Impacto de las crisis políticas en Perú y el fin de su crecimiento económico sostenido bajo una «economía zombi»

Dos operarios con cascos. Tras ellos ondea una bandera peruana.

Fuente de la imagen, Ernesto Benavides / Getty

    • Autor, Guillermo D. Olmo
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Perú ha sido durante mucho tiempo un ejemplo destacado en la gestión macroeconómica.

A pesar de la constante inestabilidad política y las frecuentes rotaciones presidenciales en los últimos años, el país ha logrado conservar unas finanzas públicas saludables, captar inversiones extranjeras sustanciales, continuar con su crecimiento y proteger el valor de su moneda.

La aparente resistencia de su economía frente a las fluctuaciones políticas es admirada y objeto de envidia en otros países latinoamericanos afectados por crisis financieras, además de haber consolidado el relato de éxito que Perú comenzó a construir a inicios del siglo, tras superar una profunda crisis gracias a reformas económicas rigurosas, estableciendo las bases para décadas de crecimiento del PIB.

No obstante, los expertos resaltan que, pese a indicadores favorables, la población peruana sí sufre consecuencias por la inestabilidad política y la sucesión constante de gobiernos.

«La idea de que la política y la economía peruanas funcionan por separado es solo parcialmente cierta. Hay un punto en que la economía sí se ve impactada por la política», afirma a BBC Mundo Armando Mendoza, economista del Centro Peruano de Estudios Sociales.

Según su análisis, Perú posee desde hace tiempo «una economía que opera en piloto automático, en modo zombi».

Con la elección del nuevo presidente y Congreso este domingo, examinamos las repercusiones que ha tenido la turbulencia política reciente para los ciudadanos peruanos.

Fundamentos de la fortaleza

La economía de Perú posee ciertos cimientos estructurales que han favorecido su desarrollo a lo largo del tiempo.

Se trata de una economía abierta donde, especialmente en los últimos años, los inversores han encontrado en general garantías jurídicas para realizar inversiones.

Un hombre descarga dos bombonas de gas de un camión.

Fuente de la imagen, Ernesto Benavides / Getty

A diferencia de otros países de la región acostumbrados a dificultades financieras, Perú cuenta con una moneda, el sol, que se posiciona como una de las más estables de América Latina.

Un elemento clave ha sido la administración del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que goza de autonomía constitucional y ha evitado interferencias políticas; su gestión técnica es reconocida por expertos como una base fundamental para la estabilidad macroeconómica del país.

Una «oportunidad desaprovechada»

Durante las primeras dos décadas del siglo, el Producto Interno Bruto de Perú creció en torno al 4% anual, superando en algunos años un crecimiento interanual del 10%.

Sin embargo, desde 2018, cuando Pedro Pablo Kuczynski renunció a la presidencia y comenzó la vertiginosa sucesión de mandatarios que suman ocho desde entonces, el ritmo económico se ha ido desacelerando.

Exceptuando los años afectados por la pandemia, el país ha experimentado un crecimiento promedio del 2,3% desde 2022, un ritmo que, según expertos, queda por debajo de su potencial real.

«La economía peruana continúa creciendo, pero con un costo de oportunidad. Si las políticas fueran sostenidas, no estaríamos en un crecimiento del 3%; probablemente alcanzaríamos tasas de entre 5 y 6%», apunta Mendoza.

De forma similar, Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía y miembro del directorio del BCRP, comentó a BBC Mundo que Perú debería haberse beneficiado más de los precios elevados actuales del oro y el cobre, dos de sus principales exportaciones.

«Con los precios internacionales actuales y la estabilidad macroeconómica que mantenemos, no hay razón para que no pudiéramos crecer por encima del 4,5% si tuviéramos gobiernos medianamente previsibles y competentes».

Esto explica que, aunque el país haya retomado temporadas de crecimiento económico, este resultado ha sido inferior al esperado y no ha logrado recuperar completamente los niveles previos a la pandemia en términos de pobreza (20% en 2019 contra 27,6% en 2024) ni de empleo formal.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el ingreso formal real no volvió a niveles de 2019 hasta 2024.

