Las madres que expresan arrepentimiento y se sienten atrapadas en su maternidad

una mujer se toca la frente con la mano. Tiene rostro preocupado. Al fondo se ve la cabeza de un bebé de espaldas.

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    • Autor, Kirstie Brewer
    • Título del autor, BBC News
  • 28 minutos
  • Tiempo de lectura: 8 min

Carmen siente un amor profundo por su hijo de 10 años, aunque asegura que si pudiera regresar el tiempo, nunca habría decidido ser madre.

«La maternidad me ha quitado la salud, el tiempo, el dinero, la energía y afectado mi cuerpo», señala. «El costo ha sido demasiado elevado y sus efectos son duraderos».

Esta docente, en sus cuarenta, forma parte de un grupo poco visible de mujeres que lamentan haber tenido hijos.

Se trata de un arrepentimiento que rara vez se manifiesta abiertamente.

Las entrevistadas pidieron mantener el anonimato por miedo a juicios severos y porque sus familias desconocen sus verdaderos sentimientos.

Hace algunos años, Carmen compartió sus dudas en un foro común de madres; aunque hubo quienes mostraron comprensión, otros reaccionaron como si fuera «una monstruo».

La intensa presión y el sacrificio que acarrea la maternidad se muestran en la película If I Had Legs I'd Kick You («Si tuviera piernas, te patearía»), nominada a un Oscar este año.

Rose Byrne interpreta visceralmente a una madre extenuada, que se siente aislada mientras lucha por cubrir las necesidades de su hija y conservar la estabilidad familiar.

Rose Byrne acostada en la arena con un rostro que evidencia agotamiento y desesperación en una escena del filme "If I Had Legs I'd Kick You"

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Carmen se siente reflejada en los temas que aborda la película.

«La maternidad es una tarea continua que debe hacerse incluso cuando no se quiere, ya que un niño depende totalmente de ti», comenta. «Se vive como una trampa de la cual no hay salida».

Ella es franca al describir lo «devastador» que ha sido para ella ser madre, aunque su voz muestra una alegría evidente al hablar de Teo, nombre ficticio de su hijo.

«Mi arrepentimiento no tiene nada que ver con Teo; es un niño increíble y encantador, a quien amo profundamente», afirma Carmen.

«Sin dudarlo, daría mi vida por él. Es amable, tranquilo y destacado en sus estudios».

No se trata de falta de amor

La psicoterapeuta Anna Mathur señala: «Cuando las mujeres se sienten seguras para hablar sobre el arrepentimiento materno, a menudo lo que afloran no son sentimientos de carencia de amor, sino más bien un vacío, agotamiento o una pérdida de identidad».

Para Carmen, quien se define como perfeccionista, la tarea de criar «a un buen ciudadano, una persona feliz y ética» representa una gran carga emocional.

Ella se comprometió a que Teo jamás experimentara la infancia solitaria y dolorosa que vivió.

Cuenta que creció en un ambiente pobre y disfuncional «donde la violencia era el lenguaje habitual» y nunca recibió cariño.

Al comienzo, describe la maternidad como «una etapa feliz». Teo dormía bien y ella disfrutó de sus días de licencia maternal atendiendo a su hijo.

Sin embargo, la situación cambió cuando su hijo presentó retrasos significativos en el desarrollo, y «cada instante se convirtió en un foco de vigilancia y preocupación constante».

«Sentía una culpa enorme», comenta, «y temía que su vida fuera una batalla continua».

Finalmente, no se confirmó ningún diagnóstico grave para Teo, quien está bien; no obstante, la tensión y el estrés le causaron a ella una enfermedad autoinmune.

Una madre abrazando a su hijo

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La socióloga israelí Orna Donath, autora del libro «Arrepentirse de la maternidad: Un estudio», critica la idea errónea de que el arrepentimiento maternal está vinculado a una crianza negligente o carente de afecto.

Donath entrevistó a 23 madres, quienes destacaron la diferencia entre lamentar la maternidad y el verdadero cariño hacia sus hijos.

Muchas se sentían desencantadas con la maternidad porque la realidad distaba mucho de la imagen ideal que la sociedad les había vendido.

«Lamento haber tenido hijos y convertirme en madre, pero adoro a mis hijos… No desearía que no estuvieran, simplemente no deseo continuar siendo madre», explicó una mujer con dos hijos adolescentes en el estudio.

Las demandas de la maternidad

Los datos escasos disponibles indican que este sentimiento no es infrecuente.

Una investigación en Polonia en 2023 estimó que entre el 5% y el 14% de las parejas se arrepienten de haber procreado y preferirían no hacerlo si pudieran retroceder.

Aunque las madres rara vez expresan abiertamente su arrepentimiento, encuentran respaldo en comunidades online.

Carmen descubrió que no era la única cuando se incorporó al grupo de Facebook «Me arrepiento de haber tenido hijos», que suma 96.000 miembros globalmente.

«La maternidad ofrece instantes valiosos, pero no compensan la libertad que podría haber disfrutado», dice una madre australiana con una hija de 5 años, integrante del grupo, en conversación con la BBC.

