Ermita singular en Soria construida sobre una cueva junto al río Duero que merece tu atención

Un enclave singular alberga uno de los monumentos más impresionantes del legado soriano. Naturaleza, historia y mito se entrelazan en un sitio que ha cautivado durante siglos a viajeros, poetas y personas curiosas

Foto: Una ermita que se posa sobre una cueva a orillas del río Duero. (Turismo de Castilla y León)
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A la orilla del río Duero, en uno de los escenarios más sugestivos de Soria, emerge un monumento que asombra a sus visitantes por su emplazamiento único. Esta ermita edificada sobre una cueva, envuelta en naturaleza y relatos legendarios, se ha consolidado como uno de los sitios más representativos del patrimonio soriano. El conjunto fusiona historia, espiritualidad y un ambiente natural que ha inspirado a numerosos escritores y viajeros a lo largo del tiempo.

Se trata de la Ermita de San Saturio, uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad y consagrado al patrón de Soria, cuya celebración anual se realiza cada 2 de octubre. El templo se localiza en la margen izquierda del Duero, entre el cerro de Santa Ana y el monte de las Ánimas, asentado sobre una cavidad natural que condiciona su diseño arquitectónico. Según la tradición local, el origen del lugar se remonta al siglo VI, cuando Saturio, noble soriano que quedó huérfano, distribuyó su herencia entre los más necesitados y optó por retirarse a vivir como eremita en estas cuevas a la orilla del río. Durante aproximadamente treinta años vivió en recogimiento espiritual, dando lugar a una devoción popular hacia su figura.

Un santuario erigido sobre roca y mito

Los primeros registros que mencionan un oratorio en este lugar datan de 1148 y hacen referencia a un modesto templo dedicado a San Miguel. Con el transcurso de los siglos, ese espacio religioso pasó a llevar el nombre del ermitaño que habitó las cuevas. Para 1694, tras el deterioro del edificio original, la ciudad de Soria decidió construir una nueva iglesia suspendida sobre el peñasco junto al río. La obra, de estilo barroco, concluyó en 1704, configurando el edificio actual, que presenta una planta octogonal alargada y está coronado por una cúpula octogonal iluminada por una linterna.

Al ingresar a la ermita, se recorre primero las grutas naturales sobre las cuales se erigió el templo. A lo largo del recorrido se encuentran distintas estancias, entre ellas la Sala del Cabildo de los Heros, la Capilla de San Miguel y la antigua residencia del santero. Finalmente, se accede a la iglesia donde destaca el altar barroco que guarda el relicario con los restos del santo. Las paredes y la cúpula están adornadas con frescos del artista soriano Juan Zapata Ferrer, que relatan episodios de la vida de San Saturio y representan figuras como San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Benito y Jesucristo. Todo esto convierte a este monumento suspendido sobre el Duero en uno de los lugares más singulares para visitar en la ciudad.

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