Razones por las cuales los estados del Golfo evitan represalias contra Irán

A través del parabrisas de un vehículo se ve el humo que se eleva desde una zona cercana al Aeropuerto Internacional de Dubái tras un ataque con drones que ha alcanzado un depósito de combustible.

Fuente de la imagen, Reuters

    • Autor, Luis Barrucho
    • Título del autor, BBC World Service
  • 34 minutos
  • Tiempo de lectura: 7 min

Irán continúa disparando misiles a lo largo del Golfo en el marco de su enfrentamiento con Estados Unidos e Israel.

El pasado jueves lanzó un ataque contra el complejo energético de Ras Laffan, en Qatar, después de que Israel efectuara un bombardeo en South Pars, Irán, una de las mayores reservas de gas natural del planeta.

Hasta la fecha, Qatar y los demás países del Golfo han optado por no replicar a Irán tras haber sido blanco de múltiples agresiones.

¿Por qué evitan responder con ataques y qué circunstancias podrían cambiar su postura?

Alta susceptibilidad, escasas ganancias

Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron su ofensiva conjunta contra Irán el 28 de febrero, Teherán reaccionó rápidamente atacando no solo a Israel, sino también a los estados del Golfo aliados a Estados Unidos.

Desde entonces, Baréin, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar, Omán y, especialmente, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), han sido blancos de estos ataques.

Además de apuntar contra instalaciones militares estadounidenses en la región, los representantes del Golfo acusan a Irán de atacar infraestructuras civiles, incluyendo aeropuertos, hoteles, áreas residenciales y, en particular, obras energéticas.

No obstante, estas naciones han preferido no lanzar contraataques directos hacia Irán ni involucrarse abiertamente en el conflicto bélico.

Según Sina Toossi, investigador sénior no residente en el Center for International Policy, “Desde su perspectiva, no consideran que esta sea su guerra y responder implicaría el riesgo de pasar de ser actores vulnerables a ser objetivos prioritarios, ya que tienen mucho más que perder que ganar”.

Esta postura de moderación responde a “una mezcla de vulnerabilidad, evaluación estratégica y beneficios limitados”, añade Toossi.

Las economías de estos estados están estrechamente ligadas a sus infraestructuras energéticas, rutas marítimas y la confianza de los inversores, subraya Toossi, y todos esos elementos han sido claramente perturbados por Irán.

En particular, Irán ha utilizado el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz —dos rutas marítimas esenciales para la economía global— como su principal argumento de presión, explica.

Por su parte, Bilal Saab, director gerente sénior de Trends Research & Advisory y exfuncionario del Pentágono durante la primera administración Trump, opina que si los países del Golfo continúan sin atacar a Irán, “prácticamente envían a Teherán el mensaje de que puede causar daños severos sin enfrentar represalias”.

“El propósito de responder con ataques sería, en el corto plazo, forzar a Irán a detener sus ofensivas y, a largo plazo, establecer un nivel de disuasión ante futuras agresiones iraníes”.

No obstante, advierte que los riesgos serían “notables”, dado que no está claro si un ataque por parte de estos países cambiaría el curso de la guerra o resultaría estratégico.

Asimismo, Rob Geist Pinfold, profesor de seguridad internacional en King’s College London, observa que existe reticencia por parte de los estados del Golfo a alinearse plenamente con Israel y sus objetivos regionales.

“Hay una percepción de que Israel ha involucrado a Estados Unidos en esta guerra”, añade.

Un mapa muesta los países del Golfo atacados por Irán.

“Los fantasmas de 2003 continúan presentes”

Vista de la parte dañada de la Torre Dubai Creek Harbour tras el ataque con un dron iraní en Dubái

Fuente de la imagen, EPA

Para numerosos líderes del Golfo, la guerra de Irak encabezada por Estados Unidos aún proyecta una influencia profunda en el pensamiento regional, según Pinfold.

En 2003, Estados Unidos invadió Irak y derrocó rápidamente a Saddam Hussein, pero esto dejó un vacío de poder que derivó en insurgencias, violencia sectaria y años continuos de inestabilidad tanto en Irak como en la región.

“Los fantasmas de 2003 aún están presentes”, señala Pinfold.

“Temían que la intervención desatara el caos y la inestabilidad, además de permitir que Irán expandiera su influencia. Y en gran medida, sus temores se confirmaron”.

Pinfold subraya que los estados del Golfo temen que Estados Unidos esté inmerso en una “campaña interminable, sin objetivos definidos ni una estrategia clara para el periodo posterior al conflicto”, y que la región termine asumiendo las consecuencias.

