Relaciones entre España e Israel tras 40 años de un pacto diplomático inalcanzable en medio de su crisis actual

Sánchez, al renunciar a la máxima representación diplomática en Tel Aviv, responde a la ruptura propuesta por Netanyahu. La postura del Gobierno respecto al reconocimiento de Palestina y la crítica a la ofensiva tras el 7-O subrayan la división.

Benjamin Netanyahu saluda a Pedro Sánchez

Las relaciones entre España e Israel se encuentran en mínimos históricos. El Ministerio de Asuntos Exteriores decidió el martes pasado retirar a la embajadora, quien estaba en consultas sine die y cuyo mandato culminaría con su jubilación. A esta decisión se unió otra: no solicitar el plácet para un nuevo jefe de misión, dejando la representación española a cargo de un encargado de negocios. Con esta acción, España equipara su representación a la de Israel, que desde el verano pasado mantiene en España un encargado de negocios sin reintegrar a un embajador.

Este distanciamiento diplomático se produce en el 40 aniversario de la apertura de la Embajada en Tel Aviv. Desde la creación del Estado de Israel, España tardó casi cuatro décadas en normalizar sus relaciones, tras una marcada desconfianza en los primeros años del franquismo, un posterior desinterés y una década final de negociaciones hasta llegar a un acuerdo.

Durante los años 50, Franco, a pesar de que la concepción inicial del Estado hebreo se basaba en principios progresistas —incluido el respaldo de la URSS—, intentó aprovechar a Israel para romper su aislamiento internacional. Sin embargo, Tel Aviv rechazó esta vía, recordando la complicidad del franquismo con el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la adhesión de España a la ONU y sus pactos con EEUU, Madrid dejó en segundo plano a Tel Aviv y la comunicación no se intensificó hasta la Transición, iniciada con los esfuerzos de la UCD y culminada por el PSOE, destacando la contribución de Enrique Múgica Herzog, de ascendencia judía. El acuerdo firmado el 17 de enero de 1986 se ha fracturado ahora como nunca antes.

«Han sido 40 años de relaciones diplomáticas constructivas, positivas y necesarias. Han existido momentos difíciles como el actual, pero las crisis son la forma en que se resuelven los conflictos de modo diplomático y civilizado», señala a EL MUNDO Alberto Priego, director del Máster en Asuntos Internacionales de Comillas ICADE. Añade que la decisión de España de no contar con embajador en Tel Aviv «es exactamente lo que Israel hizo anteriormente; un encargado de negocios representa un nivel 3 diplomático, que es la categoría que Israel mantiene en Madrid».

El deterioro en las relaciones entre Israel y España se originó tras la reacción del gobierno de Benjamin Netanyahu a los ataques de Hamas el 7 de octubre de 2023. Después de ese atentado que causó más de mil víctimas y dejó 254 rehenes, el presidente israelí lanzó una ofensiva destinada a controlar a los gazatíes, con una guerra que podría durar dos años y un plan para anexar la Franja de Gaza. España respondió con el reconocimiento del Estado Palestino, el incremento de la ayuda humanitaria a través de UNRWA de Naciones Unidas y un embargo de armas a Israel. Esta última medida, polémica, obligó a modificar los planes de Defensa para cumplir con las exigencias de los aliados de Sánchez, provocando una crisis diplomática que persiste.

No obstante, señala Priego: «No se debe transferir la mala relación al conjunto de la sociedad civil israelí», limitando el conflicto al trato político con Netanyahu, quien enfrenta una orden internacional de detención. «El Gobierno de España no mantiene enemistad con toda la sociedad israelí. Netanyahu es un elemento negativo en la relación bilateral, pero no representa a todo Israel. De hecho, en Israel critican a Netanyahu y su política de prolongación de la guerra», recuerda.

Desde Felipe González, todos los presidentes del Gobierno han visitado Israel, incluyendo Pedro Sánchez durante el inicio del conflicto en Gaza. También han acudido todos los ministros de Exteriores, salvo José Manuel Albares. El mayor papel de España fue en 1991, al albergar la conferencia de Paz para impulsar la resolución de los conflictos en Oriente Próximo tras la Guerra Fría, una cumbre promovida por Estados Unidos y la Unión Soviética. Partiendo de esa experiencia, España se ofreció nuevamente como mediadora durante los recientes ataques, aunque el régimen de Netanyahu no considera a Sánchez un interlocutor viable ni de confianza.

A pesar de que el comercio bilateral ha mantenido cierta estabilidad en estas décadas, el entorno político ha influido en la economía. Uno de los aspectos más delicados ha sido el comercio de material militar. Aunque los datos del Ministerio no estén actualizados, el impacto económico general del embargo de armas ha sido limitado, puesto que la mayor parte del comercio se centra en sectores civiles. Las exportaciones industriales y los intercambios tecnológicos siguen su curso, aunque algunos expertos señalan una reciente ralentización en las ventas españolas, aún no reflejada en cifras oficiales. Mientras persista el conflicto en Oriente Próximo y Sánchez y Netanyahu continúen al frente de sus gobiernos, las posiciones parecen irreconciliables.

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