Siete de cada diez euros han sido asignados a este reducido grupo, compuesto principalmente por grandes gestores de infraestructuras, consorcios empresariales y grandes corporaciones industriales

Con España acercándose al plazo establecido por Bruselas para la adjudicación de los fondos Next Generation, agosto de 2026, la urgencia por ejecutar la mayor cantidad posible de estos recursos se intensifica exponencialmente. Diseñados como respuesta a la pandemia y gestionados mediante el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), estos fondos buscan no solo acelerar la salida de la crisis, sino también impulsar una transformación estructural en la economía española.
Desde su implementación, la distribución de los Next Generation ha enfrentado múltiples desafíos. La estructura de los fondos, concebida con una lógica multinivel y que combina transferencias a fondo perdido y préstamos, ha exigido un esfuerzo considerable tanto de las administraciones públicas como del sector productivo para absorber el gran volumen de recursos disponible.
La decisión del Gobierno de renunciar a una parte significativa de los préstamos europeos -más de 60.000 millones- refleja las dificultades reales para asimilar tal volumen inversor en tan corto periodo. No obstante, el desafío no es únicamente cuantitativo. Resulta imprescindible evaluar el éxito del programa analizando la dirección y el destino del dinero.
De acuerdo con el estudio realizado por EsadeEcPol, se observa una marcada desigualdad en la distribución sectorial y, sobre todo, por tipo de empresa. Si bien la suma otorgada hasta marzo de 2026 -superior a 63.400 millones de euros- es considerable, la asignación interna de estos fondos está lejos de alcanzar la capilaridad y transformación inclusiva que el programa prometía.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció este jueves la creación de un fondo soberano que tomará el relevo de los fondos de recuperación europeos ‘Next Generation EU’, con el objetivo de movilizar 120.000 millones de euros en vivienda, energía, digitalización, inteligencia artificial, reindustrialización, economía circular, infraestructura, agua y saneamiento y seguridad. (Fuente: Europa Press)
Concentración extrema en la cúspide
Uno de los resultados más destacados del informe de EsadeEcPol es la concentración notable en la asignación de las ayudas. Solo el 1% de las empresas beneficiarias de los fondos Next Generation ha recibido el 71,4% del valor total asignado. Siete de cada diez euros han sido destinados a este reducido grupo, integrado mayormente por grandes gestores de infraestructuras, consorcios empresariales y grandes corporaciones industriales.
Por el contrario, la mediana empresarial apenas accede a una fracción mínima de estos fondos -su participación en el total asignado es del 0,0004%– y solo a partir del percentil 95 se identifican empresas cuya contribución individual supera el 1% del total.
Este fenómeno no es exclusivo ni accidental en España, aunque sí presenta una intensidad particular. Por un lado, refleja la inercia de los mecanismos de licitación y la dificultad que enfrenta la administración pública para canalizar fondos a través de un tejido dominado por pymes y microempresas, las cuales cuentan con menor capacidad técnica y recursos administrativos para acceder a procesos complejos.
Por otro lado, cuestiona hasta qué punto el plan está fomentando una transformación real del modelo productivo o, en cambio, si simplemente está reforzando las posiciones preexistentes de los grandes actores económicos.

Los sectores líderes y los grandes olvidados
En el plano sectorial, la balanza se inclina de manera contundente hacia las actividades relacionadas con la construcción, que concentran más de 13.000 millones de euros -triplicando la cifra de su inmediato competidor-. A distancia, le siguen sectores como el comercio (3.900 M€), la información y comunicaciones (3.500 M€) y la gestión de residuos y aguas (2.400 M€).
El sector de actividades profesionales y científicas, fundamental para la innovación y modernización, apenas supera los 2.300 millones. Mientras tanto, sectores clave para la resiliencia social y la igualdad de oportunidades, como la educación (705 M€) y la salud (567 M€), se sitúan al final de la distribución y, juntos, no alcanzan el 2% del total ejecutado, cuestionando así la apuesta por el capital humano y el bienestar social en el diseño final del programa.
La predominancia de grandes obras públicas y grandes operadores responde a la lógica de «vías de menor resistencia»: resulta más simple y rápido asignar partidas considerables a proyectos de gran envergadura que distribuir esa misma cantidad en numerosas subvenciones dirigidas a cientos de miles de pymes o entidades locales. Esta tendencia ha beneficiado además a comunidades con mayor capacidad institucional y experiencia previa en la gestión de fondos europeos, como Cataluña, Andalucía o la Comunidad de Madrid.
Una estructura de dos velocidades
La ejecución de los fondos Next Generation en España avanza claramente a dos ritmos: uno para grandes infraestructuras y proyectos tractores gestionados por corporaciones de élite; otro, para la microayuda que apenas comienza a llegar a miles de empresas y organizaciones sociales con baja capacidad para competir en un entorno dominado por la complejidad administrativa.
Si al cierre del periodo España no ha corregido este desequilibrio, existe el riesgo de que esta oportunidad histórica quede a medio camino, consolidando privilegios y dejando intactas muchas de las debilidades estructurales que motivaron la llegada de los fondos en primer lugar. Según Esade, el desafío hasta agosto de 2026 no es solo gastar los recursos pendientes, sino hacerlo de forma que la transformación alcance todo el tejido productivo y, en particular, a quienes más la requieren.

