Los informes del Ministerio de Sanidad evidencian una tendencia firme tras cuatro años desde la implementación de la ley
El caso de Noelia Castillo ha vuelto a situar la eutanasia en el centro del debate público en España. Esta joven barcelonesa, quien recibió en julio de 2024 la autorización de la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña pero enfrentó retrasos debido a una disputa judicial iniciada por su padre, anunció esta semana que recibirá la prestación este jueves. Su situación ha reabierto una discusión que, más allá de casos puntuales, deja ya una huella estadística clara en los informes anuales del Ministerio de Sanidad.
Desde la vigencia de la ley, la prestación de ayuda para morir ha mostrado un crecimiento constante. El informe de 2024 indica 187 solicitudes en 2021, 515 en 2022, 804 en 2023 y 905 en 2024. De manera paralela, los procedimientos concluidos han aumentado también cada año, reflejando que la eutanasia ha dejado de ser una excepción administrativa para transformarse en una práctica cada vez más establecida dentro del sistema sanitario.
Un aspecto particularmente notable al analizar los informes es la distribución geográfica de las solicitudes. Los datos señalan una mayor prevalencia en el norte y noreste del país. Cataluña destaca con claridad en cifras absolutas desde el comienzo de la ley y, al observar la tasa por población, Navarra, Asturias y País Vasco también se sitúan recurrentemente por encima del promedio nacional. Más que un «norte» uniforme, los informes describen un eje norte-noreste con un peso mucho mayor comparado con el resto del territorio.
En cifras totales, la comunidad que registra más solicitudes desde el inicio es, sin duda, Cataluña: 65 en 2021, 175 en 2022, 219 en 2023 y 303 procesos concluidos relacionados con solicitudes en 2024. Asimismo, el País Vasco mantiene números relevantes con 34, 40, 58 y 75 respectivamente. Navarra, Asturias, Cantabria y Galicia también destacan en relación con su tamaño, aunque con cantidades inferiores.
Al considerar datos per cápita, el patrón del norte se manifiesta aún con mayor claridad en 2024, registrándose las tasas más elevadas en Islas Baleares (3,90), Cataluña (3,78), Navarra (3,39), Asturias (3,37), País Vasco (3,37), Cantabria (2,20) y La Rioja (2,78). Todas estas regiones permanecen por encima de la media nacional de 1,91 por 100.000 habitantes. La evolución histórica confirma esta tendencia: en 2022 Cantabria (2,90), Navarra (2,86) y País Vasco (1,81) ya mostraban tasas altas; en 2023 destacaron principalmente Navarra (3,57), Asturias (3,28), Cantabria (3,23) y País Vasco (2,62); y en 2024 continuaron liderando Navarra, Asturias y País Vasco.
No existe, sin embargo, una explicación definitiva para dicho patrón territorial. La evidencia académica más sólida hasta el momento proviene de Gaceta Sanitaria, publicación de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, que verificó que las diferencias entre comunidades permanecían incluso tras ajustar por población y por objetores. Esta investigación exploró diversas hipótesis y halló una correlación positiva entre renta per cápita y solicitudes, aunque sin identificar una causa única que explique completamente el sesgo hacia el norte.
A esta ausencia de una explicación concreta se añade otra limitación: el propio Ministerio reconoce que aún carece de variables suficientes que permitan comprender en profundidad los factores territoriales, tales como el nivel socioeconómico detallado o la influencia de ámbitos rurales frente a urbanos. Por ello, las interpretaciones más consistentes actualmente se centran en cómo se ha implementado la ley en cada región.
En este punto, intervienen las opiniones de expertos. Derecho a Morir Dignamente (DM) sostiene que Cataluña, Navarra y País Vasco comparten varios aspectos que ayudan a entender por qué la prestación funciona mejor en estos territorios: iniciaron con antelación la preparación para aplicar la ley, capacitaron a más profesionales, revisan sus procedimientos de forma regular, designaron personas de referencia para orientar a sanitarios y sus comisiones autonómicas no solo autorizaron o denegaron, sino que también desempeñan funciones consultivas. Esta combinación, en la práctica, minimiza fricciones y facilita la efectiva aplicación del derecho.
