La experta señala que es común sentir culpa por haber compartido demasiada información con otros, cuando el verdadero problema radica en quien traiciona la confianza

En las relaciones interpersonales, a menudo no resulta sencillo identificar el origen del problema cuando algo se deteriora. Frecuentemente, ante un conflicto, la reacción inmediata no es analizar la relación o cuestionar a la otra persona, sino volcar la atención hacia uno mismo. Es un reflejo casi automático: repasar lo expresado, las acciones realizadas y lo que posiblemente se pudo evitar.
Esta inclinación a la autoevaluación permanente puede parecer inicialmente una muestra de madurez o responsabilidad emocional. Sin embargo, no siempre conduce a soluciones efectivas. En ciertos casos, solo provoca una carga de culpa innecesaria que termina minando la autoestima y afecta la manera de relacionarnos con los demás.
Como resultado, en lugar de protegerse, se alteran aspectos de la personalidad o se restringe la forma de expresarse. La persona se vuelve más reservada, precavida, menos espontánea. Y todo esto muchas veces sin cuestionar si el verdadero problema radica en uno mismo o en el entorno donde se desenvuelve.
En este sentido, la psicóloga Beatriz Titos (@bea.psicosingluten en TikTok) destaca un punto clave: la tendencia a asumir culpas que no corresponden. Basándose en su práctica clínica, explica cómo este patrón se observa con frecuencia en consulta. “‘¿Sabes cuál es realmente el problema? Que revelo demasiadas cosas sobre mí y toda esa información puede ser usada en mi contra, así que prefiero no contar nada’. Eso me comentaba el otro día una paciente”.

En lugar de aceptar esa conclusión, Titos plantea un cambio de enfoque. “Al reflexionar un poco, llegamos a la conclusión de que en realidad es uno de los mejores filtros que poseemos”, comenta. Para la psicóloga, compartir información personal no representa un inconveniente, sino una herramienta que facilita evaluar la calidad de las relaciones.
Desde esta óptica, abrirse ante otros funciona como una prueba. “Si descubres que no puedes contarle nada a una persona porque lo usará en tu contra, entonces identificamos que esa persona no es un espacio seguro, no es un entorno confiable”, explica. En ese sentido, la información compartida no es un punto vulnerable, sino un indicador revelador.
“Deja de ponerte tú en el foco de la culpa”
Titos indica que lo esencial no es dejar de compartir información con los demás, un comportamiento común frente a las decepciones en relaciones personales, sino interpretar correctamente esa señal. “Se trata de una persona que no debería formar parte de nuestra vida”.
Así, el problema surge cuando se produce una interpretación equivocada de la situación: en vez de cuestionar al otro, muchas personas optan por retraerse. “Ahí reside el verdadero problema, porque en lugar de evaluar quiénes integran nuestra vida y pueden perjudicarnos, terminamos examinándonos a nosotros mismos”, señala Titos.
Este desplazamiento del foco impacta directamente en la gestión de las relaciones, dado que concluimos “que brindamos demasiada información, cuando en realidad la dificultad la presenta la persona que está enfrente”, enfatiza.
En este contexto, resalta la importancia de comprender la naturaleza de la confianza, subrayando que la otra persona “no respeta que esa información es privada, confidencial y la hemos compartido por confianza”, detalla. Por lo tanto, la responsabilidad recae en quien quiebra esa confianza, y no en quien la ofrece.
De este modo, su mensaje es claro: “Deja de culparte, deja de situarte en el centro de la culpa y coloca la atención en quien está frente a ti”. Este cambio de enfoque no solo alivia la carga emocional, sino que también facilita la toma de decisiones más coherentes. “Si no puedes abrirte con esa persona porque no merece tu confianza, la solución no es cambiar tú, sino sacar a esa persona de tu vida”.

