El veterano jugador brasileño lideró la victoria tinerfeña en el Movistar Arena, sumando 25 puntos y dominando al líder en su propia cancha.
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En una competición que se vuelve cada vez más intensa y veloz, donde los bases surgen como una cadena de producción de explosividad, Marvin ‘Marcelinho’ Huertas continúa ganando encuentros con un recurso clásico y efectivo: la comprensión táctica del juego.
Con sus 42 años, el brasileño transformó la visita de La Laguna Tenerife a la cancha del Real Madrid en otra noche legendaria, anotando 25 puntos y superando al líder en su fortaleza. Su participación no fue un simple destello tardío, sino la de un actor principal, controlador del ritmo, del espacio y de las emociones durante el partido.
Su influencia se percibió desde el inicio: cada posesión que manejaba tenía un propósito claro. Huertas decidió cuándo acelerar la transición y cuándo frenar para castigar al Madrid con el bloqueo directo, esa conexión con el pívot que ha definido su estilo durante casi veinte años en la élite.
La dimensión de esta actuación se aprecia mejor cuando se analiza en el contexto de su trayectoria. Formado en Brasil, Huertas se consolidó en Europa hasta posicionarse como uno de los principales directores de juego de la ACB.
Su etapa en equipos destacados, incluyendo su periodo en el FC Barcelona y su paso por la NBA, le permitió desarrollarse como un base completo, capaz de anotar, dirigir el juego y asumir la responsabilidad en finales disputados. Con la selección brasileña ha participado en Mundiales y Juegos Olímpicos, siendo durante años la referencia principal del equipo nacional.
Sin embargo, en Tenerife ha hallado el lugar idóneo para consolidar su leyenda. Llegó cuando muchos dudaban de su continuidad y ha acabado redefiniendo lo que implica ser veterano en la Liga Endesa: no solo mantiene su nivel competitivo, sino que fue reconocido como el mejor jugador de la competición entre los mayores de 40 años.
Ha superado récords históricos de puntos y asistencias en el club, situándose entre los líderes globales de la ACB, lo que confirma que su impacto va más allá de una fase puntual de buen rendimiento.
Marcelinho Huertas, durante el partido contra el Real Madrid de baloncesto Europa Press
La experiencia de Tenerife ante el Real Madrid no fue únicamente un triunfo relevante, sino la demostración de que con Huertas dirigiendo el equipo, este se siente capaz de alcanzar cualquier meta. Su sintonía con los jugadores interiores, su talento para elevar el nivel de sus compañeros y su liderazgo discreto conforman un marco competitivo que supera cualquier partido de temporada regular.
En una época dominada por estadísticas avanzadas y modelos predictivos, la figura de Marcelinho destaca porque representa factores que no pueden cuantificarse: la serenidad en los momentos finales, la confianza para exigir el balón en situaciones críticas y la destreza para convertir una noche habitual en un evento memorable.
Por ello, lo sucedido frente al Madrid no se explica solo a través de números. A sus 42 años, Huertas no está prolongando su carrera, sino escribiendo episodios que se sostienen por sí mismos.
Para Tenerife, su rendimiento es un mensaje para toda la liga. Para el baloncesto español, un testimonio de que el talento, cuando es cuidado y comprendido, no está limitado por la edad. Y para él, posiblemente, un recordatorio personal del motivo por el que todavía merece la pena dirigir el juego en la cancha.

