Azar Nafisi analiza la percepción occidental sobre la libertad y el conflicto actual en Irán

Azar Nafisi

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Desde que comenzaron los ataques contra Irán a finales de febrero, Azar Nafisi experimenta dificultad para respirar antes de dormir. Incapaz de quedarse tranquila, recorre su apartamento cuando siente que está «al borde del pánico».

Esta escritora iraní, de 77 años, está familiarizada con las sensaciones que la ansiedad provoca en su cuerpo. Estas le remiten a las explosiones cercanas a su hogar durante la guerra entre Irán e Irak en los años ochenta.

También recuerda el día en 1977 cuando dejó Teherán para emigrar a Estados Unidos, llevándose consigo las crisis de pánico que había padecido en su país, según relata en una videollamada desde Washington.

“Con la situación que se ha vivido en los últimos meses, siguen surgiendo”.

Nafisi es la autora del best-seller «Leer Lolita en Teherán», una novela traducida a 32 idiomas que se ha vuelto fundamental para comprender la resistencia de las mujeres iraníes bajo la República Islámica.

Aunque se la reconoce en Occidente como una de las voces literarias más relevantes del exilio iraní, Nafisi lamenta que «Leer Lolita en Teherán» continúe prohibido en Irán, al igual que la película homónima, estrenada en 2024 y protagonizada por la actriz iraní Golshifteh Farahani.

Las ideas de Nafisi sobre autoritarismo, libertad e identidad están plasmadas en obras como «Cosas que he callado», «República de la imaginación» y «Ese otro mundo: Nabokov y el enigma del exilio».

En esta entrevista, la escritora sostiene que más allá del conflicto bélico, las mujeres iraníes enfrentan una «batalla existencial» en la República Islámica.

Golshifteh Farahani y Azar Nafisi

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«Leer Lolita en Teherán» no solo retrata la intimidad de un conjunto de mujeres que se reúnen en un club de lectura para ejercer su libertad de pensamiento, sino que además refleja la persecución de la disidencia mediante métodos similares a los denunciados en países tan distantes como Cuba o Venezuela.

El totalitarismo no es exclusivo de oriente, occidente o Persia. Tampoco sucede así con la democracia. A menudo me molesta que en las democracias occidentales se asuma que el resto del mundo no desea la libertad de la misma manera que ellos, como si fueran sus dueños.

Desde mi llegada a Estados Unidos he percibido que cuando menciono lo terrible que es el régimen hacia la población, especialmente con las mujeres, alguien suele argumentar: «Pero estás occidentalizada, es su cultura».

Eso me indigna y respondo: «¿Realmente me dices que mi cultura es un sistema que reduce la edad de matrimonio de las mujeres de 18 a 9 años o que castiga con lapidación hasta la muerte casos de adulterio o prostitución? ¿Acaso la cultura estadounidense es la esclavitud y la europea es el fascismo o el comunismo?»

En su novela, el lector siente la frustración de personajes sometidos a detenciones arbitrarias, torturas y la pérdida de seres queridos; a la vez, perciben que su sufrimiento no es plenamente comprendido fuera de su entorno inmediato.

Henry James, escritor americano, rechazaba la guerra y vivió durante la Primera Guerra Mundial. Sentía gran angustia y deseaba que Estados Unidos interviniera. Un amigo le escribió preguntándole cómo debía actuar y resistir. James le aconsejó: «Siente, siente tanto como puedas».

Eso es precisamente lo que nos brindan la cultura, la literatura, la música y el arte: nos devuelven algo tan fundamental como la vida, mientras que los regímenes totalitarios representan la muerte.

Esto no es una contienda política; es una lucha por la existencia misma. Las mujeres iraníes pelean no solo contra el velo, sino por su identidad, por una historia y una cultura arrebatadas. Y hay quienes simplemente no comprenden el significado de ello.

Manifestantes iraníes

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¿Qué emociones le provocaron las primeras imágenes de los ataques en Teherán?

Sentí ganas de llorar. No me dedico a la política, pero creo firmemente en los derechos humanos. Para mí, eso es primordial.

Mantengo contacto con una joven amiga en Teherán que me contó sobre la lluvia ácida y cómo la casa de sus padres está próxima a una zona bombardeada, donde perdieron todos los cristales de las ventanas. Comentaba que había tanta destrucción que escasea el vidrio, por lo que usaban plástico para reemplazarlo. Imagínate que, a pesar de eso, estaba nevando.

Mientras conversábamos, ella también mencionaba la situación de los presos políticos. Han detenido a tantos que no logran alimentarlos bien, y muchos están falleciendo.

Este es el punto que merece atención: esta joven y millones de personas más no tienen conexión con el mundo exterior. ¿Cómo podemos restablecer ese vínculo para ellos?

Los iraníes que logran acceder a X muestran lo que sucede en el país, pero lo hacen para nosotros, no para los millones que están dentro y no pueden verlo.

Luego, tras hablar de las explosiones, pasamos a contar historias sobre sus gatos; yo le hablo sobre el perro que tuvo mi hijo y que ya murió. Es necesario recuperar la normalidad en actos simples de la vida en contraste con las explosiones y la represión mortal del régimen.

