El sorprendente caso de Patty Hearst: la heredera millonaria raptada que se sumó a la lucha armada de sus secuestradores

Patty Hearst, una joven rubia vestida con un buzo cuello tortuga, un sweater y una gabardina, siendo escoltada por dos agentes del FBI, una mujer y un hombre.

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    • Autor, Greg McKevitt
    • Título del autor, BBC Culture*
  • 25 minutos
  • Tiempo de lectura: 10 min

En 1974, Patty Hearst fue secuestrada por un grupo revolucionario, según reporta la BBC. Sin embargo, hace 50 años, el 20 de marzo de 1976, fue hallada culpable de haberse alineado con sus captores.

«Mamá, papá, estoy con una unidad armada que posee armas automáticas».

Patty Hearst, una universitaria de 19 años e heredera de un imperio mediático, fue secuestrada en febrero de 1974 en su apartamento, ubicado fuera del campus de Berkeley, California.

A poco más de una semana, una grabación donde se escuchaba su voz permitió a su familia confirmar que seguía viva.

Este tipo de casos suele describirse como la pesadilla de cualquier padre, aunque los detalles que rodearon este eran particularmente singulares.

Elementos como la alta sociedad, el trauma psicológico y la violencia extrema mantuvieron a Hearst en el centro de la atención nacional, compitiendo en cobertura televisiva incluso con el escándalo del Watergate, que ocurría paralelamente.

Cuando fue grabada por cámaras de seguridad participando en un robo bancario, empuñando una metralleta, apenas dos meses tras su secuestro, el desenlace sorprendió a todos.

¿Había sufrido un lavado de cerebro o actuaba como cómplice voluntaria?

SLA

Un graffiti que lee "Viva SLA"

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Los secuestradores formaban parte del Ejército Simbionés de Liberación (SLA, por sus siglas en inglés), un grupo clandestino de extrema izquierda entre muchos que surgieron en esa época.

Desde Estados Unidos, el corresponsal de la BBC, John Humphrys, señaló que poco se conocía del grupo: «aparte de lo que ellos mismos han expresado en distintos comunicados y el hecho de que los miembros del SLA están dispuestos a matar por su causa».

La primera víctima del colectivo fue Marcus Foster, superintendente escolar de Oakland, California, quien fue fatalmente tiroteado por intentar implementar guardias de seguridad en las escuelas públicas locales.

Fue atacado con balas recubiertas de cianuro en noviembre de 1973.

En el caso de Patty Hearst —su segunda víctima—, señaló Humphrys, el «delito» fue, simplemente, haber nacido dentro de la familia Hearst: una dinastía extremadamente rica y, por su dominio de los medios, muy influyente; símbolo, para el SLA, de la sociedad capitalista que buscaban derribar.

Randolph Hearst, su padre, era editor del San Francisco Examiner y líder de la familia mediática.

Su abuelo, William Randolph Hearst, fue el magnate periodístico cuya vida inspiró al cineasta Orson Welles para crear —de forma libre— el clásico Citizen Kane («Ciudadano Kane»).

Los impactantes titulares y el relato dramático en los que Hearst basó su imperio reaparecieron años después en la intensa cobertura televisiva del secuestro de su nieta.

William Randolph Hearst, sentado en un gran escritorio de madera con varios objetos dorados encima.

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A pocos días del secuestro, el SLA comenzó a entregar cintas de audio a los medios, en las que exigían que la familia Hearst financiara un programa masivo de distribución de alimentos para personas necesitadas en California.

Donald «Cinque» DeFreeze, líder del SLA, declaró en un mensaje dirigido a los Hearst que estaba «totalmente dispuesto a ejecutar a su hija para salvar a hombres, mujeres y niños de todas las razas que mueren de hambre».

En esas grabaciones también se escuchaba la voz de Patty, comunicando a sus padres que estaba con un grupo armado.

«Este grupo no es solo un puñado de lunáticos. Han sido sinceros conmigo, pero están dispuestos a morir por lo que defienden».

Una grabación posterior, cuatro días después, decía: «Es realmente triste escuchar que se piensa que estoy muerta».

La familia Hearst aceptó la demanda del SLA de entregar US$2 millones en alimentos, considerado en ese momento el rescate más peculiar pagado hasta la fecha.

John Humphrys de la BBC comentó que «el auténtico William Randolph Hearst —un reaccionario arrogante que en su momento dijo que solo la gente adinerada resulta interesante— probablemente jamás habría imaginado una situación así».

Se establecieron centros de distribución en zonas desfavorecidas de Los Ángeles y San Francisco, donde miles de personas hicieron cola para recibir bolsas con pavo, pan, leche, huevos, frutas y verduras.

«He optado por quedarme y luchar»

Una calle en la que se están repartiendo alimentos, por parte del banco de alimentos de la familia Hearst. Hay mucha gente en la calle, en una escena desordenada.

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En ciertos bancos de alimentos se vivieron episodios caóticos.

En Oakland, una multitud de 5.000 personas estalló en cólera cuando los organizadores arrojaron los víveres desde una ventana.

Un policía fue apuñalado y un asistente perdió el conocimiento cuando la gente comenzó a devolver las latas de comida lanzándolas.

Muchos beneficiarios inicialmente rechazaron la ayuda, expresando su descontento con las tácticas del SLA.

Un habitante de Los Ángeles afirmó: «Valoro la vida humana un poco más que una bolsa de alimentos».

Durante un mes, la joven Hearst afrontó una presión psicológica intensa mientras se mantenía oculta en los pequeños refugios del grupo. En una grabación, describió el programa de ayuda como «un desastre absoluto», resaltando que la mayoría de la comida era de baja calidad.

