Un estudio revela que la semaglutida mejora el hígado graso no alcohólico más allá de la pérdida de peso
Si bien términos como GLP-1 o semaglutida pueden no resultar familiares, las marcas Ozempic y Wegovy ya son más conocidas. Estos medicamentos se administran mediante una inyección subcutánea con una pluma recargable. Aunque inicialmente fueron desarrollados para tratar la diabetes tipo 2, actualmente también se emplean para la pérdida de peso. De hecho, Ozempic se ha convertido en la primera opción en España para ese fin.
Sin embargo, su beneficio va más allá. Recientemente, un estudio publicado ha descubierto nuevos efectos positivos para la salud asociados a estos ‘ozempics’. Un equipo de investigadores de Toronto ha demostrado que la semaglutida actúa directamente sobre un grupo específico de células hepáticas para mejorar el funcionamiento del hígado, independientemente de la reducción del peso corporal.
Así, en pruebas con ratones, se constató que la semaglutida es capaz de mejorar el estado del hígado graso no alcohólico sin depender de la pérdida de peso. Los expertos sugieren que este hallazgo podría revolucionar el tratamiento de las enfermedades metabólicas hepáticas.
El estudio fue liderado por Daniel Drucker, quien se encuentra entre los principales investigadores en el área de medicamentos GLP-1 desde los años 80; su trabajo sentó las bases para el desarrollo de estos fármacos. Drucker señala que en ensayos clínicos se observó que pacientes con poca pérdida de peso experimentaban reducciones similares en inflamación hepática, fibrosis y niveles enzimáticos en comparación con quienes bajaban más peso.
Publicada en Cell Metabolism, esta investigación revela que la semaglutida actúa directamente sobre el hígado, reduciendo inflamación y fibrosis, lo que conlleva una mejor función hepática.
Para llegar a estas conclusiones, se combinaron dos modelos avanzados de ratón con MASH —una forma grave de enfermedad del hígado graso que implica acumulación de grasa, inflamación y cicatrización, y que puede derivar en cirrosis e insuficiencia hepática— junto a análisis moleculares de células hepáticas. Se identificaron dos tipos celulares que contienen receptores para semaglutida: las células endoteliales sinusoidales hepáticas (LSEC) y las células T inmunitarias.
Estas células LSEC representan apenas el 3% del total celular hepático, pero jugaron un papel clave en el beneficio hepático que aporta el medicamento. Según explican los autores, las LSEC recubren los vasos sanguíneos más finos del hígado y están perforadas con poros que actúan como un filtro molecular, regulando el intercambio entre el hígado y el torrente sanguíneo.
María González Rellán, integrante del equipo, demostró que la semaglutida revirtió la MASH en ratones carentes de receptores cerebrales encargados del control del apetito, evidenciando que la pérdida de peso no es indispensable para lograr efectos hepáticos beneficiosos.
Además, los análisis moleculares indicaron que la semaglutida altera la expresión genética en las células LSEC, induciendo la liberación de moléculas antiinflamatorias que actúan en el ambiente hepático en general.
Implicaciones prácticas del estudio
Estos hallazgos pueden aplicarse en la práctica clínica, según afirma Drucker: “Los medicamentos GLP-1 se han popularizado, pero su mecanismo de acción más allá de la supresión del apetito y el control glucémico sigue sin comprenderse del todo. Reconocer que la semaglutida mejora la salud hepática independientemente de la pérdida de peso puede influir en las estrategias de prescripción. Los médicos podrían optar por dosis menores, reduciendo efectos secundarios asociados a las dosis más elevadas que se requieren para bajar peso notablemente, lo que además podría disminuir costes para los pacientes”.
Por su parte, José Pablo Miramontes González, internista y científico independiente del estudio en el Hospital Río Hortega (Valladolid), señala que el aporte más significativo de esta investigación es que ofrece una explicación biológica creíble y que su mayor importancia es conceptual, pues aclara que el beneficio de estos fármacos no debe evaluarse únicamente por kilos perdidos. “Existen pacientes cuyo hígado mejora incluso con bajadas de peso modestas. Esto tiene un valor clínico notable”, comenta en declaraciones a SMC.
Sin embargo, recuerda que se trata de un estudio experimental en modelos animales: “En definitiva, el mensaje no es ‘sabemos con certeza cómo funciona en humanos’, sino ‘contamos con una explicación experimental sólida que debe ser confirmada en pacientes’”.
El jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Jaén, Francisco Jesús Gómez Delgado, expone a la agencia SMC que, desde su perspectiva, el principal mensaje es que el éxito terapéutico no debe medirse solo por la reducción de peso. “La enfermedad metabólica hepática puede mejorar sin grandes pérdidas ponderales, lo cual es especialmente relevante en una patología en la que la preocupación principal no es solo la grasa en el hígado, sino también la inflamación, la fibrosis y el riesgo de evolución hacia una fibrosis avanzada o cirrosis”, sostiene.