Mujeres en Teherán después de los ataques

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¿El hecho de haber emigrado hace casi 30 años le permite mantener cierta distancia emocional respecto a lo que sucede? ¿Cómo vive el conflicto?

Primero que nada, es algo físico, no solo emocional. Me falta el aire, me vuelvo una molestia porque mi esposo puede aislarse y sentarse a leer, pero yo no puedo y camino sin cesar por mi apartamento.

Recuerdo lo que mi madre me dijo el día que dejamos Irán rumbo a América: me seguía de un cuarto a otro y me repetía: «Diles, diles. Deberías contarles cómo es realmente Irán».

Ella se refería a que un sistema totalitario no solo pretende controlar la vestimenta, sino que busca robar la identidad para imponer la suya propia.

Cada mañana en Teherán, me miraba al espejo, me ponía el velo y me transformaba en una desconocida. ¿Quién es esa mujer? Me sentía avergonzada. Eso es otra característica de los sistemas totalitarios: te hacen sentir vergüenza de tu propia identidad.

En esa época, al igual que muchas otras mujeres, dejaba parte del cabello fuera del velo. Descubrí el lápiz labial al regresar a Irán. Usaba maquillaje porque eso los irritaba. Se enfocaban tanto en la apariencia femenina que mostrar un poco de cabello era una señal de que no tenían control sobre nosotras.

Lo fundamental es que un sistema totalitario, como el de Venezuela o Irán o cualquier otro lugar, se basa en mentiras. Construyen una realidad falsa. Por eso, la literatura y la gente común, como en las protestas en Irán donde arriesgaron la vida por la libertad, revelan la verdad.

Tras las manifestaciones, los asesinatos y ahora la guerra, he vuelto mentalmente a Irán y a las rutinas que tenía allí. He sentido pánico, pero también resistencia.

Elenco de Leer Lolita en Teherán

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¿Qué sintió al enterarse de la muerte del ayatolá Alí Jamenei?

Fue un sentimiento ambivalente. Durante la Revolución iraní me repetía a mí misma: «No te conviertas en tu enemigo». Volverse como ellos es una forma de muerte, aunque uno tiene todo el derecho a sentirse mal.

Se lo merecía, pero preferiría que lo arrestaran. Tal como sucedió en los juicios a los nazis, que estos personajes sean llevados ante tribunales. Sé que tal vez eso sea ilusorio y difícil de lograr.

¿Qué pasó con la movilización social contra el régimen clerical tras los ataques militares?

Las recientes protestas demostraron que el pueblo iraní tomó conciencia de su poder. El régimen mata no porque sea fuerte, sino porque está débil y no cuenta con otra arma que la violencia.

Los iraníes estaban protagonizando una revolución pacífica. Siempre digo que la República Islámica de Irán es como la Unión Soviética para el mundo musulmán: totalitarios, con ambiciones imperialistas y control sobre sus ciudadanos.

Pese a esto, existía resistencia entre los propios iraníes… Hasta los poetas fueron detenidos y asesinados. Como declaró el reconocido poeta palestino Mahmoud Darwish: «Cada poema hermoso es un acto de resistencia».

Eso es lo que usaban los iraníes, y esta guerra les ha arrebatado esa opción. Por eso puedo comprender a quienes permanecen dentro del país enfrentándose a la masacre.

Alí Jamenei

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Según informes, miles murieron en la represión de las protestas antes de los ataques. ¿Cómo era la situación para las mujeres en ese momento? ¿Hasta qué punto podían manifestarse o qué riesgos asumían?

Durante 48 años, las mujeres iraníes han sido acosadas, encarceladas y asesinadas, pero aún así se han mantenido en las calles sin usar el velo.

Antes de los ataques, la situación se volvió aterradora, ya que se estima que mataron a unas 32.000 personas en pocos días. No solo fueron asesinadas, sino también torturadas y violadas.

Quienes se presentan como figuras sagradas y representantes de Dios en la Tierra violaron a chicas de entre 13 y 17 años, dispararon a mujeres en las piernas y el rostro. Se han visto imágenes de mujeres con parches blancos en el ojo y otras con ácido lanzado en la cara.

Comprendo que personas como la Premio Nobel Shirin Ebadi pidan al mundo y a Estados Unidos que intervengan para salvar a estas personas, pues temían que la violencia se intensificara si no se hacía nada. Ahora, sin embargo, los iraníes están escondiéndose.

Su obra expone cómo las autoridades de la República Islámica intentan controlar lo femenino. ¿Por qué es vital para el régimen someter el cuerpo y la voluntad de las mujeres?

En la ideología fundamentalista islámica, las mujeres representan tentación, por lo que deben estar cubiertas. Culpabilizan a las mujeres y buscan hacerlas invisibles para mantener su poder.

Temen a todo lo distinto a ellos, sea mujer u otra persona diferente. A los ojos del régimen, lo diferente se vuelve una amenaza.

Han convertido a las mujeres en sus enemigas más feroces. Si camináramos por Teherán u otras ciudades de Irán como hoy nos vemos, estaríamos enviando un mensaje de fracaso al régimen, que podría incluso matarnos por ello.

