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La harían coincidir con el espíritu del Jubileo de la Iglesia · Los militares pretenden que se unifiquen las causas abiertas en el país por la verdad histórica · Y que el «mea culpa» los reconcilie con la sociedad civil

SERGIO RUBIN.

El espíritu del Jubileo de 2000 que está celebrando la Iglesia Católica, caracterizado por el reconocimiento de los errores y el consecuente pedido de perdón, podría venirles como anillo al dedo a las Fuerzas Armadas. En la cúpula castrense comenzó a analizarse la posibilidad de que, al igual que el papa Juan Pablo II y el Episcopado argentino lo hicieron sobre la actuación de la Iglesia a lo largo de la historia, los militares también hagan un mea culpa acerca de la represión que encararon durante la última dictadura.

Los jefes militares pretenderían a cambio un gesto del Poder Judicial: la centralización en un solo tribunal —la Sala IV de la Cámara de Casación, que se ocupa de los asuntos castrenses— de los llamados «juicios por la verdad», en los que se investiga el destino final de los desaparecidos. Con ello se buscaría evitar el desfile de militares por distintos juzgados del país.

Fuentes de la Iglesia le atribuyen al titular del Ejército ser el alma mater de la idea. El teniente general Ricardo Brinzoni no piensa hacer algo similar a lo de su antecesor, Martín Balza. Para las Fuerzas Armadas aquella autocrítica de Balza fue vivida más como una cuestión personal que institucional. «Una autocrítica institucional es el producto de un gran debate interno y eso no ocurrió con la actitud de Balza», dijeron a Clarín fuentes castrenses.

Precisamente esta estrategia fue la que Brinzoni le expuso, a grandes rasgos, al arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, durante la visita que le hizo hace dos meses junto con los jefes de las otras fuerzas y el titular del Estado Mayor Conjunto. Clarín anticipó la semana pasada que durante el encuentro los militares sondearon a Bergoglio sobre la factibilidad de que la Iglesia acompañara una «mesa de diálogo» sobre los años de plomo.

Los informantes admitieron que las secuelas de la represión habían sido planteadas «muy genéricamente» por los militares en la reunión. Puntualizaron, empero, que Bergoglio se limitó a decirles que una cuestión como esa era de competencia de la Conferencia Episcopal, que tiene jurisdicción nacional y no de la curia porteña.

En rigor, Clarín pudo saber que Brinzoni planteó originalmente su idea al nuncio apostólico, monseñor Santos Abril y Castelló. Pero el representante papal también tomó rápida distancia. Le aclaró al jefe militar que el análisis de una iniciativa para revisar el pasado violento le correspondía a los obispos argentinos y no a un diplomático extranjero como es él. «Sería una intromisión en la vida de la Iglesia argentina», argumentó el nuncio.

Lo curioso es que voceros de la Conferencia Episcopal, que preside monseñor Estanislao Karlic, aseguran que no recibieron hasta ahora ninguna propuesta de las Fuerzas Armadas. Aclararon que los obispos «hace tiempo que están muy preocupados porque no se avanza en el camino de la reconciliación nacional». Admiten —aunque sin dar precisiones— que vienen teniendo contactos con diversos sectores para estudiar el asunto.

A su vez, los militares creen que es clave el acompañamiento de la Iglesia. Confían, además, en la ayuda del ministro de Justicia, Ricardo Gil Lavedra, para lograr al menos la unificación de causas. Ya la Corte pidió a la Cámara de Bahía Blanca que le envíe a la Cámara de Casación la causa en la que ordenó la detención de militares que se negaron a declarar.

A la hora de pensar una fecha para la autocrítica, se barajó inicialmente el 18 o 19 de noviembre, días en los que Juan Pablo II presidirá en Roma el Jubileo de los militares. Pero esas fechas fueron rápidamente descartadas porque están demasiado alejadas de las urgencias políticas de las Fuerzas Armadas. «Sería demasiado tarde», se escuchó en medios militares.

De todas formas, el presidente Fernando de la Rúa ya firmó el decreto disponiendo que 20 militares viajen al Jubileo. Para entonces, la cúpula castrense espera que la investigación del destino final de los desaparecidos haya quedado muy acotada. Y que su eventual autocrítica sirva para reconciliar, al menos parcialmente, a los militares con la sociedad civil.

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