El análisis del ADN de una pieza dental revelaría que el patógeno circulaba en Europa y África desde hace al menos 4.000 años

Cuando un niño mostraba síntomas como fiebre elevada, dolor de garganta y un sarpullido rojizo áspero, los diagnósticos habituales incluían viruela, sarampión o difteria. No obstante, el descubrimiento a finales del siglo XIX de la bacteria Streptococcus pyogenes introdujo una enfermedad nueva: la escarlatina.
La escarlatina fue una de las principales causas de mortalidad y discapacidad en la infancia, ya que a menudo ocasionaba pérdidas en la visión y la audición. Con la llegada de los antibióticos, la fiebre escarlata se transformó en una infección bacteriana tratable y con un pronóstico muy favorable.
La historia médica ha señalado que esta infección fue introducida por los europeos a América durante la colonización. Sin embargo, el diente de una momia precolombina podría alterar conocimientos previos sobre la escarlatina. Así lo revela un estudio recientemente publicado en la revista Nature Communications.
Tras examinar el ADN extraído de una pieza dental de un hombre momificado que vivió entre 1283 y 1383 d.C. en lo que hoy es Bolivia, un equipo científico del Instituto de Estudios de Momias de Eurac detectó restos de la infección bacteriana. Esto indica que el patógeno ya circulaba entre las poblaciones indígenas siglos antes de la llegada de europeos a América.
“La cepa antigua contenía muchos, aunque no todos, los genes patógenos presentes en las cepas modernas de Streptococcus pyogenes“, señala el microbiólogo Frank Maixner, director del Instituto de Estudios de Momias de Eurac. Esta cepa ancestral parece estar estrechamente vinculada a las actuales, de las que pudo haberse separado hace unos 10.000 años y que en la actualidad provocan infecciones de garganta.
Un patógeno que circula desde hace 4.000 años
Las evidencias científicas sugieren que los primeros habitantes de América cruzaron el estrecho de Bering hace aproximadamente 22.000 años. Al mismo tiempo, datos genómicos indican que Streptococcus pyogenes ya estaba presente en Europa y África desde al menos 4.000 años atrás. Este contexto abre la posibilidad de que los humanos convivieran durante milenios con esta bacteria, siendo Siberia un probable punto de entrada para su expansión hacia otras regiones.
“La existencia de S. pyogenes en diferentes zonas geográficas y épocas plantea que pudo haber sido transportada por las poblaciones humanas durante sus migraciones, facilitando así su dispersión global”, sugieren los autores del estudio.
Históricamente, estas enfermedades se han considerado “patologías de frontera”, vinculadas a la llegada de colonizadores europeos al continente americano y al impacto negativo sobre poblaciones con sistemas inmunitarios no adaptados. Sin embargo, esta visión podría resultar demasiado simplista, incluso en el caso de la escarlatina.
Investigaciones recientes basadas en ADN antiguo hallado en Colombia sugieren que la sífilis pudo existir tanto en América como en Europa durante miles de años, lo que pone en duda la idea de que su propagación inicial estuviera únicamente asociada al contacto con poblaciones americanas. Un patrón semejante se observa en enfermedades como la lepra y, posiblemente, también en la escarlatina.
La resistencia bacteriana a los antibióticos provoca más muertes que los accidentes de tránsito en España.
Una momia boliviana para reescribir la historia
En este marco, los fragmentos de ADN antiguo de S. pyogenes recuperados de un diente perteneciente a una momia boliviana se encuentran altamente degradados. A pesar de ello, los científicos consiguieron extraer datos suficientes para reconstruir parcialmente su genoma.
“Se puede comparar con armar un rompecabezas sin conocer la imagen final”, explica el microbiólogo Mohamed Sarhan de Eurac. Aunque complejo, el proceso posee ventajas metodológicas. Según Sarhan, “no se dejan influir por referencias modernas”, porque trabajan “sin ideas preconcebidas”. “Esto nos permite descubrir enfoques completamente novedosos e identificar variantes genéticas que quizás ya no existan”, afirma.
Hasta ahora, en estudios de ADN antiguo, las secuencias más largas solían descartarse al considerarse posibles contaminaciones recientes, basándose en la idea de que no podían haberse conservado durante tanto tiempo. No obstante, la nueva investigación desafía esa suposición. Según Maixner, este hallazgo “cuestiona los fundamentos de la investigación del ADN antiguo”.