La primera feminista de Irán fue la poetisa Táhirih, asesinada en 1852, quien afirmó: «Puedes matarme cuando quieras, pero no pueden detener la emancipación femenina». Fue hace más de un siglo.

Las jóvenes que hoy se manifiestan llevan ese legado de sus ancestros que ansiaban libertad tal como lo hacen ellas ahora.

Mujeres caminando en Teherán

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Durante sus años como profesora de literatura inglesa en universidades iraníes, ¿alguna experiencia la impactó particularmente?

En mi primer año en Irán, tuve una estudiante en una pequeña universidad femenina llamada Razieh, una joven musulmana sumamente inteligente y seria. Él curso era sobre ficción estadounidense, y ella poco a poco se obsesionó con Henry James.

Hablaba constantemente sobre él, admiraba a sus heroínas que estaban dispuestas a sacrificar la felicidad para hacer lo correcto. Razieh decía que amaba a las mujeres independientes en la obra de Henry James. ¿No es sorprendente que un hombre pueda influir tanto en una mujer?

Era costumbre que Razieh viniera tras clase a mi escritorio para hablar de James, W.H. Auden… y acompañarme hasta la puerta.

Después de ese trimestre, dejé esa universidad y solo la volví a ver una vez, caminando por la calle. En ese tiempo, el régimen atacaba y secuestraba a personas en las calles. Cuando me acerqué, ella me hizo un gesto para indicarme que no debía hablarle.

Años después, otra estudiante me visitó y me contó que habían estado detenidas juntas en la misma celda. Me dijo: «Razieh y yo disfrutábamos mucho recordando las clases».

Hablaban de Henry James o Scott Fitzgerald; los guardias no entendían sus risas. Luego hizo una pausa y dijo: «Razieh fue ejecutada».

Yo no lo sabía. Me prometí a mí misma que no dejaría que ella desapareciera. Eso es lo que hacen la ficción y las historias: convertir lo efímero en duradero.

Mujeres iraníes en Ramadán

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¿Esperaría algún cambio positivo para las mujeres con el nombramiento de Mojtaba Jamenei como líder supremo, reemplazando a su padre?

En absoluto.

Él mantiene una relación simbiótica con la milicia islámica y los guardias que dominan Irán. Esa organización es su aliada leal; por eso en el país se habla en términos simbólicos.

Estamos ante un régimen que ya se ha ido, pero sigue presente.

Pero mientras posean las armas, no solo permanecen sino que tienen la capacidad de reprimir el descontento social.

Quiero decir que casi todos los líderes están ausentes. La población no les reconoce legitimidad ni los escucha. En realidad, buscan ayuda externa para liberarse. Desde ese punto de vista, no hay régimen.

Sin embargo, la milicia islámica es el verdadero ejército. Son quienes han dado toda su lealtad y cuya vida depende del régimen. La gente los odia y no tienen escapatoria, lo que explica su brutalidad. ¿Qué razón tienen para detenerse?

Pancarta de Mojtaba Jamenei

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Usted ha señalado que la ficción crea un espacio donde los lectores pueden encontrarse con personas que de otro modo nunca conocerían para entablar un diálogo. ¿Su obra ha logrado abrir un diálogo entre las mujeres iraníes?

Me duele que mis libros hayan sido traducidos a tantos idiomas, pero no al farsi. Amigos dentro del país me cuentan que existen grupos de lectura y traducciones, aunque estas son pésimas.

La ficción es intrínsecamente democrática, ya que da voz a todos los personajes, incluso al antagonista, porque no busca juzgar sino comprender.

Normalmente, un buen escritor se sumerge en la piel de sus personajes, y eso es el poder de la imaginación y la idea.

Nabokov solía decir: «La curiosidad es la rebeldía en su forma más pura». Gracias a la curiosidad salimos de nosotros mismos para conocer al otro y desarrollar empatía. Si no puedo entenderte ni verte como me veo, lo que te ocurra no me afectará.

Pero cuando entro en tu piel, te saludo y me comunico contigo, descubro cuánto compartimos en lugar de cuánto nos diferencia.

Milicia islámica

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En sus obras ha narrado cómo las mujeres perdieron sus derechos en Irán. ¿Cómo imagina que se podría revertir esta situación? ¿Qué tendría que ocurrir para que las mujeres recobraran la libertad?

Si esta etapa concluye, las mujeres recobrarán la voz que perdieron. Esta tarea involucra tanto a mujeres como a hombres. Depende de todos recordar que, en este preciso momento, mujeres iraníes podrían estar siendo asesinadas.

Irán nos enseña que la libertad es un desafío. Eso es lo que decía el escritor Saul Bellow: «Quienes sobrevivieron al Holocausto, ¿cómo sobrevivirán a la prueba de la libertad?».

Las personas en las democracias deberían comprender que la libertad es un examen. Su principal riesgo es la apatía y el adormecimiento emocional. Ambos se enfrentan con la literatura y el arte, ya que estos nos despiertan y brindan perspectivas desconocidas.

Mujer iraní que protestaba fuera del país

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