Impacto del plástico en la salud: vinculación con cerca de dos millones de partos prematuros a nivel global

Un estudio calcula que la exposición al DEHP, un ftalato empleado para flexibilizar el plástico, pudo relacionarse con 74.000 muertes neonatales en 2018

Foto: Imagen de alguno de los bastoncillos de plástico recogidos en la playa del Parque Nacional de Doñana-Matalacañas en Huelva en octubre de 2020. (EFE/J.J. Guillén)

Un reciente análisis basado en encuestas poblacionales sugiere que la exposición al ftalato de di-2-etilhexilo (DEHP), una sustancia química empleada para aumentar la flexibilidad del plástico, pudo estar vinculada a casi 1,97 millones de partos prematuros en 2018, representando más del 8% del total global. Además, los investigadores estiman que esta exposición se relacionó con la muerte de 74.000 recién nacidos.

El DEHP pertenece al grupo de los ftalatos, compuestos presentes en cosméticos, detergentes, repelentes de insectos y otros artículos de uso cotidiano. Estas sustancias pueden degradarse en partículas microscópicas y penetrar en el organismo mediante los alimentos, el aire y el polvo.

Este estudio, liderado por expertos de NYU Langone Health, centra su atención en el parto prematuro, reconocido como un factor de riesgo clave para trastornos persistentes del aprendizaje y desarrollo, además de ser una de las principales causas de mortalidad infantil, según la Organización Mundial de la Salud.

Según los autores, esta es la primera estimación global sobre nacimientos prematuros asociados a la exposición al DEHP y las regiones del planeta con mayor afectación. Los hallazgos se publican el 31 de marzo en la revista eClinicalMedicine.

La investigadora principal, Sara Hyman, afirma que los resultados refuerzan la importancia de reducir la exposición a ftalatos, particularmente en las zonas más vulnerables, con el fin de prevenir partos prematuros y las complicaciones de salud frecuentemente asociadas.

Estudios previos han vinculado la exposición al DEHP con cáncer, enfermedades cardiovasculares e infertilidad, entre otras afecciones. Se suma una amplia literatura científica que asocia este compuesto con el parto prematuro.

De acuerdo con la investigación, la exposición al DEHP también podría haber ocasionado 1,2 millones de años vividos con discapacidad, un indicador que contabiliza los años afectados por enfermedad, lesión u otras secuelas de salud relacionadas en este caso con el nacimiento prematuro.

El análisis señala además una distribución desigual de la carga sanitaria. Oriente Medio y el sur de Asia acapararían el 54% de la enfermedad estimada vinculada a nacimientos prematuros relacionados con el DEHP, en un contexto de rápido crecimiento de la industria del plástico y niveles elevados de residuos plásticos.

África, por su parte, concentra el 26% de los problemas de salud derivados de partos prematuros asociados al DEHP, aunque presenta una proporción de muertes mayor que la esperada según el número de casos. Los autores atribuyen esta diferencia a la tasa más alta de mortalidad por prematuridad en la región.

Para realizar el estudio, el equipo estimó la exposición al DEHP en 2018 en 200 países y territorios. Para esto, emplearon datos de encuestas nacionales realizadas en Estados Unidos, Europa y Canadá, complementados con estimaciones previas para cubrir regiones sin información directa.

A partir de esta base, los investigadores integraron estudios anteriores sobre la relación entre la exposición a ftalatos y el parto prematuro con cifras globales de nacimientos y muertes neonatales, calculando así qué proporción de estos eventos podría asociarse al DEHP.

Los científicos aplicaron el mismo método con otro ftalato, el ftalato de diisononilo (DiNP), un sustituto frecuente del DEHP. Según sus estimaciones, este compuesto representaría un riesgo similar, con una contribución aproximada de 1,88 millones de partos prematuros en el mundo. Los costos económicos relacionados con las muertes neonatales oscilarían entre millones y centenas de miles de millones de dólares para ambos ftalatos.

El autor principal, Leonardo Trasande, advierte que la regulación individual de los ftalatos y su sustitución por alternativas poco estudiadas no resolvería el problema original. En su opinión, los resultados enfatizan la necesidad de una supervisión más amplia y rigurosa de los aditivos plásticos.

No obstante, los autores aclaran que esta investigación no fue diseñada para demostrar que el DEHP y el DiNP causen de manera directa o exclusiva partos prematuros, ni consideró otros tipos de ftalatos.

Además, debido a la incertidumbre en los datos, el análisis se realizó con un rango de valores posibles en vez de una cifra exacta. Esta variabilidad indica que el impacto real del DEHP podría ser hasta cuatro veces menor que la estimación principal o ligeramente superior. A pesar de ello, incluso en los escenarios más conservadores, los investigadores concluyen que la carga sanitaria sigue siendo significativa.

Pese a las limitaciones propias de este tipo de modelos globales, Hyman defiende que el estudio aporta una base valiosa para futuras investigaciones y ayuda a cerrar una brecha importante en el entendimiento del impacto de los químicos presentes en plásticos sobre la prematuridad a nivel mundial. La financiación del proyecto provino de la subvención P2CES033423 de los Institutos Nacionales de Salud y de Beyond Petrochemicals.

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