A pesar del descontento por que Estados Unidos e Israel hayan iniciado esta guerra, estas naciones continúan dependiendo enormemente de la protección militar estadounidense.

Además de alojar bases y tropas estadounidenses, varios países del Golfo comparten información de inteligencia y confían en sistemas de defensa aérea provenientes de Estados Unidos.

Funcionarios del Golfo indican que estas defensas aéreas han interceptado la mayor parte de los misiles lanzados por Irán.

“Aunque a nivel político cuestionan a Estados Unidos, en términos operativos y militares dicha relación ha sido puesta a prueba y, de hecho, ha resistido bastante bien”, afirma Pinfold.

Desde que comenzaron los ataques el mes pasado, Estados Unidos ha planteado distintos objetivos para su campaña, que van desde eliminar la capacidad de Irán para fabricar armas nucleares hasta un cambio completo de régimen.

No obstante, los líderes del Golfo consideran que la diplomacia es el único camino viable para detener los ataques, explica Pinfold.

“La única forma de asegurar que ninguno sea atacado es alcanzar un acuerdo y lograr un compromiso negociado”.

Dinámicas regionales divididas

Los vehículos circulan por una carretera mientras el humo se eleva desde la refinería de petróleo de Ras Tanura, propiedad de Saudi Aramco, tras un presunto ataque con drones iraníes.

Fuente de la imagen, Reuters

Pinfold señala que Irán no ha dirigido ataques con la misma intensidad hacia todos los estados del Golfo, reflejando las diferentes relaciones que mantiene con cada uno de ellos.

Los Emiratos Árabes Unidos se cuentan entre las naciones más atacadas durante este conflicto.

En 2020, tanto ellos como Baréin establecieron relaciones diplomáticas formales con Israel.

Por otro lado, Omán, que tradicionalmente ha actuado como mediador entre Irán y Occidente, ha sido menos afectado por los ataques de Teherán.

“Omán fue el único país del Golfo que felicitó públicamente al nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí”, indica Pinfold. “Esto generó descontento en otras capitales del Golfo”.

Mohammed Baharoon, director general del Dubai Public Policy Research Center, comentó que “Irán está incentivando a que el Golfo se coaligue contra él cada vez más”.

“Al atacar a estos estados, Irán los convierte en adversarios y corre el riesgo de desatar un conflicto más amplio que nadie desea”, agregó.

Después de una reunión de ministros de Exteriores del Golfo en Arabia Saudita este miércoles, los países árabes subrayaron su derecho a la autodefensa conforme al artículo 51 de la ONU.

¿Qué factores podrían provocar represalias?

Edificio dañado por un ataque con drones iraníes en Juffair, Manama, Baréin

Fuente de la imagen, Reuters

Aunque por ahora los estados del Golfo se abstienen de replicar, el doctor H. A. Hellyer, investigador sénior asociado del centro británico RUSI, señala que “la situación política podría modificarse con rapidez”, especialmente si continúan o se incrementan los ataques que afectan las exportaciones energéticas.

Una circunstancia que podría cambiar la postura sería un ataque masivo contra infraestructuras energéticas, añade.

Tras el ataque al complejo energético de Ras Laffan en Qatar el jueves, Irán prometió causar la “destrucción total” de los aliados estadounidenses en el Golfo si persistían los ataques contra sus propias instalaciones.

Otro giro podría darse si los aliados regionales de Irán atacaran directamente a estos países.

“Si los hutíes los atacan… eso abriría un nuevo frente”, explica Pinfold.

En este escenario, los estados del Golfo podrían considerar el conflicto como propio, no solo de Estados Unidos e Israel, añade.

Se eleva el humo tras un ataque contra la refinería de petróleo Bapco en la isla de Sitra, en Baréin

Fuente de la imagen, Reuters

Pinfold afirma que, aunque por ahora los estados del Golfo no han respondido, la estrategia de Irán es “extremadamente peligrosa”.

“Los iraníes están quemando todos los puentes que mantenían con estos países, lo que muestra hasta qué punto perciben este conflicto como una cuestión de vida o muerte”, concluye.

Hellyer sostiene que los estados del Golfo “no tolerarán” ataques iraníes contra ellos de forma indefinida, sobre todo cuando se dirigen a objetivos civiles.

Finalmente, considera que la estratégica arriesgada de Irán —presionar a estos estados para que limiten su apoyo a Washington— probablemente terminará siendo contraproducente.

“(Estos países) podrían decidir que, aunque en un principio estuvieron en contra de la guerra liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán, ahora su propia seguridad está amenazada por las represalias iraníes y que conviene apoyar la campaña estadounidense para neutralizar la amenaza inmediata que representa Irán”.

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