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- Autor, Paul Adams
- Título del autor, Corresponsal diplomático, BBC News
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Poco antes de la fecha límite que él mismo estableció —y frente a la amenaza inédita de destruir la «civilización» de Irán— el presidente estadounidense Donald Trump comunicó un alto el fuego de dos semanas para detener el conflicto.
El intermediario, Pakistán, será sede en Islamabad de las negociaciones entre representantes de Estados Unidos e Irán, con posibilidad de iniciar diálogos desde el viernes.
No obstante, numerosos puntos permanecen abiertos, comenzando con los fundamentos mismos de las conversaciones.
En una publicación en Truth Social, Trump indicó que Estados Unidos había recibido una propuesta iraní de 10 puntos, a la que calificó como «una base válida para negociar».
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, también mencionó la sugerencia estadounidense de 15 puntos que, según altos negociadores de Trump, podría poner fin al conflicto.
Ninguna de las propuestas se ha presentado oficialmente, aunque filtraciones y publicaciones han revelado versiones de ambas, que parecen diferir significativamente en sus expectativas.
A la incertidumbre contribuye la rotunda negación de la Casa Blanca respecto a que el plan iraní difundido en medios sea el «marco de trabajo» que han recibido las autoridades estadounidenses.
“Muchos detalles aún no están completamente claros”, declaró a la BBC Anwar Gargash, asesor diplomático sénior del presidente de Emiratos Árabes Unidos.
“Existen declaraciones contradictorias provenientes de Irán, Washington y del mediador pakistaní”, agregó.
“Por consiguiente, es necesario reconciliar estas discrepancias y determinar con precisión cuál será el camino a seguir”.
¿Cuáles son algunos de los temas clave en esta negociación?
1. El programa nuclear iraní
La acusación de que Irán estaba acelerando el desarrollo de armas nucleares ha sido citada frecuentemente por Washington como el motivo principal para la guerra, a pesar de las repetidas negaciones de Teherán.
Al menos de manera pública, funcionarios estadounidenses parecen convencidos de que los daños infligidos durante los 12 días de guerra el año pasado y los ataques militares actuales por parte de Estados Unidos e Israel han retrasado significativamente cualquier reconstrucción del programa nuclear iraní que suponga un riesgo.
No obstante, persisten dudas sobre qué ocurrió con cerca de 440 kg de uranio altamente enriquecido que Irán todavía posee.
Se cree que este uranio, al que Trump suele referirse como «polvo», está enterrado bajo los escombros del Centro de Investigación y Tecnología Nuclear en Isfahán tras los ataques que sufrieron las instalaciones el año pasado.
«Este material está profundamente enterrado y custodiado las 24 horas», afirmó a los periodistas el secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, el miércoles.
“No habrá armas nucleares iraníes. Punto final”, concluyó.
Irán sostiene que cualquier acuerdo futuro debe reconocer su derecho a enriquecer uranio para fines civiles, conforme al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).
Omán, que actuaba como mediador entre las partes antes del estallido de la guerra, aseguró que existe un acuerdo posible sobre la mesa.
¿Aceptará Estados Unidos la posibilidad de que Irán mantenga algún tipo de enriquecimiento?
Se informa que el plan de 15 puntos del presidente Trump incluye demandas clave para que Irán desmantele sus principales instalaciones nucleares, detenga el enriquecimiento de uranio en su territorio, traslade sus reservas de uranio enriquecido fuera del país y consienta inspecciones internacionales exhaustivas.
Al ser consultado directamente, Pete Hegseth se limitó a afirmar que Irán “nunca tendrá armas nucleares ni capacidad para desarrollarlas”.
Esta última respuesta difiere en matices.

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2. Misiles y drones de Irán
En este ámbito, el plan de 15 puntos es claro. Irán debe paralizar el desarrollo de misiles balísticos, frenar la producción de proyectiles de largo alcance y cesar la transferencia de drones y exportaciones militares a sus representantes y aliados en Medio Oriente.
Washington justificó en parte el inicio de la guerra afirmando que el avanzado programa misilístico iraní le brindaba un paraguas protector que permitía la continuidad de su programa nuclear.
El Pentágono considera que esa protección está en gran medida destruida.
El general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., sostiene que el 80% de las instalaciones misilísticas iraníes, el 80% de su defensa aérea y el 90% de sus fábricas de armas han sido destruidas.
