Rancho Izaguirre un año después: avances en la investigación del sitio de reclutamiento y exterminio del cartel CJNG en México

Una mujer con una camiseta con la foto de su esposo desaparecido muestra un celular con la imagen de una camiseta del hombre

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    • Autor, Darío Brooks
    • Título del autor, BBC News Mundo
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  • Tiempo de lectura: 15 min

Las imágenes y videos de una gran acumulación de zapatos, ropa y pertenencias personales recogidas por mucho tiempo recorrieron el mundo hace poco más de un año.

Representaban la señal más clara que indicaba que decenas y decenas de personas habían pasado por el Rancho Izaguirre. Estos objetos fueron hallados por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco (GBJ), una agrupación conformada por familiares de desaparecidos en ese estado del oeste mexicano.

La transmisión en directo realizada en Facebook el 5 de marzo de 2025 mostró también que el lugar probablemente se utilizó para quitar la vida a muchas personas en una zona controlada por el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Raúl Servín, uno de los padres miembros de GBJ, informó entonces a BBC Mundo que encontraron casquillos, cargadores, fosas clandestinas y restos de quemaduras.

El descubrimiento del Rancho Izaguirre impactó a México y despertó interés internacional, ya que parecía ser un sitio de reclutamiento del CJNG en el que también se cometían homicidios masivos o sistemáticos.

La Fiscalía General de la República (FGR) asumió la investigación, pero desde entonces ha negado firmemente la existencia de evidencias sobre “hornos crematorios” o desapariciones masivas de restos humanos.

“Las pesquisas han determinado de manera clara y rotunda que el espacio era utilizado como un campo de entrenamiento”, declaró la FGR el 5 de marzo.

Desde entonces, se registraron algunos progresos en la investigación:

  • Se han arrestado a 47 personas vinculadas con las operaciones del rancho.
  • Los análisis forenses realizados por la FGR identificaron un perfil genético masculino que aún no ha sido reconocido.
  • La FGR señala que ha procesado el 64% de las evidencias halladas y asegura que la investigación continúa abierta.
  • Diez acusados fueron condenados a un total de 141 años de prisión por desaparición y homicidio de tres personas en el rancho.
  • José Ascensión Murguía Santiago, alcalde de Teuchitlán, lugar donde se encuentra el predio, fue arrestado y está acusado de complicidad con la delincuencia organizada.
  • Se detuvo a dos presuntos reclutadores del CJNG que llevaban a jóvenes al Rancho Izaguirre y están siendo procesados por varios cargos.

Los relatos de hombres y mujeres que aseguran haber estado en el Rancho Izaguirre no dudan en afirmar que allí ocurrieron asesinatos y desapariciones de numerosos jóvenes que fueron llevados mediante engaños con promesas de empleo formal.

La periodista de investigación Sandra Romandía recolectó testimonios de varios sobrevivientes y, tras meses de trabajo, publicó el libro “Testigos de horror: la verdad que se quiso ocultar en el Rancho Izaguirre”.

Más de un año tras el hallazgo, Romandía conversó con BBC Mundo para comentar qué se conoce sobre lo ocurrido allí y las interrogantes que permanecen sobre la investigación.

BBC Mundo solicitó una declaración a la Fiscalía General de la República respecto al caso, sin obtener respuesta antes de la publicación.

Zapatos sin clasificar en el Rancho Izaguirre.

Fuente de la imagen, GBJ

Entre los relatos del libro destaca el de María, quien estuvo en el rancho y presenció lo que sucedía allí. Su testimonio llegó gracias a su vínculo con los Guerreros Buscadores de Jalisco (GBJ).

Es una declaración de varias horas con Indira Navarro (GBJ), una de las más relevantes debido a su continuidad y al propósito de lograr un desahogo.

Lo que se observa en las víctimas y sobrevivientes es el deseo de liberar su historia, contarla de algún modo.

Probablemente para evitar que tales hechos vuelvan a suceder, o para advertir sobre las personas que aún permanecen encerradas, quienes a pesar del peligro mostraron valentía para relatar su experiencia.

En un punto, ella y otros testigos describen el rancho como “un supermercado del CJNG”. ¿Por qué lo describen de esta manera?

