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- Autor, William Márquez
- Título del autor, BBC News Mundo
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Conocido como «el primer actor colombiano en Hollywood», así solía presentarse Evaristo Márquez. Aunque esta afirmación es algo exagerada (ya que al menos dos compatriotas suyos aparecieron en películas estadounidenses antes que él), fue sin duda el primer afrocolombiano que compartió protagonismo en una película internacional, nada menos que con Marlon Brando, considerado el mejor actor de su época.
Evaristo Márquez provenía de una vida campesina sencilla, nacido en un paraje remoto del norte colombiano y sin experiencia alguna en actuación, ni haber pisado una sala de cine. Aún así, fue elegido por el afamado director italiano Gillo Pontecorvo para participar en su obra épica «Queimada», cuya filmación principal tuvo lugar en la ciudad histórica de Cartagena entre 1968 y 1969.
Los críticos alabaron su desempeño actoral y aunque participó en otros cuatro largometrajes, su fama fue breve, regresando a sus labores en el campo dentro de su comunidad, donde se convirtió en una figura reconocida que compartía con los visitantes sus experiencias junto a una estrella de Hollywood.
Esta es la narración sobre cómo fue seleccionado para el papel, la relación que mantuvo con Brando, las transformaciones en su vida tras la grabación y las razones por las que no aprovechó, o no quiso aprovechar, la notoriedad obtenida.
Para ofrecer esta historia, BBC News Mundo dialogó con Enrique Márquez San Martín, músico, actor y líder étnico, hijo de Evaristo, y con Gustavo Tatis Guerra, periodista y escritor que entrevistó a Evaristo Márquez para el periódico El Universal en Cartagena.
Palenquero analfabeto
Evaristo Márquez nació el 23 de agosto de 1939 en San Basilio de Palenque, una localidad situada a unos 50 kilómetros al sur de Cartagena, Colombia.
«Era un pueblo sumergido en la selva, muy escondido e inaccesible. En ese momento, para llegar había que transitar unos 5 kilómetros de caminos sin pavimentar», describe Gustavo Tatis Guerra a BBC News Mundo.
Sus padres eran campesinos, Evaristo no tenía educación formal y era analfabeto; se dedicaba principalmente al cultivo de maíz y al cuidado del ganado.
El origen de esta población es particular. Fue fundada a finales del siglo XVI y principios del XVII por esclavos cimarrones, término usado para denominar a aquellos africanos que escapaban de los traficantes que los vendían en el puerto de Cartagena, que en ese entonces era uno de los principales centros del comercio esclavista en América.

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Los esclavos fugitivos se establecieron en una zona pantanosa del Canal del Dique, donde defendieron su comunidad construyendo estacas y cercos de madera, los cuales dieron nombre a Palenque.
San Basilio de Palenque es reconocida como la primera ciudad libre de América, con una historia cargada de resistencia que encajaba perfectamente con el tema del filme que los productores italianos decidieron rodar en Colombia en 1968.
Este pueblo aislado y su humilde habitante quedarían para siempre ligados a esta producción internacional épica.
«Queimada»
«Queimada» representó la primera película realizada por el radical e ingenioso director italiano Gillo Pontecorvo tras su célebre «La batalla de Argel», frecuentemente considerada una de las mejores películas de la historia.
Confiando en el éxito anterior, Pontecorvo llegó a Cartagena con un presupuesto de US$3 millones, elevando considerablemente el nivel para la época, y contrató un equipo de artistas premiados: la actuación principal de Marlon Brando, la banda sonora de Ennio Morricone y el guion de Franco Solinas.
Aunque la historia es ficticia, está inspirada en eventos y personajes reales. William Walker (Brando), un aventurero maquiavélico y megalómano, es enviado por el Almirantazgo Británico para provocar una rebelión de esclavos en una isla caribeña portuguesa, con la promesa de su liberación.
Se vincula al carismático esclavo africano José Dolores para que lidere la insurgencia y ambos forjan una relación cercana. Pero la verdadera intención de Walker es consolidar el dominio británico sobre la isla para lucrar con el comercio del azúcar.
Al sentirse traicionado, Dolores prefiere morir ahorcado antes que someterse a sus nuevos señores.

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Este film aborda temáticas como el colonialismo, el imperialismo y la esclavitud, cuestiones que se relacionaban con los conflictos actuales en Vietnam y la Guerra Fría —situaciones de gran interés para Pontecorvo— y reflejaba el estilo buscado, una mezcla entre «aventura romántica y cine de ideas».
Sidney Poitier, el primer actor afroestadounidense galardonado con un Oscar por un rol protagónico, fue considerado para interpretar a José Dolores, pero finalmente fue descartado por el director.
Así, la producción enfrentaba un reto: ¿dónde hallar un actor con el carisma, porte, carácter y experiencia necesarios para disputar la pantalla con una leyenda como Marlon Brando?
«Este es el negro que necesitamos»
Gillo Pontecorvo y su asistente Salvo Basile inspeccionaron la región «en busca de un actor natural, de piel negra, capaz de representar digna y auténticamente a un esclavizado», relata Gustavo Tatis Guerra.
Por azar, en la carretera sin pavimentar que conduce a San Basilio de Palenque, observaron a un campesino local montando un caballo mientras arreaba ganado. Era robusto, con músculos bien definidos, atractivo y con una mirada profunda.
«Este es el negro que necesitamos», exclamó Basile entusiasmado, según contó el mismo asistente en varias entrevistas. Se trataba de Evaristo Márquez.

