Factores vinculados a los hombres y el riesgo de suicidio que deben conocerse

Las tasas de suicidio entre hombres triplican a las de las mujeres. No obstante, este problema recién ha comenzado a abordarse: estos son los españoles afectados por la paradoja del suicidio

Foto: Foto: Getty Images/ Barbara Alper /EC Diseño. EC EXCLUSIVO

La denominada paradoja de género en el suicidio no es un fenómeno reciente. Desde que comenzaron las estadísticas, se sabe que los hombres fallecen por suicidio (tres de cada cuatro casos) en mayor medida que las mujeres, a pesar de que estas últimas presentan una mayor ideación suicida y realizan más intentos (la relación es de uno a tres). No obstante, este dato ha permanecido oculto durante mucho tiempo bajo una capa de mitos. “Es porque son más violentos”, “responde a su impulsividad” o “forma parte de ser hombre”.

En años recientes, sin embargo, un número creciente de psicólogos, psiquiatras y profesionales sanitarios, tanto a nivel global como en España, buscan abordar el problema para lograr reducir los 2.902 suicidios masculinos ocurridos en España (más de 500.000 mundialmente) en 2024. Esto representa una tasa de 13,10 por cada mil defunciones. En cuanto a mujeres, las cifras son de 1.051 suicidios y una tasa de 4,87, confirmando así la proporción de uno a tres que caracteriza esta paradoja.

“La paradoja no radica en la estadística, sino en su interpretación”, explica a El Confidencial Miguel Guerrero, coordinador andaluz del Programa de Prevención del Suicidio, quien lleva años luchando para visibilizar este fenómeno y que lo abordó en el Encuentro sobre la prevención y posvención del suicidio organizado por la Asociación Papageno el viernes 13 de marzo. “Desde mi perspectiva, evidencia que interpretamos erróneamente el riesgo, sobre todo en hombres, cuyas formas de sufrimiento y solicitud de ayuda no encajan con los modelos tradicionales de detección y prevención”.

La conferencia llevaba por título Suicidio y hombres: lo que no estamos queriendo ver. ¿A qué se refiere concretamente? “La cuestión que evitamos formular es sencilla pero incómoda: ¿qué está ocurriendo con los hombres para que mueran por suicidio en proporciones tan elevadas y por qué no llegamos a tiempo para intervenir?”, responde el experto. “Lo que ignoramos es que el suicidio masculino no es únicamente un problema individual ni estrictamente de salud mental”. Se relaciona más con la construcción social y cultural de la masculinidad, “con mandatos de autosuficiencia, fortaleza, éxito y silencio emocional”.

El lugar común apunta, a menudo de manera culpabilizadora, a que se trata primordialmente de agresividad masculina (mismo factor que, por ejemplo, estaría detrás de la violencia de género), pero recientes investigaciones señalan múltiples otras causas y remarcando la relevancia del contexto. Uno de los puntos más reiterados es que para los hombres es más complejo verbalizar el malestar, lo cual, según Guerrero, “reduce fuertemente la posibilidad de una intervención oportuna”. En otras palabras, la mayoría de las intervenciones suponen que la persona en riesgo solicita ayuda o manifiesta su malestar. Los hombres tienden a no hacerlo.

Según Guerrero, los hombres llegan a la crisis “sintiéndose atrapados, fracasados o una carga para los demás”. Este malestar se expresa raramente con palabras y suele manifestarse mediante “retiro social, impulsividad o conductas de riesgo”. Si se observan señales indirectas en familiares, amigos o compañeros hombres, tales como aislamiento, irritabilidad, consumo de alcohol, colapso laboral o abandono de roles importantes, podría ser oportuno acercarse a ellos.

