Adiós al cloro: el plan de 34 millones en Brabante Flamenco y De Halve Maan

Adiós al cloro: el plan de 34 millones en Brabante Flamenco y De Halve Maan

¿Alguna vez has sentido ese picor en los ojos o el fuerte olor a químico tras un chapuzón en la piscina municipal? En pleno 2026, con veranos cada vez más extremos en España y el resto de Europa, la forma en que nos refrescamos está a punto de cambiar para siempre. Se acabó el bañarse en «caldo de químicos»; el futuro es sumergirse en agua pura filtrada por plantas.

He seguido de cerca la transformación de los espacios públicos y lo que está ocurriendo en la región de Brabante Flamenco es, sinceramente, el sueño de cualquier amante de la ecología. La provincia ha dado luz verde a un proyecto arquitectónico fascinante en los dominios de De Halve Maan (en Diest) y Kessel-Lo (Lovaina), donde el hormigón y el cloro ceden su lugar a ecosistemas vivos.

Adiós a los químicos: ¿Cómo funciona una piscina de 34 millones de euros?

En mi experiencia analizando proyectos de infraestructura, pocos logran equilibrar el lujo con la sostenibilidad como este. No estamos hablando de un simple estanque con ranas. Se trata de una inversión de 22,7 millones de euros en De Halve Maan y otros 11,7 millones en Kessel-Lo para crear cubetas de hormigón donde la depuración ocurre mediante minerales y plantas acuáticas.

Pero, ¿por qué debería importarte esto a ti, que quizás vives en Madrid, Valencia o Sevilla? Porque este modelo es la respuesta directa a la escasez de agua y la contaminación. El agua se regenera sola, imitando a la naturaleza, eliminando la necesidad de vaciar y rellenar vasos gigantescos cada temporada.

  • Filtración Biológica: El agua circula a través de raíces de plantas que absorben nutrientes y bacterias.
  • Accesibilidad Total: Olvida las escaleras metálicas incómodas; el diseño incluye rampas suaves para que cualquier persona, sin importar su movilidad, entre al agua como si fuera una playa.
  • Patrimonio Vivo: En Diest, se recuperará la forma pentagonal de un «ravelín» del siglo XIX, integrando historia militar con ocio moderno.

La ciencia de la «biopiscina»: ¿Funcionaría en el calor de España?

Muchos se preguntan si estas plantas sobrevivirían a los 40 grados de un agosto en Córdoba o Murcia. Según expertos en paisajismo hídrico, el secreto está en la selección de especies. Mientras que en Bélgica usan variedades locales, en España el uso de la Iris pseudacorus o el Sparganium (platanaria) permitiría mantener el agua cristalina incluso bajo el sol más implacable.

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Lo más interesante: La biopiscina funciona como un filtro de café gigante. Las piedras volcánicas y las raíces atrapan las impurezas mientras las plantas oxigenan el agua. A diferencia del cloro, que se evapora y pierde eficiencia con el calor extremo, el sistema biológico se vuelve más activo cuanto más sol recibe. Es tecnología viva que «trabaja» gratis para ti.

El modelo belga vs. El éxito español

En España ya tenemos pioneros como la Bassa d’Oles en Cataluña o las zonas naturales de Las Chorreras. Sin embargo, el proyecto belga eleva la apuesta al nivel de Patrimonio de la Humildad de la UNESCO, integrando arquitectura de vanguardia con biodiversidad urbana.

Comparando ambos modelos, notamos una ventaja clara en la propuesta de Kessel-Lo: la gestión del flujo de personas. Han diseñado zonas que pueden cerrarse en días tranquilos para ahorrar energía, algo que nuestras saturadas piscinas municipales españolas deberían copiar urgentemente.

Guía para el viajero: Cómo bañarse en el futuro (2029)

Si eres de los que ya está planeando su próxima escapada de cicloturismo en Flandes, apunta estas fechas. Las obras comenzarán tras el verano de 2027 y la inauguración está prevista para 2029. Aquí tienes unos tips rápidos:

  • Ubicación: Diest y Kessel-Lo están a un paso de Bruselas (menos de una hora en tren o coche).
  • Precios: Se espera que mantengan tarifas sociales, estimadas en unos 5-8 euros para adultos, siguiendo el estándar de 2026.
  • No es solo baño: Ambos lugares contarán con puntos de hostelería ecológica y zonas de sombra natural (bosques de sombra) para evitar el golpe de calor.

En definitiva, estamos ante un cambio de paradigma. Ya no se trata de «ir a la piscina», sino de sumergirse en un ecosistema que nos cuida mientras nosotros lo cuidamos a él. Es una lección de cómo la inversión pública puede mejorar nuestra salud sin destruir el planeta.

¿Estarías dispuesto a bañarte en una piscina llena de plantas si eso significa decir adiós al cloro para siempre, o te da «cosilla» no sentir el olor a desinfectante? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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