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Al comienzo, Evaristo no entendió el intenso interés que esos extranjeros blancos tenían en él. «Se sintió observado y asustado, salió huyendo a caballo», recuerda el periodista del Universal.
Los italianos lo siguieron hasta su pueblo para investigar sobre su persona. Los vecinos hablaban mal de él: «Es un holgazán, no sabe leer ni escribir. ¿Para qué lo van a necesitar?», relata Tatis Guerra.
Pero Pontecorvo estaba resuelto. Tras aclarar las dudas y explicarle, a través de un intérprete, de qué se trataba todo, le hizo unas pruebas en cámara caminando y montando a caballo. Finalmente, logró persuadirlo para que abandonara su pueblo, su familia y su rutina diaria durante varios meses para formarse parte del rodaje.
Una revelación
La adaptación fue complicada. Fue alojado en el exclusivo Hotel Caribe, en la zona turística de Bocagrande. Evaristo nunca antes había pisado un hotel ni probado una alimentación diferente a la suya.
«La dieta en Palenque es sencilla y natural; se consume lo que se cultiva: yuca, ñame, plátano, arroz y pescado», explica Enrique Márquez San Martín, su hijo. «Cuando comenzó a recibir comida internacional, me dijo que tuvo dificultades».
El hecho de no saber leer ni escribir fue un reto cuando tuvo que aprender sus diálogos. «Le asignaron un profesor universitario, pero no se entendían porque mi papá hablaba palenquero (una mezcla de español con dialectos bantúes africanos)».
Finalmente contaron con un maestro local que le recitaba líneas para la filmación del día siguiente y él las memorizaba. «Estaba bajo mucha presión», señala Enrique Márquez.

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Sus primeros pasos frente a la cámara tampoco fueron destacados. «Al principio, Evaristo era terrible», comentó Pontecorvo al crítico Roger Ebert en una entrevista realizada en 1969 durante el rodaje.
«Tenía la expresión adecuada y la presencia correcta, pero tuvimos que enseñarle incluso a caminar. No tenía idea de lo que estábamos haciendo», expresó el director.
«El segundo día de rodaje», continuó Pontecorvo, «el guion requería una expresión irónica… hicimos 44 tomas».
Además, dado que Brando solo hablaba inglés y Evaristo su dialecto natal, en las escenas conjuntas la estrella estadounidense debía indicarle con gestos o señas desde fuera de cámara cuándo iniciar su diálogo.
Sin embargo, tras revisar las primeras grabaciones (rushes, en inglés), Pontecorvo quedó asombrado. Evaristo transmitía una autenticidad genuina y una intensa emotividad que competían con la habilidad actoral de Brando.
«Evaristo puede manejar escenas complejas», reconoció el director durante la entrevista con Roger Ebert. Desde ese momento, las rodaba en una sola toma.
«Las escenas con mi padre eran mucho más ágiles que las de Marlon Brando», asegura Enrique Márquez. «Como el texto que aprendía era esquemático, él improvisaba algunas partes y eso agradaba mucho al director».
La participación de Evaristo en «Queimada» fue un éxito en Colombia, llenó de orgullo a su comunidad y la crítica internacional lo aclamó como una revelación.

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Comiendo del mismo plato que Brando
A pesar de la barrera del lenguaje, tanto Brando como Márquez desarrollaron una conexión profunda. La reconocida estrella quedó impresionada por su coprotagonista, y de ahí nació una sólida amistad.
«Fue una relación fluida, divertida y fraternal», comenta Gustavo Tatis Guerra. «Además, Marlon Brando tenía una fuerte conciencia de justicia social e igualdad racial. En esos tiempos, vigilaba que no se vulneraran los derechos de las minorías».
El periodista narra un episodio que ocurrió cuando Brando descubrió que a Evaristo y a los extras colombianos no les servían la misma comida que a él.
«Estamos filmando una película sobre la esclavitud, pero tratamos al actor que interpreta a un esclavo como si fuera otro esclavo», recuerda Tatis Guerra que dijo Brando.
Esto desencadenó un fuerte enfrentamiento entre él y el director italiano, quien intentaba justificar que la comida que se daba a Evaristo y demás era su dieta habitual.
Sin embargo, Brando no cedió y, según Tatis Guerra, respondió firme a Pontecorvo: «Si no le das el mismo trato que a mí, yo no sigo filmando».
«En la entrevista que realizamos, Evaristo me contó que hay una escena que no está en la película donde Marlon Brando le dice: ‘vamos a comer del mismo plato'». Y eso fue lo que hicieron», recuerda el periodista.