El ejemplo más palpable del costo que los peruanos pagan por la inestabilidad política ocurrió en 2023, cuando Pedro Castillo fue destituido y encarcelado por intento de golpe de Estado, desencadenando protestas a nivel nacional.

En ese año la economía registró una contracción del 0,55%. «Fue un período en que claramente el desorden político afectó el desempeño económico», comenta Mendoza.

Dos personas gritan junto a una valla colocada por la Policía en el centro de Lima.

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El costo del «carrusel político»

Mendoza señala que, al entrar Perú en el «carrusel político» de los últimos años, «se volvió imposible mantener una política económica estable».

Macera recuerda que «los presidentes en promedio no han permanecido más de dos años en el cargo». El mandatario actual, José María Balcázar, fue designado por el Congreso el 18 de febrero para reemplazar a José Jerí, quien fue destituido tras poco más de cuatro meses en el puesto.

En cuanto a los ministros, su permanencia es aún menor. «De media, un ministro de Economía dura actualmente entre 7 y 8 meses», afirma Macera.

«Esta volatilidad dificulta considerablemente la implementación de políticas de Estado coherentes y representa un problema para que los sectores privados tengan claridad sobre sus interlocutores en los ministerios», añade.

El presidente de Perú, José María Balcázar, con la banda presidencial.

Fuente de la imagen, Jorge Cerdán / Getty

Para sectores que requieren inversiones de gran escala y planificación a largo plazo, como la minería —uno de los pilares económicos del país— contar con certezas sobre las políticas a seguir es fundamental a la hora de tomar decisiones e invertir.

«¿Cómo se puede planificar cuando los ministros y sus equipos varían cada pocos meses?», plantea Macera.

Este año, la incertidumbre se intensifica por la coincidencia del ciclo electoral: elecciones generales (para presidente y Congreso), junto a las regionales y locales, en las que se elegirán alcaldes y gobernadores.

Dada la insatisfacción reflejada en las encuestas, es probable que la mayoría de gobernantes actuales sean reemplazados.

Todas las encuestas indican que la corrupción es percibida por los peruanos como uno de los problemas principales del país.

En los últimos años, la vida política peruana ha estado marcada por escándalos que han provocado la destitución de casi todos los últimos presidentes.

Mendoza lamenta que «sectores significativos del Estado hayan sido capturados y saqueados por mafias»: «La corrupción ya no es solo la tradicional, sino que está vinculada al crimen común».

Estas actividades ilícitas tienen repercusiones también en la economía.

Según Macera, «existe una amplia agenda pendiente para combatir la minería ilegal, ya que estimamos que el año pasado hubo alrededor de US$11.500 millones en exportaciones ilegales de oro, cifra similar a las exportaciones totales de la agroindustria peruana en 2014».

Perspectivas futuras

Las previsiones económicas dependen hoy en gran medida de la evolución del conflicto en Medio Oriente, que ya ha generado un aumento en el precio del petróleo y podría ocasionar una recesión global si se prolonga.

El Banco Central prevé un crecimiento del PIB peruano del 2,9% para 2026, un dato positivo que, si se cumple, ubicaría a Perú como la segunda economía con mayor crecimiento en la región; sin embargo, este escenario podría cambiar si el conflicto se alarga.

Perú continúa beneficiándose de los elevados precios de los metales, la estabilidad de su moneda y la fortaleza de sus cuentas públicas, con expectativas de que la inversión y el empleo formal aumenten.

Un hombre empuja un carro cargado con sacos en una concurrida calle de Lima.

Fuente de la imagen, Getty Images

Este año también está prevista la renovación del directorio del Banco Central, otro factor clave por definirse.

«El Banco goza de gran independencia en sus funciones, pero la selección de sus directores dependerá del nuevo presidente y del nuevo Congreso», señala Macera.

Se espera que haya acuerdo para que Julio Velarde continúe como presidente del BCRP, tras 20 años al frente, siendo ampliamente considerado como uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica peruana.

No obstante, como ocurre con casi todo en este año electoral, esta decisión aún está abierta en Perú.

Los gobernantes que emerjan de las elecciones tendrán la tarea de lograr que la economía deje su «modo zombi» y funcione plenamente para fomentar la cohesión social y el avance de la población peruana.

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