Sumar fortalece su posición tras su contundente actuación: «El PSOE creía que aceptaríamos, pero hemos defendido nuestra postura»

La negativa de los cinco ministros a participar en la reunión del Consejo de Ministros si no se aprobaba el decreto de vivienda representó un hecho que el PSOE jamás pudo prever.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado viernes en La Moncloa.

«Bienvenidos a la política del Siglo XXI», pronunció el presidente del Gobierno desde su atril, tras un Consejo de Ministros que se desarrolló siguiendo al pie de la letra los términos de la convocatoria. Fue extraordinario en contenido -con la aprobación de dos reales decretos ley para mitigar las consecuencias de la guerra en Irán- y también excepcional en la forma, dado que por primera vez en la democracia la reunión se pospuso más de dos horas debido a que los cinco ministros de Sumar se encerraron en una sala contigua a la del Consejo y amenazaron con paralizar la sesión si el PSOE no aceptaba la prórroga de los alquileres.

No es la primera vez que el socio minoritario dentro del Gobierno de coalición protagoniza un episodio dramático en las instalaciones del Consejo en Moncloa. En julio de 2022, con motivo de la ampliación de la OTAN, la vicepresidenta Yolanda Díaz cuestionó dicha aprobación y, tras una áspera disputa con el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños -quien apelaba a la Ley de Gobierno para negarse a las demandas de Díaz-, el presidente decidió suspender la reunión del Consejo solicitando a los ministros de Unidas Podemos que reflexionaran. Esto último fue cumplido y, tras una hora, regresaron aceptando las posiciones socialistas.

«Aquello no tuvo tanta relevancia, lo del viernes fue otra cuestión, más seria», aseguran fuentes consultadas presentes en los salones donde se gestó una negociación algo desordenada, mientras los ministros socialistas esperaban con perplejidad y asombro el constante ir y venir de ambas partes. La noticia de que Sumar había lanzado un órdago sin precedentes fue filtrada a la prensa por los responsables de Comunicación del socio minoritario, generando sorpresa entre propios y ajenos.

Comprender la postura de los ministros de Sumar requiere remontarse a la semana complicada que atravesaron tras el descalabro en las elecciones de Castilla y León, sumándose al revés en Aragón del mes anterior. El área política a la izquierda del PSOE estaba en crisis, con ausencia total de estructura: no cuentan con siglas, ni liderazgo, ni órganos directivos en común. Cada ministro proviene de un partido distinto, la líder ha renunciado, y no existe autoridad ni siquiera moral para guiar la estrategia o las decisiones cotidianas. Estos partidos —salvo IU, que tiene ámbito nacional, mientras que los demás son autonómicos— saben que estar ahora en el Gobierno representa una carga para cierto sector de sus bases. IU pidió acelerar la elección del candidato para las generales. Pablo Bustinduy rechazó la opción tras la publicación en eldiario.es de que los partidos le habían solicitado asumir esa candidatura. Para cerrar esa semana, el muy esperado Gabriel Rufián anunció un encuentro con Irene Montero para discutir el futuro de la izquierda. Las peticiones de Sumar para incluir la prórroga de los alquileres en el decreto negociado por el PSOE con los grupos parlamentarios no fueron atendidas.

Cartel de publicado por Sumar tras el Consejo de Ministros

Con un ánimo nada alentador llegó la mañana del viernes y se desató el evento que Pedro Sánchez describió como «salseo». El presidente, siempre actualizado en el lenguaje de la Generación Z y redes sociales, presenció cómo los ministros de Sumar decidían causar un impacto inmediato, semejante a aquellos años en que trabajadores o estudiantes se declaraban en asamblea permanente hasta conseguir sus demandas.

El presidente y sus ministros socialistas creían que aprobarían un decreto antifrente de guerra sin incluir medidas habitacionales. Según confirmaron varias fuentes a este diario, Moncloa ofreció al ministro Ernest Urtasun la alternativa de un segundo decreto para prorrogar los alquileres, advirtiéndole que no tendría éxito en el Congreso porque Junts y PNV lo rechazarían. Las fuentes indican que esa propuesta no fue tomada en cuenta por Sumar la tarde-noche del jueves. Por eso, el presidente y los ministros socialistas se retiraron a descansar con tranquilidad.

