El conjunto blanco, sin opciones en La Liga, pone todas sus esperanzas en un solo objetivo: la Champions League, que exige una remontada histórica el próximo miércoles.
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Durante una semana, el Bernabéu ha sido testigo de un sufrimiento constante. En primer lugar, el Bayern Múnich regresó de Madrid con una victoria (1-2) en el partido de ida de los cuartos de final de la Champions League. Posteriormente, tres días más tarde, el Girona logró un empate (1-1) que se percibe como una derrota, especialmente en una Liga en la que el Barcelona ha alcanzado una ventaja de nueve puntos.
El Real Madrid dirigido por Álvaro Arbeloa acumula ya tres encuentros seguidos sin conseguir la victoria, incluyendo la derrota anterior en Son Moix (2-1), y se aproxima a un umbral peligroso que no tocaba desde octubre de 2018, durante la etapa complicada de Julen Lopetegui.
Todo apunta a una fecha clave: el miércoles 15 de abril en el Allianz Arena. Si el equipo no logra vencer al Bayern en el partido de vuelta, igualará por primera vez en casi ocho años la marca de cuatro partidos consecutivos sin ganar. Una temporada que ya sufrió la pérdida de la Copa del Rey y la Supercopa podría desmoronarse en una sola noche en territorio alemán.
Tres golpes en siete días
La secuencia de sucesos en los últimos siete días ha sido tan impactante en su análisis como en la experiencia vivida. El sábado 4 de abril, el Mallorca sentenció las esperanzas madridistas en el minuto 91 con un gol de Muriqi que anuló el empate tardío de Militao. Este tanto en el añadido dejó al Madrid a siete puntos del Barcelona, con ocho jornadas aún por disputarse.
Cuatro días más tarde, apareció el Bayern. Luis Díaz y Harry Kane aprovecharon dos errores en la salida de balón para anotar dos goles que sentenciaron una noche en la que Manuel Neuer fue la figura principal, bloqueando una y otra vez las intentonas de Mbappé y Vinícius. Aunque Mbappé recortó distancias en el minuto 74, manteniendo vivas las opciones matemáticas, el Bernabéu era consciente de que se había presenciado algo más que una derrota puntual.
El viernes, frente al Girona, el equipo necesitaba una victoria para llegar a Múnich con confianza. Fede Valverde abrió el marcador con un disparo potente desde fuera del área, pero Thomas Lemar igualó pocos minutos después con un tanto que selló el 1-1 definitivo.
Al igual que toda la afición madridista, Arbeloa terminó indignado por una acción de penalti sobre Mbappé que el VAR no sancionó: «Para mí, ese penalti es claro tanto aquí como en la Luna», manifestó el entrenador. El empate, con sus controversias y oportunidades falladas, reflejó la impotencia de un equipo que se bloquea en los momentos decisivos.
El fantasma de Lopetegui
Los números remiten inevitablemente al otoño de 2018. En aquel entonces, el Real Madrid bajo la dirección de Julen Lopetegui encadenó cinco partidos sin ganar: perdió en Sevilla, empató frente al Atlético, cayó en Moscú contra el CSKA, perdió en Vitoria ante el Alavés y, ya en el Bernabéu, fue superado por el Levante.
Esta racha también estableció un récord de 481 minutos sin marcar, demostrando la gravedad del colapso colectivo. Lopetegui fue destituido el 29 de octubre, apenas una semana después de que la mala racha finalizara, incapaz de superar el 5-1 encajado en el Clásico.
Julen Lopetegui, en el banquillo del Real Madrid Agencia EFE
Aunque la comparación entre aquella situación y la actual no es exacta —puesto que el club de hoy dispone de más recursos y la racha no ha alcanzado aún tales extremos—, el ambiente que rodea al equipo recuerda a aquellos momentos de confusión táctica y colapso colectivo.
En las últimas dos temporadas, el Real Madrid ha perdido un preocupante 22,6% de sus encuentros, cifra que aumenta al 31,5% en los últimos 19 partidos bajo la dirección desde enero.
Arbeloa: confianza y presión en igualdad
Álvaro Arbeloa accedió al banquillo del primer equipo como una solución provisional y ha estado al mando durante meses en plena tormenta. Tras la derrota frente al Bayern, se presentó en rueda de prensa con un mensaje que conjugaba autocrítica y firmeza:
«Cometimos dos errores, dos pérdidas que debían evitarse; teníamos que mantener una defensa más cerrada. Si fallas en esos aspectos, lo pagas. Anotamos un gol que nos da esperanza. No será sencillo, pero si hay un equipo capaz de ganar en Múnich, ese es el Real Madrid».
Esa confianza se sustenta en la historia. El conjunto blanco ha protagonizado algunas de las remontadas más inesperadas del fútbol europeo, y los jugadores han transmitido a su entrenador que saldrán a ganar en el Allianz Arena. «Lo primero que me han dicho es que vamos a ganar allí. Somos el Real Madrid, no hay miedo, conocemos la dificultad y el contexto y vamos a ir a por todas», agregó Arbeloa.
Álvaro Arbeloa durante el partido de Champions frente al Bayern
Tras el empate frente al Girona, el discurso mantuvo coherencia con esta postura: «Esto es el Real Madrid y hay que luchar hasta el último instante».
El problema es que la confianza por sí sola no basta cuando este Madrid ha exhibido sus limitaciones ante rivales de alto nivel incluso antes de la llegada de Arbeloa, mostrando fallos en el juego colectivo frente a equipos compactos y cuando la diferencia entre la fortuna y el éxito es tan frágil como un penalti no señalado.
Una temporada al borde del precipicio
El panorama que enfrenta al Madrid resulta especialmente duro para el club más laureado de Europa. En Liga, el Barcelona lidera con nueve puntos de ventaja restando siete jornadas, tras imponerse este sábado al Espanyol, dejando prácticamente fuera del alcance blanco el título.
En la Champions, el equipo debe vencer en uno de los estadios más complicados de Europa ante un Bayern que contará con ventaja, confianza y el apoyo de su afición. El 22,6% de derrotas acumuladas en dos temporadas describe una tendencia que excede lo anecdótico.
El miércoles en Múnich no será solo un partido de vuelta de cuartos de final; será la línea que separa una posible resurrección de la confirmación de la peor racha del Madrid en casi ocho años. O milagro, o abismo.

