El peleador irlandés, que regresó tras cinco años de inactividad, apenas aguantó un minuto en la jaula debido a una lesión en la rodilla derecha.
La vuelta de Conor McGregor a la UFC terminó siendo un desastre: el irlandés cayó frente a Max Holloway por nocaut técnico en el primer asalto, tras sufrir una lesión en la rodilla tan solo tres segundos después de comenzar la pelea en UFC 329.
La combinación de un inicio explosivo, un soporte inadecuado y la falta de ritmo competitivo convirtieron la noche que debía marcar su regreso al máximo nivel en un momento amargo para su trayectoria.
McGregor retornaba al octágono cinco años después de su último combate, suspendido por la fractura en la pierna que sufrió frente a Dustin Poirier y que lo mantuvo sin competir desde 2021.
En la previa, el excampeón irlandés reconoció que ese período le obligó a realizar «mucho trabajo interno» para superar tanto el aspecto físico como mental del trauma que frenó su progreso y puso en duda su continuidad.
Su enfrentamiento con Holloway en Las Vegas, casi trece años después de la primera pelea entre ambos, se presentaba como una revancha cargada de significado, con el hawaiano en plena forma y McGregor intentando volver a la élite.
El combate principal de UFC 329 apenas tuvo tiempo para estabilizarse antes de complicarse severamente para McGregor.
En los primeros instantes, el irlandés lanzó una patada con su pierna adelantada, pero el apoyo fue inadecuado y la articulación de la rodilla sufrió de inmediato.
Desde ese instante, su desempeño en la jaula reflejó una limitación clara: ‘The Notorious’ perdió equilibrio, dejó de tener una base firme y mostró incomodidad, con un juego de pies muy inferior a lo que había sido una de sus características principales.
Holloway captó enseguida la situación y modificó el ritmo del combate. En lugar de dejarse arrastrar por el desorden inicial, el hawaiano intensificó la cantidad de golpes, probó la guardia de McGregor y forzó intercambios donde la falta de movilidad del irlandés resultaba evidente.
McGregor trató de responder con algunas patadas adicionales y amagos de izquierda, pero sus desplazamientos laterales y sus típicos cambios de distancia desaparecieron, dejando su defensa vulnerable ante un rival con ritmo, resistencia y confianza.
La secuencia final ocurrió cuando Holloway encontró un espacio para conectar varias combinaciones limpias sobre un McGregor prácticamente inmóvil en el suelo.
Con el irlandés ya incapaz de cubrirse ni esquivar eficazmente, el árbitro intervino y detuvo el combate, declarando el nocaut técnico en un asalto que duró poco más de un minuto.
La rodilla lesionada de McGregor, todavía pendiente de un diagnóstico oficial, simbolizó la cruel realidad de una noche que debía ser de redención y terminó generando dudas sobre su futuro en la UFC.
El impacto de la derrota en UFC 329 trasciende el resultado deportivo. Para McGregor, representa una nueva asociación de su nombre con la palabra lesión y la reactivación de recuerdos de la fractura de tibia y peroné que ya lo mantuvo alejado del octágono durante años.
Para Holloway, la pelea implica simplemente aumentar su récord de victorias y conseguir la bolsa económica como ganador. En cambio, para la UFC representa una de las mayores decepciones en su historia y el posible capítulo final, con el peor desenlace, para una de sus leyendas más grandes.

