Proceso de distribución de órganos para trasplante: criterios y procedimientos

Una distribución equitativa y justa de los órganos para trasplante se encuentra en el fundamento de la confianza ciudadana en el sistema y en su disposición para donar. De aquí deriva su gran relevancia

Foto: Transplantes de corazón en Hungría.

«Sin donante no hay trasplante». Esta es una frase que un coordinador madrileño pronunció hace muchos años, repetida en la mayoría de los cursos de formación para estos especialistas y cuya certeza casi nadie discute. El trasplante de órganos depende directamente de la existencia de donaciones, y estas, a su vez, dependen en gran medida de la voluntad social de donar, ya sean los propios órganos o los de familiares en el momento del fallecimiento.

Por lo tanto, se comprende que la “predisposición a donar” esté fuertemente condicionada por la percepción sobre la transparencia y limpieza del proceso de donación y trasplante, así como por el destino que recibirán esos órganos al ser trasplantados. Ningún receptor que no sea “el paciente que más lo necesita y puede beneficiarse” puede compensar el gesto altruista que implica donar sus órganos o los de sus seres queridos. Se requiere una confianza total en el sistema, algo difícil de conseguir pero frágil ante la menor falla.

Por esa razón, la importancia de los criterios de distribución de los órganos donados es vital. Estos deben asegurar que su estricto cumplimiento resulte en una asignación justa y equitativa, donde cada paciente compita en igualdad de condiciones sin ninguna forma de discriminación, ni positiva ni negativa. Definir los criterios adecuados para cada órgano no es sencillo, y es fundamental entender que no existe un único modelo en este ámbito. Cada país tiene sus normas diferentes para evaluar la gravedad, el tiempo en lista u otras múltiples variables implicadas. La realidad es que ninguno de los sistemas usados mundialmente es perfecto; si así fuera, todos los copiarían sin debates ni controversias.

En los comienzos de la ONT, existían opiniones muy diversas entre los equipos de trasplantes sobre cómo debía realizarse la distribución de órganos, tanto desde el ángulo clínico como territorial. Tras evaluar todas estas posturas y estudiar modelos en países que nos aventajaban claramente en esa época, se alcanzaron ciertas conclusiones que fundamentan los criterios aplicados desde entonces para cada órgano:

  • Los criterios de distribución deben estar redactos, publicitados y ser sujetos a verificación.
  • Una vez definidos, no pueden ser alterados bajo ninguna circunstancia hasta que sea el momento de evaluarlos y revisarlos, si corresponde.
  • Deben someterse a evaluaciones periódicas para verificar los resultados obtenidos.
  • Su ejecución debe pasar por revisiones externas.
  • Los criterios clínicos deben ser acordados con los equipos de trasplante; los territoriales, con los responsables autonómicos que deben aprobarlos.

Estas bases han posibilitado la elaboración y aplicación de los criterios de distribución de órganos que utiliza la ONT desde su constitución, y cabe destacar que en sus 37 años no se ha producido ni un solo rechazo.

Cada órgano responde a dinámicas y requisitos específicos. A comienzos de cada año, los equipos de trasplante de corazón, pulmón, hígado, páncreas y riñón se reúnen en la sede de la ONT, donde se presenta la actividad anual, tanto general como específica del órgano, así como el desempeño de las normas vigentes. Los equipos analizan estas exposiciones y plantean posibles problemas junto a soluciones mediante ajustes en los criterios, que generalmente son pequeños refinamientos para perfeccionar aspectos específicos, manteniendo así la estructura histórica fundamental con las modificaciones sucesivas incorporadas.

Tras la aprobación por parte de todos los equipos de trasplante, los criterios territoriales (que afectan necesidades de desplazamientos, consumo de recursos y equilibrio de órganos entre comunidades) deben ser validados también por la Comisión de Trasplantes del Consejo Interterritorial, formada por la ONT y los Coordinadores de las 17 CCAA. En la fecha de aprobación, los criterios entran en vigor y permanecen intactos hasta el siguiente año, siendo la ONT responsable de su cumplimiento.

