La localidad del Maresme se ha consolidado como un santuario de tranquilidad donde la estrella de la Selección se desconecta entre viñedos históricos.
Más información: La localidad del Maresme se ha afianzado como un refugio de serenidad donde la estrella de la Selección se relaja entre viñedos históricos y secretos de Gaudí.
Alella, un encantador pueblo con poco más de 10.000 habitantes, ubicado entre el mar Mediterráneo y la cordillera Litoral, representa mucho más que un exclusivo barrio residencial a apenas 20 minutos de Barcelona.
Este pequeño municipio del Maresme, reconocido como el lugar natal y refugio del futbolista Marc Cucurella, alberga entre sus calles un valioso patrimonio histórico. Es un destino distintivo que combina de manera notable la pasión artística, los enigmas señoriales y una tradición vitivinícola que se remonta a siglos atrás.
Pasear por el centro de Alella implica adentrarse en un remanso de paz donde el legado del Imperio Romano sigue presente. Sus viñedos, que se extienden por las laderas bañadas por el sol frente al mar, producen el vino que en su día fue considerado el auténtico néctar de los emperadores.
Durante la época gloriosa de la Hispania Romana, los escritores Plinio el Viejo y Marcial ya destacaban la excelencia de los vinos laietanos de esta región. Estas preciadas cosechas eran transportadas en ánforas de barro desde el Maresme hasta Roma, convirtiéndose en un producto indispensable en los banquetes de la élite imperial.
Actualmente, esta tradición agrícola permanece viva mediante la Denominación de Origen Alella, una de las zonas vitivinícolas más pequeñas y exclusivas de España, que continúa conquistando paladares con su característico vino elaborado a partir de la uva Pansa Blanca.
Cucurella: 5
No obstante, el vino de calidad no es el único valioso legado que resguarda este pueblo. En el centro histórico se encuentra la imponente Iglesia de Sant Feliu, un templo parroquial que guarda una joya artística de incalculable valor: un Cristo pintado por Antoni Gaudí en persona.
El famoso arquitecto modernista dejó en esta modesta parroquia una obra pictórica íntima, delicada y poco difundida de su talento creativo.
Observar esta enigmática pieza, situada además en un templo cuyas campanas del reloj fueron fundidas originalmente en Lima en 1772, aporta un elemento de misticismo y proyección global al patrimonio local.
Alella ha logrado encantar a lo largo del tiempo. Inicialmente, fue un centro de atracción para los patricios romanos; más tarde, se transformó en el destino veraniego favorito de la burguesía barcelonesa y, en la actualidad, es un remanso de paz al que figuras como Cucurella regresan para evadir la presión mediática.
Con sus masías medievales, las leyendas vinculadas a la Torre del Gobernador y el antiguo Dolmen de la Roca d’en Toni, este pueblo demuestra que su tamaño no define su verdadera magnitud. Alella sigue siendo un refugio ideal donde convergen la historia imperial, el arte contemporáneo y la tranquilidad diaria en armonía.

