
La actividad humana está causando daños a nuestro planeta, no solo en tierra firme, sino también en el medio acuático. La constante actividad industrial y comercial está afectando negativamente a estos ecosistemas, provocando cambios en la fauna y flora que podrían resultar irreversibles y perjudiciales a largo plazo.
Esta situación ha motivado que instituciones y científicos busquen soluciones para minimizar el impacto humano en estos entornos naturales, y al mismo tiempo, intenten eliminar los residuos que con los años se han acumulado en el fondo marino.
Sin embargo, para lograr esto último, los investigadores han tenido que superar el desafío que implica retirar los residuos del fondo del mar, debido a la dificultad para extraerlos. Frecuentemente, estos desechos consisten en basura y materiales pesados que no son sencillos de extraer, lo que provoca que terminen degradándose bajo el agua y contaminando el entorno.
El principal reto radica en el proceso de extracción, ya que existen varios obstáculos logísticos. Entre ellos, el peso de los materiales a extraer, la gran cantidad de residuos presentes y que en múltiples casos las zonas son de difícil acceso, lo que requiere una importante inversión en recursos, barcos de apoyo y una planificación cuidadosa, para evitar además alterar la biodiversidad durante la operación.
No obstante, desde la Unión Europea se busca solucionar estos problemas, y a través del proyecto SeaClear 2.0 se espera superar estas dificultades. Este plan se basa en que robots sean los protagonistas encargados de limpiar los desechos en el fondo marino, mediante un sistema coordinado de vehículos no tripulados que operan en el aire, la superficie y bajo el agua.
Con vuelos programados, estos drones localizarán las áreas y reconocerán lugares donde los residuos se han acumulado debido a las corrientes. Allí se enviará un buque sin tripulación controlado vía satélite, desde el cual se desplegarán robots de limpieza que se sumergirán hasta el fondo marino.
Estos robots son los responsables de la recolección submarina; equipados con cámaras, luces potentes y sensores acústicos, se orientan en la oscuridad del fondo marino. Una vez localizan la chatarra hundida, la recogen con unas tenazas potentes que levantan los residuos y los elevan a la superficie para depositarlos en las cajas colectoras instaladas en el barco.
Actualmente, se trata de un proyecto en fase de prueba, pero este sistema ha mostrado capacidad para levantar objetos de hasta 250 kilos con variadas formas y materiales, incluyendo ruedas industriales, electrodomésticos o piezas de antiguas embarcaciones hundidas. El objetivo es que esta iniciativa esté operativa antes de 2030.

