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- Autor, Leire Ventas
- Título del autor, Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles
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José González* es consciente de que lo observan.
En su lugar de origen, un rancho rural de 500 habitantes en el Bajío michoacano del que se fue hace casi treinta años, se siente casi como un extraño y también, dice, una «presa fácil».
Por esa razón, a pesar de que ya han transcurrido cuatro meses desde que llegó deportado desde Estados Unidos, prefiere «adaptarse» y darse a conocer antes de iniciar el negocio con el que, a sus 44 años, planea rehacer su vida en México.
«En la comunidad existen lo que llaman halcones, vigilantes que trabajan para la maña», explica Óscar Ariel Mojica, investigador del Centro de Estudios Rurales del Colegio de Michoacán, que realiza trabajo de campo en la zona y conoce este caso.
Con «maña» se refiere a los grupos criminales vinculados al poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuyo líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», falleció en una operación militar mexicana a finales de febrero.
Esta organización, que controla la mayor cantidad de dinero, armamento, personal y droga en el país, también domina esta región del norte de Michoacán. Sin embargo, al estar colindante con Guanajuato, el territorio es «de avanzada» para grupos rivales, matiza el académico.
«Desde que llegas a la central de autobuses, ya saben que estás aquí», comenta Mojica, a quien le advirtieron que no indague «de más» y que renunció a grabar entrevistas o tomar notas para proteger la identidad de sus fuentes.
Aquí el narcotráfico lo controla todo: conoce las entradas y salidas del área, decide quién puede cultivar la tierra, fija el precio de la canasta básica y establece el «derecho de piso» que se debe pagar para abrir un comercio en el pueblo. El plan de González se había formulado con base en su experiencia acumulada en EE.UU., donde trabajó en una ferretería y como encargado en un restaurante.

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Esa es la realidad cotidiana a la que se enfrentan los habitantes, quienes conviven con toques de queda, bloqueos de carreteras y enfrentamientos armados esporádicos, mientras pierden la cuenta de las personas asesinadas o desaparecidas.
«Pero cuando regresa alguien tras décadas en EE.UU., sin vínculos familiares ni sociales, su vulnerabilidad en estos entornos es mayor», destaca el investigador Mojica.
«Al fin y al cabo, estos grupos que se dedican en parte a la extorsión consideran que quien regresa debe generar ingresos. Los retornados son objetivos fáciles».

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Extorsión y 'pago de piso'
A unos 100 kilómetros del rancho de González, en el estado vecino de Guanajuato, Sergio Segovia* también tuvo que posponer sus proyectos.
Eligió establecerse en su ciudad natal, Irapuato, de donde se había ido a los dos años, tras su cuarta deportación; esta vez, la más traumática.
«Como crecí cerca de Tijuana, en Ensenada, cada vez que me deportaban regresaba allí. Pasaba unos días con un tío y luego volvía a cruzar la frontera hacia EE.UU.», relató a BBC Mundo.
«Pero la última vez intenté cruzar a Texas desde Ciudad Juárez (Chihuahua, México), me detuvo Migración y pasé 10 meses en una prisión federal», recuerda.
Tras dar positivo –asegura erróneamente– a tuberculosis, lo mantuvieron aislado. «Al tercer día tuve una crisis nerviosa y desde entonces todo fue un calvario. Cuando me soltaron del otro lado, ya no quería saber nada más de ese país», cuenta con amargura.
La situación tampoco fue sencilla en su ciudad, epicentro del conflicto entre el Cártel Santa Rosa de Lima (CSRL) y el CJNG.
En agosto las autoridades localizaron una fosa clandestina con 32 cuerpos, apenas dos meses después de una balacera en las fiestas patronales que dejó 12 muertos. Entre enero y julio del año pasado se registraron 1.500 homicidios en ese estado.

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Intentando sortear esta realidad y cansado de la precariedad, Segovia decidió invertir sus ahorros en un negocio que veía con potencial: comprar fresas a los productores locales para venderlas en centrales de abasto del norte del país.
«Un vecino que confiaba en mí estaba dispuesto a rentarme una pick-up, inicié gestiones, pero pronto noté que la fresa de Irapuato no era aceptada para allá», comenta.
Pronto comprendió quién dominaba el negocio cuando sus contactos le advirtieron: «De Zacatecas hacia el norte, tu mercancía no puede pasar. O te la quitan o pagas un derecho».
Productores de limón, aguacate o tequila comparten testimonios similares, pues estas industrias también son alcanzadas por el narco.
«Los cárteles antes centrados en traficar droga diversificaron sus ingresos frente a guerras internas y presiones estatales, añadiendo extorsiones, secuestros y robo de combustible –conocido como ‘huachicoleo’ en México– para financiar sus operaciones y mantener control político», explica el experto en seguridad David Saucedo.
«Las confrontaciones entre cárteles son costosas, por eso buscan actividades secundarias para costear hombres, armas, posiciones y sobornos».

