La derrota frente al Mallorca coloca al Real Madrid siete puntos por detrás del Barça en la lucha por La Liga, con solo ocho jornadas restantes. La competición europea se presenta como la única vía para rescatar una temporada complicada.
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Sin garra ni fútbol efectivo, alternando entre acelerones y parones, el dominio de La Liga se le ha escapado al Real Madrid. Sus figuras han fallado y el equipo carece de un juego colectivo sólido.
El equipo blanco había logrado llegar a la jornada 30 manteniendo opciones para pelear el título gracias a Mbappé, Courtois, Valverde y Vini, quienes han aportado en momentos clave, aunque parecía que ya era demasiado tarde y el vestuario no lo tenía claro.
Desde la llegada de Arbeloa, se han intentado varios cambios sin lograr un efecto real en el equipo. Lo que, en esencia, le ha faltado al Real Madrid es precisamente eso, funcionar como un conjunto. Ni Ancelotti en su última temporada ni Xabi Alonso antes que él lo consiguieron, y el técnico salmantino tampoco.
¿El balance? Siete puntos por detrás del Barça en La Liga, fuera en octavos de la Copa del Rey ante un equipo de Segunda División y derrota en la final de la Supercopa de España. Ante este panorama, la Champions es la única esperanza que queda para que el club blanco evite repetir una temporada sin títulos como en la 20-21.
Porque en la cúpula del Bernabéu no está permitido cerrar un año sin celebrar ningún trofeo. Al Real Madrid todavía le queda su torneo europeo para completar un curso positivo. Esa es la fina línea que determina el éxito o el fracaso.
Mbappé espera para sacar de centro tras el gol de Muriqi. EFE
No existe margen para equivocarse. Tampoco lo hubo en el encuentro contra el Mallorca. Los futbolistas no captaron el mensaje que Arbeloa transmitió en la rueda de prensa antes del partido: «Mallorca es un encuentro muy complicado, que me ha generado 750 alarmas».
A pesar de ello, los jugadores volvieron a ofrecer un rendimiento deficiente, una tónica repetida en gran parte de la temporada, y en esta fase decisiva, donde cada equipo se juega algo, obtener los tres puntos se está volviendo cada vez más difícil.
«Para mí es sencillo percibir la dificultad del partido y del rival. Lo complicado es que los jugadores comprendan que sin dar el 200% no íbamos a ganar hoy«, reconoció el técnico salmantino tras la derrota cuando le recordaron sus declaraciones previas.
La Champions o nada
Pero sus palabras quedaron en el aire. Arbeloa no pudo trasladar un mensaje más esperanzador tanto para el equipo como para la afición al afirmar que «en primavera, este club siempre entrega su mejor versión».
No estaba equivocado. La historia del Real Madrid lo confirma, pero los jugadores no han asumido esa responsabilidad porque la problemática, que ya viene de la temporada pasada, radica en la actitud.
Este curso, en apenas tres meses, desaparecieron tres de las cuatro competiciones a las que aspiraba el club. Solo queda una. Solo queda Europa. Solo queda la Champions. Y si también pierden allí, será el segundo año seguido sin títulos para el Madrid en el siglo XXI.
La campaña comenzó con promesas de éxito. Xabi Alonso dirigía un proyecto que, en octubre, acumulaba 12 victorias en 13 partidos, liderando la clasificación con cinco puntos de ventaja sobre el Barça.
Todo parecía sólido, pero el mes de noviembre cambió todo. El Real Madrid perdió el liderato en La Liga y, tras caer en enero en la Supercopa, se acordó, de mutuo acuerdo, prescindir del tolosarra después de menos de ocho meses en el puesto.
Lo que vino después no mejoró la situación. En su estreno en el banquillo, Arbeloa sufrió la humillación de quedar eliminado de la Copa del Rey frente al Albacete, un club de Segunda División. Copa del Rey y Supercopa liquidada en pocos días.
En LaLiga, las derrotas fueron sumándose con paciencia. La caída ante el Getafe en el Bernabéu dejó al Madrid a cuatro puntos del Barcelona. Actualmente, tras 30 jornadas, el equipo blanco acumula 69 puntos frente a los 76 del Barça, una diferencia de siete puntos que, con el calendario restante, hace que la Liga parece perdida para los blancos.
Valverde celebra junto a sus compañeros del Real Madrid su hat-trick al Manchester City Reuters
Cuando todo el terreno nacional se ha venido abajo, queda Europa. Y en la Champions, de forma paradójica, es el único escenario donde el Madrid mantiene su nivel competitivo.
El equipo de Arbeloa eliminó al Benfica en dieciseisavos y derrotó al Manchester City de Guardiola en octavos con un marcador contundente que sorprendió a todos: 3-0 en el Bernabéu y 1-2 en el Etihad.
En cuartos de final, se enfrenta a una cita con su historia y con su «bestia negra», un epiteto que se repite constantemente desde Alemania. El fútbol ha colocado al Real Madrid en una situación complicada de digerir: quedar fuera de todas las competiciones en el mes de abril.
Si el Bayern avanza, la temporada terminará antes de mayo. Sería la segunda campaña sin títulos en lo que va de siglo XXI para el club blanco, tras la 2020-21 con Zidane al mando.
El Madrid pone en juego en Europa lo que ya perdió definitivamente en España. Lo hace con una plantilla afectada anímicamente y frente al Bayern de Múnich, uno de los equipos con mejor forma en Europa esta temporada. La final está programada para el 30 de mayo en Budapest. El camino es arduo y complejo. Pero para el Real Madrid, no existe otra opción.

