La perfección es considerada un ideal, un referente, un objetivo al que se aspira, pero que en la realidad resulta imposible de alcanzar completamente
Miles Teller, protagonista de la película Whiplash, siempre aspiró a convertirse en un baterista de jazz y emular a Buddy Rich, uno de los músicos más destacados en el ámbito de la batería jazzística. Para lograr esta meta, a pesar de la indiferencia mostrada por el director del Conservatorio, Teller se entregó a practicar largas y agotadoras sesiones diarias con el fin de alcanzar la excelencia y, por consiguiente, la perfección.
Las personas cuyo rasgo más notable es el perfeccionismo se distinguen por su búsqueda constante de criterios inalcanzables, extremadamente exigentes. “Nos referimos a individuos con tendencia a la rigidez y al control, que actúan en los extremos y no en posiciones intermedias, que suelen temer equivocarse y persiguen “la perfección” en múltiples aspectos de su vida”, explica Aránzazu Fernández, psicóloga clínica del Hospital Universitario La Paz en Madrid.
Los objetivos que se plantean los perfeccionistas suelen carecer de realismo y generalmente son imposibles de alcanzar, aumentando la probabilidad de no lograrlos y de enfrentar experiencias traumáticas. En muchas ocasiones, “esto puede provocar un miedo desmedido a cometer errores junto con una sensación constante y frustrante de que ‘nunca es suficiente’”, señala la doctora Fernández. Además, “los perfeccionistas son inflexibles hacia los demás, muestran poco reconocimiento hacia los otros y, en definitiva, son complicados de tratar y satisfacer”, añade.
Una persona con esta característica de personalidad vive en una insatisfacción permanente, ya que aspirar a la perfección sin aceptar fallos, errores o variaciones, conduce inevitablemente a la frustración. “En la vida todo está sujeto a cambios, perspectivas y contextos. Por lo tanto, es un objetivo imposible. Lo que ahora parece perfecto, en un instante puede dejar de serlo. En la filosofía, la perfección se entiende como un ideal, un punto de referencia que se busca, pero que en el mundo real no se puede materializar del todo”, comenta esta psicóloga clínica.
Un grupo de investigación de la facultad de Psicología de la Universidad de Newcastle llevó a cabo dos estudios, uno transversal y otro longitudinal, con el propósito de analizar el papel de la rumiación de errores en la relación entre el perfeccionismo, entendido como rasgo de personalidad, y el malestar psicológico en estudiantes durante un periodo de 21 días. Ambos análisis demostraron que tanto el perfeccionismo como el estrés estaban vinculados significativamente con la depresión y la ansiedad.
Otro artículo publicado en Frontiers in Psychology examinó la conexión entre las altas capacidades intelectuales (ACI) y el perfeccionismo, estudiando la relación entre este último y el bienestar psicológico en 103 adolescentes de entre 12 y 17 años con capacidades intelectuales altas o promedio. El estudio señala que “el perfeccionismo se conceptualiza como un constructo psicológico que puede favorecer la excelencia en distintos ámbitos de la vida o, por el contrario, generar desadaptación si no se maneja adecuadamente”. Los resultados resaltan la influencia de los contextos educativos y culturales, y recomiendan implementar intervenciones personalizadas para fomentar un perfeccionismo adaptativo y reducir sus efectos negativos. Según concluyen los psicólogos Joachim Stoeber y Kathleen Otto en otro texto, “los esfuerzos perfeccionistas dirigidos hacia uno mismo son beneficiosos, siempre que los perfeccionistas no se preocupen en exceso por los errores ni por las evaluaciones negativas de los demás”.
Las personas perfeccionistas pueden contar con cierta predisposición personal o psíquica para desarrollar esta característica, pero es el entorno el factor que más la condiciona. “La educación, las expectativas familiares o el ambiente en el que se desenvuelve una persona pueden aumentar considerablemente esa inclinación hacia el perfeccionismo”, explica Sergio García Soriano, psicólogo sanitario y psicoterapeuta colegiado. Según este especialista, “el perfeccionismo puede ser beneficioso si impulsa a mejorar y a desempeñarse bien, pero se transforma en negativo cuando ocasiona estrés o cuando nunca se alcanza la satisfacción con el propio trabajo”. Esto quiere decir que la influencia depende siempre de cómo esa persona se relaciona con las metas que se propone.
No obstante, la obsesión por alcanzar la perfección puede volverse patológica si limita la vida de quien la posee, pues conduce a revisar constantemente las tareas o afecta las relaciones sociales al mostrar una actitud excesivamente exigente hacia los demás. Así, “en lugar de fomentar motivación, productividad y satisfacción por hacer el mejor trabajo posible, puede causar ansiedad, estrés, baja autoestima y sentimientos de culpa”, concluye la doctora Fernández.

