China apoya el rechazo de Sánchez a la guerra: señala la firmeza de España frente a la presión militar de EEUU

En China, valoran este gesto como una muestra de autonomía y desafío de Sánchez hacia Washington. La cuarta visita a China reafirma el acercamiento de España hacia Xi Jinping en un escenario de creciente tensión geopolítica.

Retransmisión de un discurso de Sánchez en la televisión china.

Pedro Sánchez ha realizado cuatro visitas a China en los últimos cuatro años: marzo de 2023, septiembre de 2024, abril de 2025 y abril de 2026. Ningún otro líder europeo ha visitado el gigante asiático con tanta frecuencia en ese período. En un contexto donde los apretones de manos con Xi Jinping tienen tanto peso como las palabras, esta repetición no se considera un acto rutinario, sino una demostración de afinidad política. ¿Cuál es la percepción en Pekín sobre este más reciente acercamiento del líder socialista?

«Es un paso lógico que evidencia el sólido compromiso del Gobierno de Sánchez con sus vínculos con China», resalta Jian Junbo, director del Centro de Relaciones China-Europa del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Fudan. Por su parte, Cui Hongjian, académico de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, añade: «Como uno de los pocos estados europeos relevantes con un gobierno de izquierdas que ha mantenido estabilidad relativa, España ha demostrado una mayor inclinación hacia la cooperación y el diálogo».

Este marco, reiterado en círculos académicos y amplificado por los medios estatales, conecta con un discurso más amplio que Xi ha promovido durante años: la idea de una Europa que persigue «autonomía estratégica» frente a Estados Unidos. En este contexto, España se posiciona cada vez más como un aliado útil, no tanto por su peso económico, que es sustancialmente inferior al de Alemania o Francia, sino por su mayor disposición a explorar márgenes propios dentro del bloque occidental.

Justamente aquí cobra relevancia el aspecto que ha captado más atención en esta cuarta visita del presidente español: el «no a la guerra» de Sánchez, interpretado desde la óptica china como una corrección directa a la política exterior agresiva de Donald Trump.

Más allá de los acuerdos oficiales enfocados en la energía verde o la colaboración tecnológica, en Pekín se ha resaltado la negativa española a permitir que sus bases militares sean utilizadas para operaciones estadounidenses contra Irán. «En un periodo en que Europa lucha por mayor autonomía en su relación con EEUU, España ha emergido como una de las voces más críticas hacia políticas estadounidenses que se consideran dañinas para los intereses europeos», subraya Cui.

«La postura de Sánchez no solo representa un compromiso con los principios de paz, sino que también refleja la resistencia de España a dejarse arrastrar por los intereses bélicos de EEUU y su esfuerzo por sostener una diplomacia independiente. Sánchez se ha posicionado como un firme defensor de la dignidad nacional«, afirma una publicación en Lianhe Zaobao, periódico popular en mandarín con amplia circulación en varios países asiáticos. El texto sostiene que Sánchez sigue una estrategia diplomática «independiente y pragmática», diferenciándose del bloque occidental al rechazar presiones para «alinearse con China».

Percibido como el opuesto a Trump

El Beijing Daily, medio vinculado al Partido Comunista, fue más allá al destacar la «valentía» del líder español. «La actitud de España constituye un recordatorio para otros aliados estadounidenses: defender la paz y el orden internacional no puede limitarse a la retórica», señalaba.

En la narrativa oficial, Sánchez se presenta como un contrapunto frente al liderazgo caótico estadounidense dentro del mundo occidental. Además, este enfoque ha tenido gran repercusión en redes sociales, donde circulan numerosos videos de discursos del presidente español con subtítulos.

Expertos destacados como Zhu Rui, del Centro de Estudios Hispánicos de la Academia China de Ciencias Sociales, también han aparecido en televisión estatal para contextualizar, explicando que la posición antibelicista de España tiene raíces en las protestas masivas de 2003 contra la guerra de Irak y en los atentados del 11-M. «Sánchez ha dejado claro que España no repetirá los errores del pasado ni asumirá el costo de aventuras militares unilaterales imprudentes», comentó Zhu en un programa especial sobre el conflicto en Oriente Próximo.

La actual sintonía entre Madrid y Pekín posee antecedentes más profundos que la firme postura de Sánchez contra la guerra impulsada por Trump. El Gobierno español opta por atraer inversión china en sectores estratégicos y fortalecer la cooperación en energías renovables. En este proceso, que incluso ha adquirido un componente político, ha desempeñado un papel discreto pero constante el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien se ha convertido en un interlocutor habitual con las autoridades chinas y defensor de un vínculo más cercano.

Aunque el socialista, durante sus frecuentes viajes a China, actúa en parte como asesor de empresas chinas, su figura, siempre bien valorada en Pekín, ha servido como puente informal entre ambos Gobiernos en momentos claves de las relaciones entre China y la Unión Europea.

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