La transformación de la universidad española: quince campus destacan y la especialización impulsa su reconocimiento

Existen unas pocas universidades, tanto públicas como privadas, a las que todos los estudiantes desean ingresar y cuya admisión resulta sumamente complicada.

Alumnos consultan su nota en la Selectividad del País Vasco.

Durante las décadas de los 80 y 90, el Gobierno y las CCAA promovieron un modelo educativo general con el fin de que la mayoría de jóvenes accediera a la universidad, en cualquier titulación, idealmente cerca de su domicilio. Este sistema parece haber alcanzado su límite coincidiendo con un momento en que la tasa de graduados en educación superior supera la media europea. Se transita hacia un modelo similar al estadounidense, donde un grupo reducido de universidades —públicas y privadas— acumulan la demanda y su acceso es muy restringido.

Actualmente hay más universitarios que nunca, aunque las plazas públicas permanecen estáticas. Las universidades no amplían la oferta en carreras con alta demanda, lo que provoca que las notas de corte se eleven a niveles sin precedentes; estos programas sólo admiten a los 50 mejores estudiantes de España. Esto genera una burbuja reputacional que se refleja en los indicadores. El ránking por disciplinas publicado ayer por QS destaca a alrededor de quince campus que se han separado del grupo principal.

España no sobresale en los ránkings internacionales globales, pero el análisis por estudios concretos sitúa a cinco facultades o escuelas universitarias entre las 20 principales del mundo (triplicando la cantidad respecto al año previo), además de alrededor de quince que destacan en las primeras posiciones. Destacan la Universidad de Barcelona, líder en ubicación (26) dentro del top 100, la mejor cifra en Europa; la IE University, con la mayor mejora neta a nivel mundial; así como las politécnicas de Madrid, Cataluña y Valencia, que resaltan en Arquitectura e Ingeniería. También la Universidad de Navarra destaca por sus estudios humanísticos y sanitarios, y la Complutense, que alcanza su mejor posición histórica en Odontología, ascendiendo al puesto 11º a nivel mundial.

¿Cómo logra España «la mejor posición de su historia» en este ránking? Las fuentes de QS explican que «las instituciones se están especializando en un amplio abanico de áreas clave con alta demanda estudiantil. Los graduados de estos programas son muy solicitados por las empresas y su investigación goza de gran reconocimiento entre la comunidad académica internacional».

No resulta casual que el crecimiento más notable se registre en disciplinas como Medicina, Enfermería, Odontología o Ingeniería, que presentan las tasas más elevadas de inserción laboral. «En las universidades españolas existen focos de excelencia que impulsan a los centros y los posicionan favorablemente. Incluso dentro de una misma universidad pueden coexistir grupos académicos muy destacados y otros menos», señala el ingeniero José Manuel Torralba, catedrático emérito de la Universidad Carlos III.

Más allá de este ránking, un estudio reciente de Funcas también evidencia «la diferenciación» que comienza a surgir en la universidad pública española. El informe muestra que el sistema universitario no sólo discrimina a los estudiantes, sino que también estructura sus trayectorias laborales de forma diferenciada, generando una jerarquía institucional y disciplinar visible en los resultados de empleo y salarios de los graduados. El economista Ismael Sanz, uno de los autores, afirma que «los estudiantes distinguen claramente entre unas instituciones y otras» y que «hemos pasado de cantidad a calidad». Por ejemplo, un graduado en ADE de una universidad pública de Madrid puede ganar 38.000 euros, 7.000 más que otro con la misma titulación en otro campus público de esa misma ciudad.

El estudio cruza datos de afiliación a la Seguridad Social con las notas de Selectividad y concluye que los centros más eficientes son 15, incluyendo la Universidad de Barcelona, la Autónoma de Barcelona y las Politécnicas, también destacadas en QS. Las universidades catalanas se posicionan favorablemente, dado que su modelo de financiación ofrece cierto margen para apostar por la excelencia y contratar a los mejores profesionales.

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