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Enrique Márquez San Martín ratifica la amistad entre su padre y el actor estadounidense. «Lo admiraba mucho; incluso Marlon Brando quiso llevárselo a Estados Unidos, diciéndole que si viajaba con él, continuaría una carrera cinematográfica».
La verdad es que perdieron contacto y, según Tatis Guerra, la razón por la que tantos años después Evaristo Márquez buscó la redacción de El Universal fue para aprovechar la entrevista y, de alguna forma, reconectar con la legendaria estrella. Esto, sin embargo, nunca ocurrió.
Una joya olvidada
«Filmar esa película fue una experiencia intensa», recordó Marlon Brando acerca del rodaje de «Queimada», haciendo referencia a la logística, el abrasador calor de Cartagena que le provocó una erupción cutánea, y sus disputas con Pontecorvo por el trato desigual hacia el elenco y el equipo colombiano.
Enrique Márquez relata que su padre también ocasionó problemas a la producción. «Hubo un momento en que se volvió difícil manejarlo. Para rodar una escena, pedía que sus amigos fueran al hotel a estar con él y que les pagaran alojamiento y comida».
Luego de más de cinco meses de rodaje, el proyecto se desbordaba, sobrepasando el presupuesto establecido, y los patrocinadores, United Artists, amenazaban con despedir a Pontecorvo. Brando regresó a Estados Unidos y el rodaje debió concluir en Marruecos, Francia e Italia.
Debido a problemas en promoción y distribución, la película no tuvo éxito en taquilla, ni en Colombia ni globalmente. No obstante, con el tiempo, fue revalorizada y ahora es reconocida como cine de culto, considerada una joya olvidada del séptimo arte.
El mismo Brando, en sus memorias, afirmó que en «Queimada» ofreció una de sus mejores interpretaciones, a pesar de haber ganado un Oscar años después por su papel en «El padrino».

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«Oro puro» desaprovechado
Entre 1970 y 1974, Evaristo fue contratado para participar en cuatro películas extranjeras más: «El dios serpiente», «Arde», «Cumbia» y «Mulato». Sin embargo, la mayoría pertenecían al género erótico o de explotación sexual y no tuvieron gran repercusión. Finalmente, regresó a Palenque para continuar con sus labores rurales.
Gustavo Tatis Guerra considera que se trató de una ocasión desaprovechada. «Un actor como Evaristo Márquez era un tesoro, pero fue subestimado, ignorado y dejado de lado».
Otro aspecto, según su hijo, fue su tendencia a los excesos. «No sé cuánto le pagaron por la película, pero para Palenque él era millonario», explica. «Compró una finca, aumentó su ganado y además el alcohol le afectó mucho».
Enrique habla de anécdotas donde su padre gastaba grandes sumas en fiestas multitudinarias, mujeres y alcohol, y donde él siempre cubría los costos. Pero señala la falta de asesoramiento como factor para que su carrera no prosperara.
«Todos los que lo rodeaban querían pedirle algo, pero no le ofrecían orientación. Él me dijo que eso afectó mucho el final de su vida», expresa.

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No obstante, a pesar de sus excesos, Evaristo mantuvo su estatus como una figura respetada y admirada en su pueblo. Compartía sus historias sobre sus encuentros con el estrellato y se transformó en un mentor para jóvenes interesados en la actuación, según Tatis Guerra.
En sus últimos años, participó en dos cortometrajes, «Chimbumbe» y «El tambor mágico», centrados en leyendas, historia y cultura de Palenque.
Evaristo Márquez falleció el 15 de junio de 2013, a los 73 años.
La transformación de Palenque

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A pesar de los sueños que no se concretaron, más allá de su recuerdo, Evaristo Márquez dejó una marca profunda en San Basilio de Palenque.
Pasó de ser una aldea alejada y desatendida, sin red de alcantarillado ni agua potable, a recibir atención oficial. Mucho de ello se debió al impacto generado por su participación en una película internacional.
«El gobierno se vio compelido a brindar apoyo a la comunidad», indica Enrique Márquez. Con el tiempo, se pavimentaron caminos, se implementaron servicios públicos y se fundaron instituciones educativas.
El mundo comenzó a conocer la primera ciudad libre de América y, en 2001, la UNESCO la declaró Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Actualmente es un destino cultural y turístico. «Nadie que vaya a Cartagena deja de visitar Palenque», afirma Tatis Guerra.
De sus 19 hijos, Enrique fue el único que siguió la actuación y hace ocho años fundó el Festival Internacional de Cine Evaristo Márquez (FICEM) en honor a su padre.

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Aunque pequeño, FICEM es un proyecto artístico que entrelaza poesía, música y cine centrados en la diáspora africana, y «promueve la reflexión, la conciencia y la formación de jóvenes», según su creador.
Participan iniciativas locales e internacionales y el festival se realiza en espacios abiertos en Palenque.
«Palenque está ligado a una historia de cimarronaje, y esa historia de resistencia está profundamente conectada con la vida de mi padre», concluye Enrique Márquez San Martín.