Tras superar lo inesperado, Moncloa desmiente la tensión reflejada por los medios. «Lo ocurrido el viernes ha sido interpretado como tensión, confrontación, pulso o plante. No fue así. No fue para tanto. Se resolvió adecuadamente. Hubo un ambiente muy cordial, con un tono de colaboración y complicidad para hallar una solución que satisfaciera a todos. Fue mucho más sereno y natural de lo que parece. Apoyamos medidas en materia de vivienda, pero no podíamos poner en riesgo las acciones para ayudar a quienes sufren la subida del precio del combustible presentando un decreto que Junts y PNV estaban listos para tumbar. Así nos lo advirtieron. Para el Gobierno era una línea roja fundamentada en el principio de realidad. Se negociaron los votos necesarios con los grupos. Eso es lo esencial. Sumar puede mostrarse contento, pero no logró nada. Nosotros apostamos por la política seria, real, no por el teatro ni por fuegos artificiales».

Desde las fuentes oficiales del Gobierno se señala además que el PSOE debe mostrar «empatía» con las dificultades que atraviesa la izquierda en proceso de reconstrucción. «Comprendemos que la coyuntura política para ellos es complicada. Quizás se excedieron al anunciar que impondrían la prórroga de los alquileres, sabiendo que eso no se aprobaría. Pero cuando, antes de iniciarse el Consejo, buscaron un acuerdo para que el Gobierno lo aprobara y que todos los grupos asumieran su responsabilidad y se posicionaran en el Congreso, el presidente entendió que era necesario buscar una solución, porque lo contrario significaría el fin del Gobierno de coalición, y eso ninguno de los socios desea». «Nos apreciamos más de lo que parece y entendemos que necesiten visibilizarse», concluyen los colaboradores del presidente.

Quienes presenciaron el hecho cuentan que la conversación entre el presidente del Gobierno y los cinco ministros de Sumar, mientras se redactaba el segundo decreto, fue sumamente cordial. Les informó personalmente sobre los detalles de la cumbre europea. Sánchez había regresado de Bruselas a las 2 de la madrugada, sin imaginar lo que le esperaba en su despacho del edificio del Consejo de Ministros. La negociación, que se extendió más de dos horas, también incluyó una intervención telefónica del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, que desde Roma acompañaba a los Reyes en su audiencia con el papa León XIV.

La perspectiva desde los partidos integrantes de Sumar es distinta, con un cierto optimismo a pesar de que el Congreso rechazará su decreto. «El PSOE creía que aceptaríamos sus hechos consumados, pero no fue así. Nos hemos reivindicado frente al PSOE, hemos marcado la dirección, y eso permite justificar la existencia de una alianza de izquierdas. Haber arrancado esta medida a Sánchez, quien siempre se negó a considerarla, es significativo. Un gesto contundente que marca el proceder para lo que queda de legislatura», afirman fuentes de los partidos que componen Sumar.

Fuera del círculo de Moncloa, altos cargos gubernamentales opinan que este hecho, sin precedentes, ha proyectado una imagen nada favorable del funcionamiento interno del Gobierno de coalición. «¿Cómo es posible que no se tengan pactados y cerrados los decretos que se van a aprobar en un Consejo de Ministros extraordinario? ¿Por qué no se negoció antes con el socio minoritario? Parece que cedimos a la presión o chantaje de los socios, que se salieron con la suya, cuando además el Congreso tumbará el decreto. Ellos presentan que lograron su objetivo, pero quien queda mal frente a la ciudadanía es el Gobierno en su conjunto».

Tras numerosos reveses, el Gobierno ha aceptado la realidad: en el Congreso no existe una mayoría de izquierdas. El decreto con medidas de reducción de impuestos y otras iniciativas para mitigar las consecuencias de la guerra en Irán —que impactan principalmente en el aumento del precio del combustible— será aprobado por PSOE, Sumar, ERC, Junts, PNV y PP. Podemos y Vox ya anunciaron su voto en contra.

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