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«Me estaban secuestrando»
Para algunos deportados, sus encuentros con el crimen organizado tuvieron consecuencias más graves que la extorsión.
Israel Concha aún llora al recordar su experiencia, aunque haya ocurrido hace más de diez años.
Fue deportado en 2014 desde Texas, donde vivió 30 años como indocumentado. Allí creció, estudió administración, se casó y creó una empresa de transporte privado y choferes.
Detenido por la policía en una autopista por exceso de velocidad mientras iba a recoger un cliente, fue arrestado al no poder demostrar su estatus legal y enviado a un centro de detención. Tras apelar durante dos años, fue liberado un 3 de julio en un puente internacional que conecta Texas con México.
Del lado mexicano, acompañado por otros ocho hombres en la misma situación, comenzó a caminar hacia la estación de autobuses. «A la segunda cuadra, nos detuvo la policía; o al menos eso parecían ser», relata.
Lo separaron del grupo, lo encapucharon y subieron a una camioneta. «Al descubrir que reconocían mi rostro, me di cuenta de que no era la comandancia, sino una casa de seguridad y que me estaban secuestrando», rememora.
En un descuido de quien les llevaba la comida, logró huir saltando por la ventana. Una familia que lo encontró salir corriendo –»todo ensangrentado, como un zombi»– carretera abajo, lo recogió y ayudó a llegar a Ciudad de México.

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Allí reinició su vida, trabajando en un call center en Little LA, un área cercana al Monumento a la Revolución donde los deportados de EE.UU. buscan empleo, emprenden negocios y crean redes de apoyo.
En esa zona fundó New Comienzos, una organización que ofrece ayuda y orientación a quienes regresan a México, vincula a personas, les facilita vales de comida, atención emocional y oportunidades laborales, actuando como enlace con albergues y entidades relacionadas.
También crearon Dream in Mexico, cajas que contienen guías bilingües e información sobre recursos locales disponibles.
Actualmente, en el marco de un programa de mentoría, imparten cursos sobre cómo protegerse en México y enfrentar realidades más violentas que cuando muchos emigraron.
«Hoy tenemos registradas 28 personas desaparecidas en nuestra red de apoyo, 10 solo el año pasado y la última en mayo», lamenta. Se trata de un hombre que regresó recientemente y desapareció tras salir de su trabajo en un hotel del estado central de Querétaro.
Con oficinas en Ciudad de México y Las Vegas (Nevada, EE.UU.), Concha asegura que New Comienzos ha atendido a más de 100.000 personas en 11 años y actualmente da seguimiento a 5.800 casos.
«Observamos que el plan México te Abraza no cumple su función y necesitamos un programa mejor estructurado, que ayude a corto, mediano y largo plazo», opina sobre la estrategia federal para el apoyo a retornados.
¿Te abraza?
Implementado en enero de 2025, con la llegada de Trump a la Casa Blanca, México te Abraza incluye asistencia consular en EE.UU., centros de atención en estados fronterizos y soporte para reintegración mediante jornadas de servicios sociales, oferta de empleo y programas de bienestar.
«A nuestros compatriotas les decimos que, primero, no están solos, y segundo, que deben mantener la calma, ya que durante estas semanas se evaluará el proceso», dijo la presidenta Claudia Sheinbaum al presentar «México te abraza».
No resulta sencillo obtener cifras exactas sobre deportados desde que Trump retomó la presidencia.
Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), en su primer año se registraron más de 675.000 deportaciones, cifra similar a la de los dos últimos años del gobierno de Joe Biden.

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En datos presentados en una Mañanera de Sheinbaum en diciembre, entre el 20 de enero y el 17 de diciembre de 2025, EE.UU. deportó a 145.537 mexicanos.
La Secretaría de Gobernación, a cargo de Rosa Icela Rodríguez, informó que más de 130.000 recibieron atención consular antes de ser repatriados, 116.000 regresaron por tierra y 29.000 por vuelos.
«México ha desarrollado una política migratoria reactiva a la de EE.UU., que en primera instancia es de ayuda humanitaria», apunta Israel López Ibarra, responsable académico del Observatorio de Política Migratoria y Derechos Humanos del Colegio de la Frontera en Nogales.
«Los deportados son recibidos en albergues cercanos a la frontera y la política mexicana es trasladarlos a sus estados de origen», añade el experto.
«Ahí surge el problema, porque muchos estados están bajo dominio del crimen organizado, con territorios que ya provocaban desplazamientos internos por amenazas, extorsiones, reclutamientos y desapariciones», explica.
Además de los problemas habituales para el regreso, como la dificultad para obtener documentos y empleo, la ausencia de redes familiares y la crisis de identidad.
«Quien regresa sin conocer cómo funcionan las bandas y el sistema local está igual o en mayor desventaja que el resto de los habitantes», concluye López Ibarra.

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«Además, las habilidades que tengan son relevantes. Quienes dominan ambos idiomas suelen ser aprovechados por el crimen organizado. Son capacidades que utilizan para sus fines», añade.
Sergio lo experimenta y lo padece personalmente.
«Pasé muchos años en un país donde me decían: ‘No puedes hacer esto porque eres inmigrante, porque no tienes papeles’. Ahora que quiero emprender las cosas están tan mal que no puedo, y me siento muy frustrado».
*Nombres ficticios para proteger su identidad.