Irán había rechazado previamente discutir límites para su programa de misiles balísticos.
Ahora las circunstancias han cambiado y queda por ver si Teherán acepta restricciones en sus programas de misilística y drones como parte de un acuerdo con Estados Unidos a largo plazo.
3. El estrecho de Ormuz
Entre los logros más destacados de Irán, aparte de la supervivencia del régimen de la República Islámica, está su capacidad para controlar el tránsito naval en una de las rutas marítimas más relevantes a nivel global.
La aparente disposición iraní para reabrir el estrecho de Ormuz indica que ciertas presiones que han afectado a la economía mundial en el último mes podrían comenzar a aliviarse.
El canciller iraní Araghchi aseguró que el paso seguro será posible durante las próximas dos semanas, coordinado con las fuerzas armadas iraníes y considerando, según explicó, las limitaciones técnicas.
Desde el inicio del conflicto, Irán ha anunciado su intención de establecer nuevas reglas para el tráfico marítimo en el estrecho.
Algunos medios apuntan que el plan de Teherán contempla cobrar peajes de hasta US$2 millones por buque, cuyos ingresos se repartirían entre Irán y Omán, los dos países ribereños del estrecho de Ormuz.
Para los estados del golfo Pérsico, que transportan hidrocarburos valiosos a través de la vía, esta propuesta resulta inaceptable.
“Es completamente inaceptable”, declaró Anwar Gargash a la BBC, calificándolo como un precedente peligroso para otras zonas estratégicas del mundo.
“Creo que esto resultará muy peligroso. No creo que finalmente prospere”.
Donald Trump no parece haber descartado la posibilidad de que Teherán cobre peajes, e incluso sugirió a ABC News la idea de que Estados Unidos e Irán podrían administrar conjuntamente el estrecho.
Funcionarios gubernamentales insisten en que, dado que Estados Unidos depende poco del petróleo del golfo Pérsico, otros países deberían liderar una solución para el problema del estrecho de Ormuz.
La semana pasada, Reino Unido organizó conversaciones con más de 40 naciones para desbloquear el paso, y todos coincidieron en que primero debe culminar la guerra.
Con un margen de dos semanas para el alto el fuego, esas discusiones podrían avanzar.
“Seguiremos trabajando con los sectores marítimo, de seguros y energético”, anunció la secretaria de Asuntos Exteriores británica, Yvette Cooper, celebrando el alto el fuego.
4. ¿Forma parte Líbano del acuerdo de alto el fuego?

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En el anuncio de la pausa en los combates en redes sociales, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, afirmó que Estados Unidos y sus aliados “acordaron un alto el fuego inmediato en todos los frentes, incluyendo Líbano y otros lugares”.
Irán exige la suspensión de hostilidades en todos los frentes, “incluso contra la resistencia de Líbano”, aludiendo a su aliado chiita Hezbolá.
Sin embargo, esta postura no es compartida por Israel.
En su comunicado, el gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue tajante.
“El alto el fuego de dos semanas”, declaró, “no incluye a Líbano”.
Con numerosos soldados israelíes operando en Líbano y el ministro de Defensa, Israel Katz, expresando la intención de destruir aldeas fronterizas con la misma crudeza vista en Gaza, no hay indicios de que ese frente vaya a silenciarse.
Por ahora, Donald Trump parece coincidir con el gobierno israelí.
Líbano no forma parte del alto el fuego “por culpa de Hezbolá”, indicó Trump a Liz Landers, de PBS, añadiendo que la guerra en Líbano es “una escaramuza aparte”.
5. La retórica de Trump
El estilo disruptivo de liderazgo de Donald Trump y su comportamiento altamente impredecible forman parte de su modus operandi.
Sus seguidores valoran la “teoría del loco” por su capacidad para desconcertar a sus adversarios y lograr resultados antes impensados.
Aunque mediante amenazas de destrucción pudo lograr un alto el fuego, la guerra con Irán ha puesto a prueba este enfoque singular.
Desde objetivos cambiantes hasta advertencias apocalípticas, el conflicto ha amenazado con debilitar su autoridad más que fortalecerla.
El presidente ha demostrado que puede iniciar una guerra, pero ¿posee ahora el temperamento necesario para concluirla?

