La principal incógnita reside en el nivel de conocimiento que tenía el ex presidente del Gobierno sobre la ‘operación Kitchen’

Luis Bárcenas afirma que, si dependiera de él, cerraría ese capítulo y dejaría atrás la operación Kitchen; que lo último que deseaba era volver a acudir a la Audiencia Nacional, entidad que le llevó a prisión; y que su presencia allí obedece a un compromiso moral con su familia.
Tras haber estado ocho años en prisión, de los cuales seis fueron en régimen de total incomunicación por el caso Gürtel, y haber cumplido completamente con la Justicia (actualmente está en libertad condicional y ha perdido todo su patrimonio, incluidas las millonarias cuentas en Suiza), mantiene su denuncia contra la antigua dirección de Interior porque nunca perdonará que su propio partido le robara en su hogar, poniendo en peligro la vida de su esposa y su hijo a través del asalto del falso cura, a quien se niega a llamar así y tilda directamente de «secuestrador». Además, insiste en que esto se denuncie «para que nadie vuelva a sufrir algo parecido en un Estado de Derecho».
En este punto, con el ex tesorero actuando por primera vez como acusador en lugar de acusado, las dudas principales se centran en cuánto conocía Mariano Rajoy acerca de esta operación parapolicial, cuya posible implicación depende del testimonio del ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz y de su secretario de Estado, Francisco Martínez. Ambos han rechazado defensa legal vinculada al entorno del ex presidente, incluso sin coste alguno. Esta desmarcación se considera un hecho probado, sobre todo porque en la causa permanecen intactos los móviles del ex alto cargo del PP que fueron intervenidos en un Vips de Madrid por un grupo de agentes.
Bárcenas pagó a un preso para que eliminara un audio de «M.R, Mariano Rajoy».
Ya no se discute la existencia de un gran operativo policial que involucró a decenas de agentes, con la participación de numerosos altos mandos y supervisado directamente por la cúpula del Ministerio, que mantuvo comunicación con los comisarios. Incluso las defensas reconocen que la movilización de recursos tenía como finalidad la búsqueda de una supuesta fortuna oculta perteneciente al ex tesorero.
Sin embargo, él nunca tuvo conocimiento ni de pruebas que indicaran fondos escondidos ni del constante patrullaje de agentes por las calles de Madrid, siguiendo sin descanso a los Bárcenas mientras competían por ganar reconocimiento ante sus superiores intentando proteger a Rajoy en sus momentos más complicados.
El principal obstáculo para el ex tesorero del PP es, no obstante, su credibilidad y las constantes modificaciones en sus versiones desde que se revelaron sus depósitos en Suiza. Inicialmente negó la existencia de sobresueldos en negro publicados por EL MUNDO; después negó que la letra de los famosos Papeles de Bárcenas publicadas por El País fuera suya («ese cuaderno no existe, ni existió, por lo tanto no es mi escritura»); e incluso llegó a negar haber grabado a altos dirigentes de su partido durante esos meses convulsos hablando de la caja B.
Ya sin ningún tipo de compromiso ni la amenaza que más temía — el ingreso en prisión de su esposa —, Bárcenas confiesa por primera vez que fue víctima de un robo y detalla el botín. Lo adelantó hace unos días a este diario y lo ha explicado minuciosamente en su extensa declaración: un pendrive con tres grabaciones, una de ellas con Rajoy, que guardó en el taller de restauración artística de su esposa y que desapareció cuando quiso recuperarlo tras salir de prisión preventiva. Junto a esta memoria, había numerosos documentos con apuntes sobre pagos en efectivo no declarados que el partido realizaba regularmente para diferentes campañas electorales. El ex tesorero recreó una escena reveladora con Rajoy, cuando recibió los documentos que comprometían la caja B. «Se da la vuelta en el sillón, se oye en la grabación, y los introduce en la trituradora». Añadió también: «La operación parte de los responsables del PP».
La existencia de grabaciones en su poder queda confirmada por las referencias de los comisarios implicados en las grabaciones entre ellos, así como por el hecho confesado en sede judicial de que uno de los comisarios más altos en ese período, Enrique García Castaño, visitó personalmente el mencionado taller. Además, Bárcenas reveló esto en medio de negociaciones con el PP para defender a Rosalía Iglesias cuando las conversaciones se complicaron. «Dispongo de documentos y discos duros capaces de derribar al Gobierno, pero en la situación actual lo último que le conviene a España es que caiga el Ejecutivo», advirtió a Pedro J. Ramírez en la llamada reunión de las ‘Cuatro horas con Bárcenas’, cuando ya mantenía un canal abierto con el PP para suavizar su futuro judicial. «Los papeles están nuevamente en poder de Bárcenas», avisó el ex tesorero a Raúl del Pozo, quien documentó esta advertencia en mayo de 2013.
Trece años después, el actual tesorero, que ahora es su hijo Guillermo Bárcenas, reconocido músico nacional, interpela a los mandos policiales que le sustrajeron su archivo para que el material salga a la luz y el caso se cierre definitivamente. Porque «solo una operación como Kitchen», que en 2015 le pareció una «película» cuando los periodistas de este diario se lo adelantaron, «pudo llevarse a cabo con el aval de las más altas instancias del PP». Señala directamente a Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy.
Recordó ayer que nunca imaginó que sus antiguos compañeros le robaran y comenzó a tomar conciencia de que la «fabulación» era cierta cuando este diario le mostró una prueba irrefutable del espionaje, frente a la cual sus dudas desaparecieron: su clave de Movistar. Era el apelativo cariñoso con el que se refería a su esposa en privado, encontrado entre los materiales confiscados ilegalmente. Fue entonces cuando, por primera vez, se percató de la gravedad real de esta historia.

