cuba en tres ocasiones", comenta Roman Gerus a BBC Mundo.
"La primera vez tenía 12 años y me quedé seis meses. La segunda fue a los 14 años y permanecí tres meses. La última vez tenía 15 años y estuve 45 días".
"Cada visita fue distinta, pero todas las disfruté mucho. Guardo esos momentos con cariño y deseo volver a Cuba con mi familia para enseñarles la isla", añade.

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Gerus destaca la hermosura del entorno al que fue para tratar su enfermedad cutánea, la cual apareció varios años después del accidente de Chernóbil.
Actualmente con 27 años, este joven ni siquiera había nacido cuando ocurrió la tragedia, sin embargo, su familia vivía relativamente cercana a la planta nuclear.
"Cuando tenía 10 u 11 años, los médicos detectaron manchas blancas en mi piel, diagnosticándome vitiligo. Tratamos en Ucrania, pero los especialistas indicaron que era complicado, con medicamentos costosos y sin garantía de éxito", rememora.
"Alguien le comentó a mi madre sobre un programa para ir a Cuba. Al principio, ella dudó porque decían que era gratuito, pero investigó y completó los formularios.
"Esperamos cerca de seis meses hasta recibir una llamada confirmando que saldría en dos semanas. No podía creerlo. Mis padres estaban inquietos por la distancia entre Ucrania y Cuba, y porque yo era pequeño, pero decidimos avanzar y me fui".

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Más de 25.000 personas atendidas
El sitio donde llegó Gerus estaba ubicado en un balneario en la playa de Tarará, a unos 30 kilómetros al este de La Habana.
Concebido en los años 50 como una urbanización para la clase media-alta, tras la Revolución Cubana, la zona se destinó para campamentos infantiles de la organización Pioneros José Martí.
El gobierno cubano acondicionó esta área para alojar a los miles de pacientes en el programa "Niños de Chernóbil", desarrollado entre el 29 de marzo de 1990 y el 24 de noviembre de 2011.

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Informes del Ministerio de Salud cubano indican que atendieron en total a 26.114 pacientes, de los cuales el 84% fueron niños procedentes principalmente de Ucrania, Bielorrusia y Rusia.
Pese a la severa crisis que enfrentó Cuba durante el denominado "periodo especial" en los años 90 tras la caída de la URSS, el programa no fue interrumpido.
Diversas enfermedades atendidas
El recinto de Tarará contaba con alojamientos para niños y acompañantes, dos hospitales, una clínica, parque vehicular para ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y espacios para el esparcimiento.
Además, disponía de dos kilómetros de playa a unos 15 minutos a pie.
Los pacientes que llegaban a la isla presentaban dolencias variadas, desde cáncer, parálisis cerebral y problemas dermatológicos hasta malformaciones, trastornos digestivos y condiciones psicológicas.

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El programa fue dirigido por los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, quienes catalogaron a los pacientes en cuatro categorías según su estado:
- Niños con afecciones oncohematológicas graves que requerían hospitalización prolongada y permanecían en Cuba por meses, según su progreso.
- Niños con patologías diversas que necesitaban hospitalización, aunque no severas; su estadía era de 60 días o más.
- Niños con enfermedades tratables de manera ambulatoria, con estadías entre 45 y 60 días.
- Niños en condiciones relativamente sanas, con estancias también de 45 a 60 días.
Dos áreas diferenciadas
El caso de Khrystyna Kostenetska, ucraniana que formó parte del programa a los 12 y 13 años, corresponde al último grupo.
"Estuve en Cuba en 1991 y 1992", comentó Kostenetska a BBC Mundo.
"En ambas ocasiones permanecí 40 días. Se cree que ese lapso es suficiente para que el cuerpo humano se recupere de una baja dosis de radiación".

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Kostenetska señala que en Tarará existían dos áreas diferenciadas: el campamento inferior, reservado para niños con problemas de salud graves, y el superior, destinado a menores sin afecciones médicas pero que habían estado cerca de Chernóbil.
"Vivíamos en casas pequeñas e independientes, con unos 15 niños en cada una. En el campamento superior no recibíamos tratamientos específicos, pero controlaban nuestra vista y nos llevaban al dentista", detalla.
Ella conserva memorias encontradas de su estancia en Tarará.
"Recuerdo un mar impresionante, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también veo niños con serios problemas de salud", relata.
"Había niños con vitiligo que debían usar mangas largas y protegerse del sol. A pesar de ello, el clima cubano sanó a algunos y aceleró la recuperación de muchos más".

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El sol como medicina
Gerus fue uno de los niños que logró una recuperación completa.
"Después de mi segunda visita, las manchas se tornaron grises y luego desaparecieron. Tomé algunos fármacos, pero la principal cura fue el sol", afirma.
"Nadábamos mucho. El océano era maravilloso. Íbamos a la playa con los profesores, parte del tratamiento. Siempre queríamos ir", recuerda Gerus, quien señala que algunas noches participaban en actividades recreativas como ir al cine o a la discoteca.

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Aspectos inciertos
Más allá de los recuerdos positivos de Gerus y Kostenetska, y de la opinión generalmente favorable hacia el trabajo del gobierno cubano, es claro que en Tarará también se vivieron momentos difíciles, sobre todo al considerar a quienes llegaron con enfermedades graves o que quedaron excluidos del programa.
En este contexto, el proceso de selección para los participantes estuvo rodeado de controversias.
Fue una etapa de crisis profunda en Ucrania, donde muchas familias no podían costear los pasajes para que sus hijos viajaran a centros de recuperación lejos de la radioactividad.
Cuando se anunció el programa cubano, muchas familias creyeron que tendrían la oportunidad de enviar a sus hijos.

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Sin embargo, el método para seleccionar a los beneficiarios no fue del todo claro y ciertos sectores criticaron que muchos participantes no provenían de las familias más necesitadas.
Pese a estas críticas, la percepción en Ucrania y otras repúblicas exsoviéticas sobre la cooperación cubana es positiva, prevaleciendo un sentimiento de gratitud. Además, no existen pruebas públicas de corrupción.
"Aunque era pequeño, comprendía la difícil situación económica de Cuba y la pobreza existente. Aun así, siempre fueron amables, desde el personal de cocina, a los profesores, seguridad y médicos…", recuerda Gerus.
"Eran personas de gran corazón, y eso fue lo que más importó".

