Factores que aceleran la pubertad en niños en comparación con la generación de sus padres

Un extenso seguimiento en Dinamarca confirma este adelanto (aunque sea solo de meses) y señala una combinación de genética, embarazo, peso, estrés y desigualdad

Foto: (istock)

Durante décadas, la pubertad aparecía ‘cuando debía’. Sin embargo, en silencio, algo ha cambiado. En diversos países, los científicos llevan tiempo observando una tendencia constante: la pubertad ocurre cada vez antes. Y aunque el adelanto pueda parecer pequeño, las consecuencias no lo son.

Un análisis científico que recoge una década de estudio en una de las cohortes más detalladas del mundo, la Danish Puberty Cohort, vuelve a ofrecer datos y posibles explicaciones sobre el fenómeno. La realidad es que en Dinamarca, la edad de inicio de la pubertad continúa disminuyendo. En las niñas se registra un adelanto de la menarquia (la primera menstruación) con respecto a la generación de sus madres, y en los niños también se detectan señales de un inicio más precoz en comparación con investigaciones previas danesas. El promedio de este cambio ronda los tres meses, un periodo suficiente para influir en el bienestar y la salud a largo plazo. Aunque tres meses parezcan poco, es fundamental considerar que la pubertad representa un periodo en el que se reorganizan hormonas, emociones, el cerebro, las relaciones sociales y también los riesgos futuros frente a enfermedades.

La información procede de un diseño difícilmente igualable. Se basa en un total de 15.819 niñas y niños nacidos entre 2000 y 2003, seguidos desde 2012 hasta 2021. Cada seis meses, entre los 11 y 18 años, los adolescentes reportaban signos puberales (desarrollo mamario, vello púbico, menstruación, cambio de voz, primera eyaculación, entre otros) mediante cuestionarios en línea. Además, el equipo contrastó esos datos con exploraciones clínicas y registros, observando una buena fiabilidad; las respuestas coincidían adecuadamente sin necesidad de procedimientos invasivos.

El estudio, publicado en la revista International Journal of Epidemiology, apunta a una conclusión clara. No existe una causa única. El adelanto de la pubertad se debe a una combinación de factores biológicos y sociales que actúan desde antes del nacimiento. Ya sea por la genética como punto de partida, dado que la carga genética es relevante, o debido al desarrollo prenatal, pues la investigación danesa identifica varios factores relacionados con el embarazo que se vinculan a un inicio más temprano de la pubertad: la salud materna antes y durante la gestación, así como el consumo de tabaco materno durante el embarazo. De hecho, el ‘reloj’ puberal del futuro adolescente podría comenzar a ajustarse mientras aún está en el útero.

¿Se puede hacer algo o es inevitable? (Pexels).

También se resalta el papel del peso infantil. Existe una relación clara entre sobrepeso u obesidad antes de la pubertad y un inicio más prematuro. La explicación fisiológica habitual es que el tejido adiposo no es solo un ‘depósito’, sino que participa en señales hormonales que pueden acelerar el comienzo de la pubertad (un dato que correlaciona inquietantemente con el aumento del sobrepeso en niños en muchos países durante las últimas décadas). Finalmente, el estrés, de diversas formas: psicosocial, derivado de un divorcio, la ausencia del padre, o las dinámicas entre hermanos… Todos estos factores se asocian en algunos casos con adelantos de 4 a 5 meses en niños y niñas, pudiendo el estrés crónico afectar al sistema neuroendocrino que controla las hormonas reproductivas.

El factor de desigualdad: la pobreza también emerge como un aspecto clave

Si el estrés tiene importancia, la desigualdad social no puede quedar fuera. Los menores que crecen en entornos más desfavorecidos suelen entrar en la pubertad antes y enfrentan un mayor riesgo de problemas emocionales, conductuales y sociales. Además, el inicio prematuro se asocia a un riesgo elevado de obesidad, cánceres relacionados con la reproducción y enfermedades cardiometabólicas en la edad adulta.

Los riesgos vinculados a la pubertad temprana incluyen un mayor peligro de sobrepeso y diabetes tipo 2, mayor probabilidad de cánceres hormonodependientes y un bienestar mental deteriorado durante la adolescencia. Siempre considerando que la pubertad no implica necesariamente madurez emocional, es probable que aparezcan sentimientos de desajuste, ansiedad, depresión o conductas de riesgo. Aunque algunos factores no se pueden modificar (como la genética), sí existen medidas prácticas para intentar frenar esta tendencia: reducir el consumo de tabaco durante el embarazo, prevenir y tratar el sobrepeso infantil, y apoyar a las familias y escuelas para disminuir el estrés. En definitiva, se trata de mejorar las condiciones de vida de los niños que, al hacerlo, podrían también estar desacelerando su reloj biológico.

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