«Al afectar a hombres, tiende a naturalizarse: se asume que ‘les toca’»

Además, resulta fundamental el contexto social y personal. Según el experto, muchos problemas que afectan a hombres han sido deshumanizados. Son meramente cifras, sin reflejar experiencias concretas de sufrimiento como encarcelamiento, sinhogarismo, fracaso escolar, guerras, exclusión o suicidio. “Esta deshumanización provoca que no se active ni la compasión ni la prevención”, agrega. “Al tratarse de dificultades principalmente masculinas, tienden a normalizarse: se asume que ‘les toca’, que ‘pueden manejarlo’, que es parte del rol o que es un precio a pagar por tener ‘privilegios’”.

“¿Problema? Ningún problema”

Aun cuando alguien sospeche que su amigo, padre, hijo, compañero o conocido no está bien, es posible que le afirme estar bien cuando se le pregunte. Esta reacción es común, según un estudio de revisión publicado en Psychiatry International por un equipo liderado por Carmen M. Gálvez Sánchez, de la Universidad de Jaén. Cuanto más se ajusta un hombre a los rasgos de la masculinidad tradicional, mayor es el riesgo de suicidio.

“El concepto hegemónico de masculinidad, que implica ser duro, no mostrar emociones y no pedir ayuda, está muy vinculado a la ideación suicida, los intentos y los suicidios consumados”, explica Gálvez a El Confidencial. Entre los mandatos masculinos asociados al suicidio figuran la incapacidad para cumplir con la expectativa de proveedor; la represión emocional; la falta de autoeficacia, es decir, la incapacidad para valerse por sí mismo, o no lograr éxito en relaciones sexuales, “porque existe una fuerte relación con la virilidad”, aclara la investigadora.

Aunque la presión social es mayor entre los jóvenes, los mayores se suicidan más. (Foto: EFE/L. Rico)

La dificultad para expresar verbalmente emociones es aún más notable entre hombres mayores y jóvenes, indica la investigación. “Aunque la sociedad ha avanzado, este tipo de estudios muestra cómo persiste una educación patriarcal y androcéntrica que sigue reproduciendo el ideal de masculinidad dominante”, prosigue Gálvez. “En los jóvenes la presión del grupo de iguales es muy fuerte y busca eliminar cualquier desviación, por lo que adoptan conductas como consumo de pornografía o prostitución para obtener aceptación social”.

¿Por qué los hombres mueren más por suicidio si realizan menos intentos? Por lo general recurren a métodos más letales y actúan con mayor impulsividad en momentos críticos, lo que explica la paradoja de género. Sin embargo, Gálvez señala que, aunque la agresividad y violencia pueden influir, existen otras variables relevantes que contribuyen: no cumplir el ideal de éxito en las relaciones sociales, no sentirse capaces de resolver problemas por sí mismos o no poder sostener económicamente a su familia.

Frecuentemente se omite la importancia del contexto en el suicidio masculino, culpabilizando al individuo y olvidando su situación particular. “Los factores de riesgo difieren totalmente entre hombres y mujeres”, comenta Berta Moreno-Küstner, catedrática de psicología en la Universidad de Málaga. “En los hombres, los factores principales son consumo de alcohol y drogas, crisis económicas o la negación de problemas mentales. En este sentido, la sociedad les exige más: ser fuertes, evitar mostrar debilidad”.

«Implícitamente nos indican que no tenemos problemas, sino que somos el problema»

La catedrática lideró el diseño del plan de prevención de conducta suicida en la Universidad de Málaga, que contó con la colaboración de los profesores Lucía Jiménez-Feo, Jesús Oliver y Javier Ramos-Martín. Estudiaron a 2.200 estudiantes, y los resultados publicados en el Journal of Affective Disorders coincidieron con literatura previa: las mujeres tenían más ideación suicida (sin diferencia entre géneros en planificación e intentos), pero ambos grupos mostraban poca disposición a pedir ayuda, siendo los hombres un 36% menos proclives.

También era menos habitual que los hombres participaran en jornadas de prevención o colaboraran en investigaciones, sumando un obstáculo adicional. “Desde el inicio, o no les interesa o no se identifican con el tema”, explica. “Solo buscan ayuda en situaciones de gran angustia y gravedad”. Por eso, el siguiente plan de prevención tiene como objetivo alcanzar a esos hombres que no aparecen en las estadísticas pero son más vulnerables.

