La influencia ausente de Yolanda Díaz en la izquierda actual y su legado pendiente

Sumar celebra hoy su tercer aniversario en medio de una intensa confrontación interna que apunta a su desaparición, similar a lo ocurrido con los proyectos anteriores impulsados por la ministra. En el espacio alternativo, únicamente las marcas regionales se mantienen vigentes.

Yolanda Díaz, en un acto como candidata a la Presidencia del Gobierno por Sumar, hace hoy tres años.

Se afirmó que IU habría enviado a «200 cuadros» para respaldar la presentación de Yolanda Díaz. Sin embargo, asistió apenas una docena de figuras reconocidas de los Comunes: Colau, Urtasun, Albiach, Asens, Subirats… Hubo más representantes de Más Madrid/Más País, junto a Mónica García, Rita Maestre e Íñigo Errejón. El público ovacionó a Alberto Garzón, entonces ministro y líder saliente de IU. También recibió aplausos Joan Ribó, aspirante a alcalde que no logró mantener Valencia para Compromís poco después. Estuvieron los primeros representantes de Sumar, fervientes defensores de Díaz en su «proceso de escucha». Asimismo, se acercaron miembros de casi todas las formaciones afines, ¡15 en total! en aquel lanzamiento. Además, se pudieron ver rostros de la época dorada de Podemos: Bustinduy, los pensadores Fernández Liria, Alba Rico, Jerez

El listado de personajes famosos y habituales pone en evidencia la ausencia esencial: pocos eran anónimos, personas entusiastas sin afiliación previa. La fecha, Domingo de Ramos, día de masivo éxodo madrileño, sirvió como excusa. Por mucho empeño en hablar de un lleno de 3.000 asistentes, en la pista se podía transitar sin aglomeraciones y en las gradas del pequeño Magariños el caos se concentraba en la tribuna de prensa. Tampoco afuera, donde se decía que había 2.000 personas, se reunió tal cantidad. Y menos aún la multitud para la que se instalaron pantallas gigantes. Hoy se cumplen tres años de aquel 2 de abril, en el que Díaz proclamó: «Quiero ser la primera presidenta de España». Hoy se considera que fue uno de los mayores fracasos. No es del todo cierto.

Tal como mostró aquella presentación, Sumar fue en su origen un instrumento partidista, un envoltorio para formaciones políticas ya existentes. Sumar surgió, ante todo, como una necesidad urgente, un paraguas destinado a concentrar el caos a la izquierda del PSOE. Muy lejos del fracaso, fue un éxito tal que permitió reconstituir tras el 23-J una coalición para asegurar la continuidad de Díaz y Pedro Sánchez en Moncloa, el otro gran beneficiario.

Sin embargo, ni en Sumar pueden negar completamente su rotundo fracaso. Aunque no debería sorprender: como todos los proyectos de Yolanda Díaz, ha tenido una duración corta, deslumbrante en sus inicios y sin dejar más que vacío como legado. No queda como líder ni ella, la razón de ser de Sumar, ni una estructura que perdure, ni miles de militantes activos. Quizá ni siquiera unos cientos. A pesar de que la izquierda añora, tras el desencanto del Podemos, una marca que movilice y atraiga a la juventud, Sumar, construido desde el Gobierno, difícilmente podía cumplir ese papel.

La realidad es que la juventud se politiza desde hace años en el ámbito opuesto, la extrema derecha. Toda una generación se ha perdido para la izquierda. Las excepciones, que existen en algunos pasillos universitarios, barrios o avenidas, resultan más heroicas que la propia Díaz cuando, en los 90, se inscribió en las Juventudes Comunistas para enfrentarse pronto con Anxo Guerreiro, histórico del comunismo gallego, por conservar las siglas de IU en Galicia. Fue aquella la primera gran victoria de Díaz, quien, ya como líder regional de IU, alcanzó la tenencia de alcaldía en Ferrol (2007). Se alejó apenas un año y medio después, tras aprobar un aumento salarial rechazado por los clásicos de IU. De un primer éxito a una primera retirada, ese es su balance vital.

Abandonó la política municipal para volcarse en la autonómica. Contó con Xosé Manuel Beiras, que había roto con el BNG y gozaba de prestigio ancestral. Juntos crearon Alternativa Galega de Esquerda. Consiguieron 9 diputados, logrando el sorpasso al BNG y amenazando al PSOE. Otro gran logro, antes de una nueva ruptura, esta vez con Beiras, quien declaró: «Yolanda me ha traicionado». De un adiós a otro impulso, con En Marea. Esta nueva apuesta superó autonómicamente al PSOE y, con Díaz en las listas de Unidos Podemos al Congreso, logró 5 escaños gallegos en Madrid. Aquella ola es hoy cero en el Parlamento gallego. AGE, En Marea, Unidos Podemos… Todo eso ha desaparecido.

Han quedado enterrados, al igual que su vínculo con Pablo Iglesias, el aliado en la entrada en el Gobierno y en su surgimiento como líder de ese espacio. Fue otro éxito con un inmediato distanciamiento, rumbo a Sumar, la última creación de Díaz que… Pues bien, hoy sopla tres velas y lo único que queda es una nueva pelea, en la que la ex líder está involucrada.

Entre las escasas contribuciones de Sumar a la política destaca Lara Hernández. Con 29 años, fue mano derecha de Garzón cuando IU, con un millón de votos, evitó desaparecer. Forzaron a Podemos a negociar, pero Lara Hernández dimitió antes de ese acuerdo y se perdió. Regresó para Sumar. Actualmente es co-coordinadora del partido, pero se ha iniciado una operación para desplazarla, porque, tras la salida de Díaz, habría sido menos afectuosa y cercana que Verónica Martínez, portavoz de Sumar en el Congreso.

Son peleas por la supervivencia previas a la extinción, manteniendo la tradición de Yolanda, quien siempre será un símbolo para la izquierda como ministra de Trabajo, la primera en décadas en restaurar derechos laborales y protecciones legales para los sindicatos, autora de numerosas batallas para subir el SMI. Eso nadie puede negarlo. Pero como líder política, su legado es una izquierda que ya no existe.

Porque lo que hoy falta es una izquierda con arraigo y vocación estatal. Las referencias actuales son de obediencia autonómica —eufemismo para otra realidad— o independentistas. El BNG absorbió a En Marea, del mismo modo que Bildu hizo con Podemos. En Aragón destaca la Chunta y en la Comunidad Valenciana, Compromís, cada vez más centrada en lo local. Incluso en Andalucía crece tanto Adelante —los Anticapitalistas, antes en IU, luego en Podemos, ahora independientes— que genera dificultades a Por Andalucía (IU). A mayor vocación estatal-confederal, más próximo a Moncloa, a Díaz, a Sánchez, más sufre la izquierda de la izquierda.

Los Comunes de Colau disminuyen en Cataluña; Más País se desvaneció con Errejón y Más Madrid evidenció un fuerte retroceso en la capital y no tiene un mejor plan para las autonómicas que recuperar a Mónica García; Izquierda Unida no deja de perder apoyo… En las Castillas o Cantabria la izquierda alternativa rara vez asalta lo regional. Hoy está seca. En las Islas, quedó atrás el auge de Podemos. El repunte, temporal, ante la crisis del PSOE en Extremadura; lo mínimo en La Rioja; la mezcla en Navarra o la tradición en Asturias no bastan para sanear el mapa de la izquierda española después de Yolanda Díaz, un páramo antes de la próxima iniciativa, sin otro objetivo o aspiración que resistir.

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