«No parecía la clase de alimento que nuestra familia suele consumir», comentó.

¿Seguía hablando bajo presión?

Patty Hearst, vestida con camuflados, tirantas y una boina negra, sostiene un arma semiautomática, frente al escudo del SLA: una cobra negra de siete cabezas.

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Semanas después, el 3 de abril de 1974, apareció la grabación más impactante de Hearst: «Me ofrecieron elegir entre: 1, ser liberada en una zona segura; o 2, unirme al Ejército Simbionés de Liberación y luchar por mi libertad y la de todos los pueblos oprimidos. He optado por quedarme y luchar».

Reveló que el SLA la había renombrado como Tania, en honor a una guerrillera judía-alemana que combatió junto a Che Guevara en Bolivia.

Junto a la cinta, se difundió un cartel que la mostraba con uniforme de combate y un arma automática frente al emblema del SLA: una cobra de siete cabezas.

Randolph Hearst expresó a los periodistas su incredulidad: «La hemos tenido durante 20 años; ellos, 60 días. No creo que sus convicciones cambien tan rápidamente ni de manera permanente».

Su madre, Catherine, compartía esa opinión: «Conozco muy bien a mi hija, sé que nunca se uniría a una organización así sin ser coercionada».

El 15 de abril de 1974, Patty Hearst dejó de ser solo una víctima para convertirse en fugitiva luego de que cámaras de seguridad la mostraran con un arma de asalto durante un robo.

Para la opinión pública, la situación resultaba confusa: ¿realmente adoptó el extremismo, o fue víctima de un lavado de cerebro?

Los medios y las autoridades se dividieron al respecto.

Una semana después, en un nuevo audio, ella se mostró firme: «Para quienes aún piensan que me lavaron el cerebro o estoy muerta, no veo razón para continuar defendiendo mi inocencia… Soy soldado del Ejército del Pueblo».

Días más tarde, calificó a su prometido, Steven Weed —presente durante su secuestro— de «cerdo sexista que discrimina por edad».

Presionados, el SLA trasladó su base de San Francisco a Compton, en el centro-sur de Los Ángeles.

Un agente del FBI tiene una escopeta en las manos, mientras en el fondo se ve una casa incendiándose.

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El 17 de mayo de 1974, el FBI cercó su refugio tras recibir información sobre personas armadas transportando armamento pesado.

Los equipos de televisión, al enterarse del asedio, se desplazaron rápidamente al lugar.

Tras lanzar granadas de gas lacrimógeno y un intercambio de disparos, el inmueble se incendió.

Seis miembros del SLA murieron en el fuego, incluidos algunos captores de Hearst.

Sentencia de 7 años

Patty Hearst, con una camiseta a rayas, en la fotografía de registro de su arresto por parte del FBI

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En su último audio, del 7 de junio de 1974, Patty Hearst rindió homenaje a los caídos en el tiroteo.

«Quiero hablar de cómo conocí a nuestros seis camaradas asesinados, porque la prensa, esos cerdos fascistas, han pintado, como acostumbra, una imagen distorsionada de estas valientes hermanas y hermanos», manifestó.

Luego, guardó silencio.

Permaneció más de un año fugitiva hasta que fue detenida el 18 de septiembre de 1975 en San Francisco.

Cuando le preguntaron su ocupación, respondió: «Guerrillera urbana».

Para el juicio por robo armado en un banco, su versión cambió radicalmente.

Su defensa sostuvo que fue amenazada de muerte, agredida sexualmente y sometida a un lavado de cerebro mediante «persuasión coercitiva».

Se presentó como víctima traumatizada que participó en actividades del SLA por instinto de supervivencia.

Sus abogados argumentaron que sufría del síndrome de Estocolmo, un término reciente para describir el apego irracional de ciertas víctimas hacia sus captores.

La fiscalía respondió mostrando grabaciones y fotos donde ella aparecía cometiendo delitos, utilizando la retórica del SLA y rechazando oportunidades para fugarse.

Aseguraron que actuó voluntariamente, o al menos con pleno conocimiento de causa.

Durante el juicio, Hearst mantuvo una postura rígida, mostrando frecuentemente apatía o distancia emocional.

La defensa explicó este comportamiento como resultado del trauma; la fiscalía, en cambio, como señal de indiferencia.

El 20 de marzo de 1976, tras un juicio de siete semanas, el jurado la declaró culpable.

Recibió una pena de siete años de prisión federal, que el presidente Jimmy Carter conmutó tras cumplirse 22 meses de encarcelamiento.

En 2001, el presidente Bill Clinton le otorgó un indulto total.

Un cambio en su vida

Patty Hearst junto a su esposo, se abre su chaqueta para revelar una camiseta que dice "Perdónenme"

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Tras salir de prisión, Hearst se instaló en un estilo de vida más tranquilo y contrajo matrimonio con su guardaespaldas dos meses después.

Lo había conocido en 1976 durante su libertad bajo fianza, esperando la resolución de su apelación.

Se dedicó a escribir y actuar; en 1988, Natasha Richardson la interpretó en una película biográfica basada en su vida.

Participó en varias películas de John Waters, el controvertido escritor y director, a quien conoció en un viaje promocional al Festival de Cine de Cannes.

En 1981, promocionando su autobiografía, fue entrevistada por Barbara Walters, de ABC News.

Admitió que inicialmente no creía haber sido lavada el cerebro durante su tiempo en el SLA, pero luego cambió de opinión.

«Tengo una personalidad bastante fuerte», aseguró.

«No me gusta pensar que alguien pueda doblegarme o que soy tan débil como para permitir que otros me controlen; pero pudieron hacerlo, y lo hicieron».

Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente por BBC Culture. Para leer la versión en inglés original, haz click aquí.

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