Un estudio de la Universidad de California examina las células inmunitarias senescentes como posibles responsables de diversas enfermedades

Entre la población, y cada vez más en los jóvenes, se extiende la epidemia del hígado graso, una patología definida por la acumulación excesiva de lípidos en las células hepáticas. Los malos hábitos alimentarios combinados con la falta de actividad física representan algunas de las causas principales, aunque no son las únicas.
Un reciente estudio de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), publicado en la revista Nature Aging, identificó una población oculta de células inmunitarias senescentes (similares a “zombies”) que se acumula en los tejidos durante el envejecimiento y juega un papel fundamental en la progresión de la enfermedad del hígado graso. La eliminación de estas células en modelos murinos logró disminuir notablemente la inflamación y revertir el daño hepático, incluso cuando los animales mantenían una dieta poco saludable.
Una de las observaciones más destacadas del estudio es que la proporción de macrófagos senescentes en el hígado se incrementa del 5 % en ratones jóvenes hasta alcanzar entre el 60 y 80 % en ejemplares envejecidos, cifra que se asocia directamente con el aumento de inflamación hepática crónica. Además, la investigación demuestra que el exceso de colesterol puede inducir la senescencia de estos macrófagos, estableciendo una conexión clara entre los hábitos dietéticos y la aceleración de estos procesos patológicos.
El fenómeno de la senescencia celular, donde las células cesan su división pero no mueren, y continúan secretando señales inflamatorias, fue un enfoque principal para los autores.
Eliminar los macrófagos ‘zombies’ para tratar el hígado graso
Los macrófagos, células inmunitarias encargadas de remover desechos y patógenos, han suscitado debate acerca de su capacidad para entrar en un estado senescente. El equipo de UCLA identificó una combinación específica de proteínas (p21 y TREM2) que permite distinguir de forma clara los macrófagos realmente senescentes, marcando un avance significativo en su caracterización.
Durante los experimentos, los investigadores administraron el fármaco ABT-263 a ratones transgénicos alimentados con dietas ricas en grasas y colesterol, un modelo representativo de la enfermedad metabólica hepática en humanos. El tratamiento logró reducir el peso hepático del 7 % del peso corporal a un rango saludable entre el 4 y 5 %, y el peso total de los animales descendió un 25 %, pasando de un promedio de 40 a 30 gramos. Las imágenes del hígado evidenciaron una recuperación notable, y las señales inflamatorias disminuyeron considerablemente.
Episodio: ¿Qué es el hígado graso?
Una diana potencial contra la inflamación crónica y el envejecimiento
El estudio evaluó si los mecanismos observados en ratones se reflejarían también en humanos. Para ello, el equipo examinó bases de datos genómicas de biopsias hepáticas y detectó una elevada presencia de la firma molecular p21-TREM2 en hígados afectados en comparación con hígados sanos, lo que indica que la senescencia de los macrófagos también contribuye a la enfermedad hepática crónica en personas.
Aunque el fármaco ABT-263 demostró eficacia en ratones, su toxicidad limita su aplicación generalizada en humanos, por lo que el equipo se enfocará ahora en descubrir nuevos compuestos que permitan eliminar selectivamente los macrófagos senescentes sin provocar efectos secundarios no deseados. Además, UCLA investiga el posible papel de estas células en otras enfermedades relacionadas con el envejecimiento, como el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas.