Los supervivientes explican que era una especie de base de mano de obra barata para el cartel. Estos y otros ranchos funcionaban como centros donde se capacitaba a quienes disparaban, a los vigilantes, a las mujeres encargadas de la cocina en los campamentos de combate, y también a médicos —porque hay indicios de que secuestraron profesionales de la salud— para atender estas necesidades.

Por lo tanto, el Rancho Izaguirre y otros campamentos donde se formaba a personas reclutadas por la fuerza se convirtieron, según los testimonios, en verdaderos centros de abastecimiento de personal para el Cártel Jalisco Nueva Generación.

La portada del libro "Testigos del horror: la verdad que se quiso ocultar en el Rancho Izaguirre" y una foto de Sandra Romandía

Fuente de la imagen, Grijalbo

María y otros sobrevivientes — Luis, Héctor, “El Huesos” — no se conocen entre sí, ¿verdad? Pero sus relatos coinciden en describir lo que sucedía en el rancho.

Exactamente, no tienen relación personal. Por seguridad, no divulgó cómo ni dónde fueron conocidos para obtener la información del libro. Sin embargo, lo relevante es la coincidencia entre sus versiones.

Aunque no fueron entrevistados juntos ni se conocían, sus relatos coinciden en hechos específicos y aspectos fundamentales, describiendo los tipos de entrenamiento — si puede llamarse así — recibido, así como las atrocidades cometidas por quienes estaban al mando.

La mayoría logró escapar, ya sea durante enfrentamientos o por descuidos de sus captores. Pese a ello, pudieron narrar cómo eran reclutados bajo engaños, luego amenazados para que lucharan por sobrevivir.

Durante esa lucha, se vieron forzados a asesinar, desmembrar, quemar cuerpos, incluso a consumir carne humana, además de permanecer encadenados.

Las órdenes debían cumplirse rigurosamente: la hora para ir al baño, para ponerse determinados pantalones, para desvestirse; si debían hacer 50 lagartijas, las hacían o enfrentaban castigos físicos o incluso la muerte. Además, relatan cómo se convirtieron en medios de diversión para los jefes del cártel.

Estos líderes aparentaban divertirse de modo sádico, forzándolos a luchar entre ellos, torturarse o ser torturados frente a todos como si fuera un espectáculo, evidenciando el nivel de sadismo y las técnicas de deshumanización aplicadas a las víctimas.

Confinados a ser como máquinas, solo intentaban sobrevivir acatando las órdenes de estos grupos criminales.

Rancho Izaguirre

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En un fragmento del libro se menciona: “Aquí solo se sale de dos maneras: o te matan o te matas”, retratando el extremo al que se sometía a los jóvenes que ingresaban.

Eran situaciones extremas y deshumanizantes. Un testigo narra cómo fue reclutado a la fuerza, mediante engaños y secuestro, torturado y atravesó todas las etapas, que fueron brutales.

De un grupo inicial de 100 personas, sobrevivieron alrededor de 30.

Cuenta que luego vio llegar a un nuevo grupo y que él estaba armado, pero decidió no actuar para protegerlos porque sabía que él también podría sufrir golpes si intervenía.

Por eso se comportó como miembro más del cártel para sobrevivir, aunque en el fondo pensaba en cómo salvar a esas personas.

Carta de despedida en el Rancho Izaguirre

Fuente de la imagen, GBJ

Al hablar con vecinos de la zona, donde hay fuerte presencia del Cartel Jalisco Nueva Generación, algunos mencionaron que no notaron gran movimiento de personas. ¿Percibiste miedo a hablar sobre las actividades alrededor de un terreno protegido únicamente por muros?

La primera visita fue cuando habilitaron el lugar para los medios. Intentamos conversar con habitantes y noté el temor existente en los pobladores de Teuchitlán, específicamente en La Estanzuela.

Cada persona tenía su contexto. Muchos sospechaban que había actividades ilegales en la zona, evidenciado cuando parcelas de vecinos empezaron a ser vendidas sin explicación. También observaban compras inusuales como grandes cantidades de tortilla, pero la vida cotidiana continuaba, reflejando la realidad de muchas comunidades mexicanas.