“Una perspectiva masculina en la prevención del suicidio debería partir de una idea esencial: los hombres no sufren menos, sufren de manera distinta y se expresan diferente”, coincide Guerrero. “En consecuencia, no basta con aplicar modelos neutros o diseñados para otros perfiles; es imprescindible adaptar la mirada y la intervención a las formas específicas en que se manifiesta el malestar masculino”. Otra paradoja vinculada al suicidio masculino es que la perspectiva de género se ha basado en el modelo del hombre blanco heterosexual como ideal hegemónico y, por tanto, “privilegiado”, sin considerar cómo esta condición afecta la salud mental de quienes encajan en ese patrón.

Un tabú que comienza a romperse

Las fluctuaciones culturales tampoco favorecieron la atención al suicidio masculino, al menos, hasta tiempos recientes. Por ejemplo, vincular automáticamente el suicidio con la violencia generaba una culpabilización del acto suicida que agravaba aún más la situación. “Ese discurso puede actuar como un tabú y, además, como un factor que genera culpa y silencio en muchos hombres con ideación suicida”, apunta Guerrero.

Muchas teorías psicológicas sobre el suicidio masculino, continúa, “tradicionalmente enfatizan factores internos o intrapsíquicos” como la elevada testosterona, la agresividad señalada o el consumo de drogas. “Como se observa, muchas de estas causas sugieren que el problema reside en el individuo, no en el contexto”, dice. “Implícitamente nos hacen creer que no tenemos problemas, sino que somos el problema”. Esto no solo constituye un tabú, sino “un marco explicativo que puede aumentar la culpa, el silencio y la falta de solicitud de ayuda en hombres con ideación suicida”.

Durante mucho tiempo fue un tabú común, coincide Moreno-Küstner. Cuando el vicerrectorado de Igualdad de su universidad le encargó un plan con perspectiva de género, ella tenía claro que debía ser una perspectiva masculina. La situación ha cambiado en los últimos cinco años, incorporándose “interpretaciones más críticas y enfocadas en el contexto, las presiones evolutivas, los mandatos de género vinculados al hombre, la socialización infantil, los roles o expectativas inculcadas desde la infancia y los valores culturales ligados a la masculinidad tradicional o hegemónica”, según Guerrero.

El paro, la incapacidad de ser proveedores materiales o la falta de autoeficacia son factores detrás del suicidio masculino. (Foto: Europa Press/Carlos Castro)

Por ello, propone dejar de enfatizar el suicidio, el método o las cifras, para centrarse en el momento en que “dejan de sentirse apoyados”. Es imprescindible un cambio de paradigma donde expresar pensamientos suicidas o sufrimiento, y sentirse fracasado, una carga o deprimido, sean vistos no como signos de vulnerabilidad, sino como indicadores de fortaleza e integridad. Para Gálvez, el núcleo está en “educar en modelos masculinos igualitarios más saludables que permitan desarrollar el potencial sin presión social”.

En ciertos casos, el suicidio masculino puede enmarcarse en esas “muertes por desesperación” mencionadas por Angus Deaton y Anne Case en su libro publicado en España por Deusto. En Estados Unidos, las muertes por sobredosis, adicción al alcohol o suicidio han provocado una reducción en la esperanza de vida masculina, afectando principalmente a la clase trabajadora. Aunque España está lejos de esta situación, es una alerta importante. “Cuando una muerte deja de conmover, deja de prevenirse”, concluye Guerrero. “Muchas personas se sorprenden al conocer las cifras de mortalidad por suicidio en hombres”.

Si necesita ayuda o considera que algún familiar o allegado la requiere, puede llamar o utilizar el chat del 024, línea de atención a la conducta suicida. En caso de emergencia, contacte al 112. Los profesionales del Teléfono de la Esperanza cuentan con 50 años de experiencia y pueden atenderle en el 717003717

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