«Cuando estoy con mi hijo mantengo una máscara; sin embargo, al acostarlo y disponer de un breve espacio con mi esposo, la quito y prefiero estar sola».

Además, menciona dificultades económicas relacionadas con la maternidad y que sus metas personales —viajar, emprender, formar un portafolio de inversiones— quedaron en pausa.

«He perdido toda motivación salvo el esfuerzo por criar a una persona íntegra en este mundo complejo», expresa.

Una madre sentada en el piso cabizbaja. En el fondo de ve a un niño pequeño jugando.

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Otra mujer, residente en Reino Unido, comenta sentirse «menospreciada» cuando se asume que la infelicidad materna corresponde a depresión posparto.

«A la gente le resulta más cómodo etiquetarlo así; mis hijos ya son adultos y aún lamento la vida que no pude vivir.

Ahora me preocupo por el cuidado de mis futuros nietos; las responsabilidades de cuidado nunca terminan».

El grupo de Facebook «Me arrepiento de haber tenido hijos» fue creado en 2007 y sus contenidos provienen directamente de padres —mayormente mujeres— que envían sus relatos de manera privada para ser publicados de forma anónima.

Gianina, moderadora del grupo, de 44 años y científica en un laboratorio estadounidense, explica: «El propósito nunca ha sido avergonzar a los padres ni promover un estilo de vida particular».

«Se trata de registrar un fenómeno cultural que rara vez aparece en las conversaciones cotidianas».

«La comunidad es numerosa y activa porque muchas personas enfrentan en silencio emociones que les dijeron que no debían sentir».

Gianina tuvo dudas sobre la maternidad y asegura que leer las historias del foro influyó en su decisión de no tener hijos.

Margaret O'Connor, terapeuta irlandesa especializada en acompañar a personas a tomar la decisión de ser padres, destaca que las generaciones jóvenes abordan la paternidad y maternidad con una perspectiva distinta a la de generaciones previas.

«Hay una mayor conciencia de que ser padres es una elección», comenta O’Connor. «No debe ser algo automático».

«Atiendo mujeres entre 20 y 30 años que saben que quieren ser madres, pero están conscientes de los desafíos y buscan apoyo para enfrentarlos».

O'Connor señala que es complicado detectar señales tempranas de arrepentimiento maternal, pues la experiencia es única para cada mujer.

«Es fundamental estar lo más segura posible y tomar esta decisión por motivos personales, no por presión externa de pareja o familia», aconseja.

También advierte sobre la ingenuidad de confiar ciegamente en que otros siempre ayudarán.

«El mensaje común suele ser: ‘Estaremos para cuidar al bebé’, pero la realidad muchas veces es distinta; es tu hijo y serás responsable por él», enfatiza.

Por último, O'Connor recalca que es normal experimentar arrepentimiento frente a la magnitud y demanda de este rol.

¿Un sentimiento pasajero o permanente?

La especialista recomienda terapia para explorar el origen de este arrepentimiento y facilitar el diálogo «en un entorno seguro sin juicios».

Anna Mathur precisa que el arrepentimiento materno no siempre se revierte «de manera clara o completa».

«En algunas mujeres, esos sentimientos ceden o varían significativamente con apoyo, descanso, tiempo y cambios en su situación», explica.

«En otras, ciertos aspectos permanecen, por lo que es esencial permitir esa honestidad sin culpa».

Pies de un bebé sentado en el piso junto a juguetes desparramados

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El análisis de Orna Donath también indica que en algunas mujeres el arrepentimiento maternal es un sentimiento permanente.

«Todas las mujeres con las que hablé intentan dar lo mejor de sí, a pesar de su arrepentimiento», señala.

«Hace unos años recibí una carta de una mujer que lamentaba ser madre y me contó que su alivio viene de aceptar que ese sentimiento nunca desaparecerá… prefiere convivir con él en lugar de resistirse y sufrir cada vez que se da cuenta de que persistirá».

En el caso de Carmen, ella considera ese sentimiento permanente «porque el sacrificio dura para siempre».

Sin embargo, desde hace años asiste a terapia y asegura que esto le ha permitido aceptarse a sí misma y sus emociones sobre la maternidad.

«Ya no vivo consumida por la amargura», declara.

Actualmente, dedica tiempo al gimnasio y sus amistades, y se esfuerza por permitirse fallar sin buscar la perfección constante.

«Finalmente puedo decir: ‘No, disculpa, estoy cansada y me voy a dormir temprano. Cena lo que quieras; papá está aquí'».

Ha aprendido que cuando actúa así, el mundo no se derrumba.

«Teo entiende que soy humana, imperfecta, y lo acepta».

Al consultarle sobre los instantes más felices con su hijo, Carmen relata que cada noche, previo a dormir, comparten unos momentos juntos en la cama y repasan el día.

Teo se acurruca bajo el edredón, cercano a su madre.

«Es cuando realmente siento conexión con Teo y veo a la persona que más amo en el mundo», afirma.

«Ya no me siento como un monstruo».

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