Esta historia se vuelve universal al mostrar cómo las comunidades sobreviven ante su realidad y entorno. Sin juzgarlas ni calificarlas de cómplices extremas, parece que la gente de Teuchitlán se fue adaptando a los cambios que comenzaron a notar en los últimos años.

Además, la policía municipal y autoridades locales solaparon a los criminales, como consta en declaraciones y procesos judiciales contra el alcalde.

Esto describe un sistema social que se acostumbró a la influencia de personas armadas y violentas, y que por supervivencia terminó adaptándose a esa realidad.

Varios neumáticos en el terreno del Rancho Izaguirre

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La Central de Autobuses de Guadalajara juega un papel crucial. ¿Qué función tenía esta terminal dentro del modus operandi para engañar a jóvenes que buscaban trabajo o mejores ingresos?

La mayoría de los jóvenes eran reclutados en municipios cercanos a Guadalajara o dentro del estado de Jalisco, así como en estados vecinos como Nayarit, Zacatecas o Michoacán. Lo primero que se les ofrecía era un empleo cualquiera.

Podía tratarse de trabajos como ingeniero en computación, guardia de seguridad, conductor o albañil, siempre con la promesa de un sueldo atractivo. La oferta se difundía a través de WhatsApp, Facebook y otras redes sociales.

Los jóvenes superaban algunas pruebas vía telefónica o por mensajes y, una vez seleccionados, se les indicaba: “Te enviaremos tu boleto de autobús a la central de Tlaquepaque” (Guadalajara), una de las terminales más importantes del estado. Al llegar, eran recogidos en Uber o taxi para llevarlos a la “oficina de la empresa”.

Muchos no sospechaban porque algunos llegaban durante el día, en grupos de compañeros que supuestamente iban a trabajar, asegurando: “Somos varios, gente honesta”.

Sin embargo, el “Uber” era un vehículo particular que los secuestraba, amenazaba con armas, les confiscaba teléfonos y los trasladaba al Rancho Izaguirre u otros ranchos para capacitarlos a la fuerza.

Quien se resistía era ejecutado al instante.

Dos personas lloran en las inmediaciones del Rancho Izaguirre

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Gran parte de la controversia del año pasado surgió con la entrada de la Fiscalía General de la República (FGR) en la investigación. Desde entonces, la FGR sostiene que no hay evidencias de incineraciones masivas o cremaciones, pese a que los testigos y los Guerreros Buscadores de Jalisco afirman lo contrario. ¿Cuál es la razón de estas posturas tan opuestas?

Parece haber un interés oficial en controlar la versión sobre lo ocurrido (…) La Fiscalía prometió esclarecer el caso, pero evitó confirmar o negar la existencia de hornos crematorios o huesos calcinados para no afectar la investigación.

Sin embargo, nunca se informó públicamente. En algún momento, el fiscal Alejandro Gertz Manero admitió la existencia de al menos un cuerpo calcinado, mientras que las imágenes mostraban montones de fragmentos quemados que podrían ser restos humanos.

Algunos especialistas en geotermia indican que podrían haberse registrado incineraciones desde hace más de diez años.

Un miembro armado de la Guardia Nacional de México vigila la entrada del Rancho Izaguirre

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En el caso de Ayotzinapa, la versión fiscal era polémica al asegurar que se quemaron más de 40 cuerpos en un solo lugar, ya que requería muchos recursos y condiciones especiales. ¿Crees que en el Rancho Izaguirre existían esas condiciones para realizar cremas masivas de forma sistemática y sin ser detectados?

Considero que las autoridades deben profundizar mucho más la investigación. Lo que puedo afirmar es lo que expresan los testimonios, que hablan de un método para secar los cuerpos para que las cremaciones sean más rápidas, reduciéndolos a pequeños fragmentos. Algunos arrojan restos en fosas sépticas.

Quienes cubren el narcotráfico desde hace años conocemos los variados métodos que usan los grupos criminales para no dejar rastros.

Por ello, considero que las autoridades tienen la responsabilidad de realizar una investigación exhaustiva.

Los testimonios refieren que las personas eran trituradas, los cuerpos desmembrados, expuestos al sol, quemados o enterrados. Describen hornos hechos con madera y piedras. Durante la visita al rancho, se observaron áreas con objetos quemados y pequeños restos carbonizados.