Desde DM también relacionan las diferencias territoriales con la respuesta desigual de las autonomías y con una aplicación a veces arbitraria de la ley. Su argumento es que donde el sistema apoya más al profesional y toma la prestación con seriedad, el derecho se ejerce con mayor normalidad; por el contrario, allí donde existe menor compromiso institucional, más burocracia o mayores reticencias, las solicitudes enfrentan mayores obstáculos.
Además, Eloy Girela, presidente del Comité de Bioética de Andalucía (CBA), aporta a El Confidencial un factor posiblemente determinante, ligado más a la idiosincrasia: «El carácter mediterráneo y la personalidad de la gente del sur ‘se aferra más’ a la vida y a la esperanza de vida», resume, aunque aclara que no posee certezas ni respaldo científico para sostenerlo.
Más allá del mapa territorial, los informes perfilan un solicitante bastante constante. En cuanto al sexo, la distribución se mantiene equilibrada entre hombres y mujeres a lo largo del periodo. No se observa una predominancia marcada ni masculina ni femenina en la demanda: el factor decisivo no es tanto el sexo como la condición clínica y el nivel de deterioro, generalmente asociado a la edad.
Respecto a la edad, predominan las personas mayores, con un peso destacado de quienes superan los 60 años y, en especial, de los mayores de 70. Esto indica que no hay una expansión hacia perfiles jóvenes o personas sin enfermedades graves, sino una concentración clara en pacientes de edad avanzada con patologías avanzadas.
Ese predominio de edades mayores también sugiere que la eutanasia está más presente en contextos de enfermedad crónica y deterioro acumulado. No se limita únicamente a pacientes con diagnóstico grave, sino a personas que, en muchos casos, presentan una disminución sostenida de la calidad de vida, con altos niveles de dependencia y dificultad creciente para realizar actividades básicas. Por tanto, la variable edad no actúa aisladamente, sino junto con la pérdida de autonomía, la fragilidad y el sufrimiento persistente, lo que refuerza la imagen de una prestación vinculada principalmente al tramo final de la vida.
Y es precisamente en las enfermedades donde el perfil se define con mayor claridad. El cáncer surge reiteradamente como la patología más frecuente entre quienes solicitan la eutanasia. En su mayoría, se trata de pacientes en fases avanzadas, con pronóstico limitado y sufrimientos persistentes que no se han logrado aliviar satisfactoriamente con los tratamientos disponibles. Junto con los tumores, el segundo grupo más numeroso corresponde a enfermedades neurológicas y neurodegenerativas, incluyendo ELA y otras patologías que no siempre implican una muerte inminente, pero sí una pérdida progresiva e irreversible de autonomía.
A estas dos grandes categorías se suman, en menor medida, enfermedades respiratorias crónicas, afecciones cardiovasculares avanzadas y cuadros de pluripatología muy relacionados con el envejecimiento. En estos casos no siempre predomina una sola enfermedad, sino una acumulación de dolencias que desembocan en una fragilidad extrema, dependencia severa y deterioro funcional continuo. Los informes subrayan así una idea central: más que un diagnóstico aislado, lo que influye en la solicitud es la combinación de enfermedad grave, sufrimiento persistente y pérdida significativa de autonomía.
Considerada en conjunto, la serie 2021–2024 refleja una prestación cada vez más consolidada y un perfil muy definido: personas mayores, con enfermedades oncológicas o neurológicas graves, y con una incidencia especialmente alta en comunidades del norte y noreste. El caso de Noelia Castillo ha vuelto a poner el tema en primera plana, pero los informes sugieren que, más allá del ruido político y judicial, la eutanasia en España ya cuenta con una realidad estadística propia y claramente delineada.

