Donde nada ha sido oído, visto o tocado, se abre la huella de un nuevo camino al viejo océano reflejando el cielo en sus aguas azules
y el sol contemplado por el misterio.
El espacio abierto trazado en una línea con una solitaria edificación, toque grotesco de irrealidad
derruida en una bóveda celeste que da paso a la vida.
Seres furtivos que caminan en el subsuelo, extraños permanecen ahí, donde la oculta erudición del viejo océano
se funde con el misterio de la primitiva tierra.