Pero no soy perito para asegurar si eso corresponde a cremación de huesos humanos. Un funcionario de Jalisco me indicó que probablemente solo fueron fogatas que generaron esos restos.

Por tanto, desde la labor periodística y ciudadana, la exigencia es profundizar y esclarecer estos hechos.

Una pancarta con rostros de tres estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa

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En el libro señalas que el Rancho Izaguirre no es un caso aislado, sino parte del entramado criminal. Probablemente destacó por la cantidad de zapatos y ropa, ¿pero existen muchos otros sitios similares en México?

En el libro también menciono otros campamentos de entrenamiento detectados. No obstante, no afirmo categóricamente que haya habido reclutamiento forzado en esos casos.

Lo cierto es que si el Rancho Izaguirre funcionó bajo el control de un cartel que domina al menos 20 estados, es plausible que empleen las mismas tácticas para reclutar en otros 20 estados.

Asimismo, sostengo que es necesario investigar muchas más áreas remotas en Jalisco: la Sierra, el corredor de Tala hacia Puerto Vallarta, donde testimonios mencionan más campamentos y ranchos.

Ya se han identificado algunos, como el Rancho de la Vega, del que el periódico El Universal recopiló testimonios de sobrevivientes que experimentaron condiciones semejantes a las del Rancho Izaguirre.

Claramente, no fue el único lugar donde se reclutó por la fuerza, entrenó y exterminó masiva o sistemáticamente a personas.

Lista con sobrenombres de posibles víctimas

Fuente de la imagen, GBJ

Si bien ya hay algunas condenas, aún no se ha logrado completar el panorama.

A un año de los hechos denunciados, quedan muchas preguntas sin resolver. Con el cambio de fiscal a Ernestina Godoy, debería notarse mayor eficiencia, avances y transparencia, aunque no se percibe tal progreso.

Se debe reconocer que tras el hallazgo, pocos días después se detuvo a “El Lastra” (José Gregorio N), figura mencionada varias veces por testigos como conductor de parte del rancho.

Luego se capturó a “El Coreano” (Héctor N, reclutador), a “La Leona” (Alma Rosa Rivera, reclutadora), y se abatió a Nemesio Oseguera “El Mencho”, líder del cartel.

Sin embargo, quedan muchas dudas por aclarar. La Fiscalía General de la República debe atender estas inquietudes junto con las familias que han identificado prendas de sus hijos y los colectivos que denuncian que existen más desaparecidos bajo las mismas técnicas de reclutamiento.

Las autoridades carecieron de una estrategia para evitar que los jóvenes siguieran siendo víctimas de estas prácticas.

Lo ocurrido no fue un acto aislado, no se trató de cinco o seis asesinatos en semanas, sino de un proceso sistemático y atroz que se extendió durante una década. Es imposible que haya funcionado solo con la detención de unas pocas personas.

No me refiero únicamente a la detención del alcalde, policias o pocas personas. Un engranaje de esta magnitud y crueldad requiere de una mayor complicidad policial, institucional y la persecución de los líderes involucrados.

Una mujer sostiene un celular con una foto de unas llaves de su familiar desaparecido

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¿Consideras que el caso del Rancho Izaguirre, que impactó a nivel nacional e internacional, crea condiciones para evitar que se repita, que exista otro rancho Izaguirre y que las autoridades puedan prevenir estos sucesos?

Lamentablemente no lo creo. Las denuncias persisten, los jóvenes siguen desapareciendo, y los colectivos evidencian rescates de personas que acudían a supuestas entrevistas laborales y luego descubren que en realidad se trata de algo oscuro.

No pienso que esto haya cambiado nada.

Sin embargo, ha marcado un antes y un después en la narrativa sobre la verdad y los indicios acerca de dónde se dirigen las personas desaparecidas en México.

Existe un estigma doloroso que debe terminar, que sugiere que quienes desaparecen tienen vínculos con el narcotráfico o pandillas.

Pero cada vez se registran más casos de niños, adolescentes y adultos reclutados por la fuerza.

Algunos son seleccionados por sus habilidades, como ingeniería, construcción o medicina, otros únicamente como mano de obra forzada para ser sicarios.

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