Para órganos vitales como hígado, corazón y pulmón, existe el concepto de “Urgencia Cero” o pacientes en “riesgo vital”, situación en la que un paciente, sin recibir el trasplante en corto plazo, probablemente fallecería. Este estado, no presente en riñón y páncreas, implica prioridad nacional, ofreciendo al paciente todos los órganos compatibles que surjan en España, considerando grupo sanguíneo, tamaño y otras características relevantes. Por la elevada cantidad de donaciones en el país (entre 7 y 8 diarias en promedio), las probabilidades de trasplante para estos pacientes son elevadas, mayores incluso que para pacientes no urgentes, por lo que los criterios para su inclusión son estrictos. A pesar de ello, la gravedad de algunos casos provoca que, lamentablemente, algunos mueran en lista de espera.

La situación de urgencia cero, que antes de la ONT en los años ochenta solía aparecer en los noticieros demandando “un órgano” para casos específicos, no es nada excepcional. En 2025 se registraron 351 casos de urgencia para todos los órganos, es decir, aproximadamente uno diario, y la mayoría se resuelven favorablemente. En todas estas situaciones, el órgano se asigna específicamente al paciente en urgencia.

Para pacientes no urgentes, existen criterios basados en compatibilidad de grupo sanguíneo, tamaño de donante y receptor, factores inmunológicos, gravedad y otras variables relevantes para cada caso, siendo el equipo de trasplante quien finalmente decide el receptor más adecuado. Los órganos donados en un hospital determinado, salvo en situaciones de urgencia que tienen preferencia, se asignan siguiendo un sistema escalonado: primero al hospital donante, luego a otros de su ciudad -> comunidad autónoma -> zona de trasplante -> España -> Europa (sólo si no existe receptor nacional), buscando siempre al paciente más adecuado.

Así, este sistema involucra a numerosas personas y se basa en reglas claras, lo que minimiza la posibilidad de fraude al no depender de un individuo ni de un algoritmo informático, como sucedió en países como Alemania, donde escándalos por manipulación del proceso generaron una pérdida generalizada de confianza y un declive en las donaciones que nunca se recuperó.

En el caso del riñón, la asignación para trasplante estándar se realiza a nivel hospitalario o autonómico, principalmente según la compatibilidad inmunológica, con programas nacionales de intercambio para pacientes hiperinmunizados imposibles de trasplantar localmente, priorización infantil, trasplantes combinados (hígado-riñón, corazón-riñón, etc.) y trasplantes cruzados. El páncreas se suele trasplantar junto al riñón en pacientes diabéticos con insuficiencia renal.

En cada caso se busca maximizar la compatibilidad donante-receptor (lo que a veces exige desplazamientos considerables), minimizar el tiempo entre extracción y trasplante del órgano y reducir costos económicos (lo cual favorece el uso local). Esto representa una verdadera cuadratura del círculo y requiere la coordinación de numerosos actores, posible sólo dentro de un sistema muy bien organizado y con colaboración abierta y constante entre comunidades y equipos de trasplante bajo el liderazgo de la ONT. No fue sencillo lograrlo, pero hoy está consolidado con intención de perdurar, siempre que la política no intente desmantelarlo.

Gracias a este modelo de distribución, el intercambio de órganos entre comunidades se mantiene estable a lo largo del tiempo, representando entre el 23 y 25% del total de trasplantes, es decir, uno de cada cuatro órganos trasplantados en España proviene de otra comunidad. Algunas comunidades, como Madrid, Cataluña y Cantabria, reciben habitualmente más órganos de los que envían porque cuentan con más centros de referencia, atienden pacientes de otras regiones y realizan trasplantes de órganos y enfermos “difíciles” que otros no aceptan fácilmente. Al final, ninguna comunidad lograría individualmente los resultados cuantitativos y cualitativos que se obtienen actuando todas unidas.

Scroll al inicio