El TOC que afecta a tres generaciones: riesgos de heridas, lesiones y eccemas

Esta afección está definida en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales como un trastorno obsesivo-compulsivo en el que los individuos se arrancan el cabello de manera recurrente

Foto: Calva en la barba. (iStock) EC EXCLUSIVO

Un joven de 13 años acude a consulta por una calva en la cabeza ubicada en un área muy específica, y los médicos realizan unas pruebas para determinar su origen. La evaluación clínica, la dermatoscopia y el estudio anatomopatológico coinciden con un diagnóstico de tricotilomanía (TTM).

Esta patología se describe en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) como un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o relacionado, caracterizado porque los afectados se arrancan de forma repetida el pelo. “Esta conducta provoca una pérdida capilar que puede pasar desapercibida inicialmente por presentarse en zonas difusas; sin embargo, con el tiempo puede ocasionar heridas, áreas sin cabello, lesiones y eccemas”, detalla a El Confidencial la psicóloga general sanitaria Joselin Miranda.

El caso presentado, documentado en una investigación publicada hace años en la Revista Internacional de Tricología, llamó la atención de los profesionales sanitarios porque se constató que la tricotilomanía afectaba a tres generaciones: abuelo, padre y nieto.

En concreto, detectaron que el padre se arrancaba de forma continua el pelo de la barba desde la pubertad, y el abuelo paterno, de 60 años, también padecía episodios graves de arrancamiento capilar en la barba desde esa misma etapa, llegando incluso a impedirle salir de su casa en ocasiones. Según los autores, este sería el primer caso registrado de tricotilomanía en varias generaciones dentro de una misma familia.

El artículo concluye que la causa de la tricotilomanía es compleja y probablemente involucra factores biológicos, psicológicos y sociales, pero que esta evidencia respalda la hipótesis de una componente genética.

«El cuero cabelludo es la zona anatómica más frecuentemente afectada, aunque también se pueden ver afectados cejas, pestañas, extremidades, pubis, axilas y vello del tórax anterior. El diagnóstico puede ser realizado por diferentes profesionales sanitarios, según la ubicación de la afectación, involucrando dermatólogos, psiquiatras y/o psicólogos«, explica Miranda.

Del mismo modo, la psicóloga señala que la etiología de la TTM «aún no está completamente esclarecida»: «Diversos factores, que pueden actuar de forma independiente o conjunta, contribuyen a su desarrollo, incluyendo aspectos genéticos, psicológicos, sociales y neurobiológicos. Existen dos tipos principales: automática, en la que la acción sucede de forma inconsciente, y focalizada, que ocurre conscientemente como respuesta a situaciones de estrés emocional, tales como tristeza, ira o ansiedad. Asimismo, en ciertos individuos la acción de arrancarse el cabello genera un efecto de ‘contrairritación’, disminuyendo la percepción del estrés en el cerebro y aumentando, por tanto, la probabilidad de repetir esta conducta».

«Considerando esto, un hábito nervioso es un comportamiento repetitivo, usualmente involuntario, que se emplea para manejar una tensión puntual. Por otro lado, un trastorno de ansiedad es una condición persistente de salud mental que afecta la vida diaria, cuyos síntomas incluyen palpitaciones, sensación de ahogo y nerviosismo constante, sin que necesariamente la conducta de arrancarse el pelo forme parte de dichos síntomas. Sin embargo, la TTM es un comportamiento impulsivo y sumamente difícil de controlar en muchos casos. El objetivo es reducir la tensión emocional que impacta diversas áreas de la vida cotidiana, acompañándose de lesiones físicas y un marcado malestar emocional», explica la profesional.

En cuanto a las consecuencias de no tratar este problema, señala que la acción de arrancarse el pelo de cualquier parte del cuerpo de forma recurrente lleva a la alopecia. Por ello, advierte que las repercusiones psicológicas pueden incluir sentimientos de culpa, ansiedad, vergüenza, frustración, desesperanza, dismorfia corporal e inseguridad, entre otros. «En algunos casos, la TTM se asocia también con trastorno depresivo mayor, trastorno de ansiedad social, TOC, trastorno de estrés postraumático y trastorno por déficit de atención e hiperactividad», aclara.

Cómo se trata

Aunque el abordaje es complejo, Miranda afirma que la terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos más empleados. «Se enfoca en identificar y modificar pensamientos y patrones de comportamiento disfuncionales. Así, se puede ayudar al paciente a reconocer las señales que preceden al arrancamiento del cabello y evitar la respuesta, reemplazando esta conducta por reacciones más saludables y adaptativas», detalla.

Además, insiste en que si alguna persona presenta los síntomas y características de la tricotilomanía, «lo ideal es que consulte con el profesional adecuado para iniciar el tratamiento. También puede resultar útil trabajar en herramientas para el manejo del estrés, identificar los momentos en que surge la necesidad de realizar el acto, las emociones vinculadas y las consecuencias percibidas», añade.

Para finalizar, recuerda que la tricotilomanía «suele provocar gran malestar y vergüenza«. «Es fundamental que el entorno se acerque de manera respetuosa y empática. Con frecuencia, resulta difícil tomar conciencia de una situación compleja, aceptar una dificultad y buscar ayuda. Por eso, lo más recomendable es brindar apoyo con paciencia, comprensión, respeto y afecto, y, si fuera necesario, acompañar a la persona a consultar con el personal sanitario», concluye.

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