Un rincón del sureste de la isla alberga un paisaje donde conviven playas de arena blanca, pinares mediterráneos y humedales llenos de aves. Se trata de un espacio natural protegido que destaca por su biodiversidad y sus rutas diseñadas para explorar la naturaleza
- El monumento gratuito que resulta imprescindible en Baleares: con la taula más grande de Menorca y declarado Patrimonio de la Humanidad
- Explora el tesoro oculto en Baleares: el pequeño pueblo que la revista ‘Viajar’ pone en valor
Entre los vastos paisajes naturales del Mediterráneo, existen lugares donde la naturaleza sigue casi intacta. En el sureste de Mallorca se halla un espacio protegido reconocido por sus calas vírgenes, senderos accesibles y humedales ideales para la observación de aves. Este entorno, considerado uno de los parajes naturales más destacados de la isla, combina playas de arena clara, pinares y campos tradicionales que reflejan siglos de interacción entre el ser humano y su paisaje. Quienes lo visitan descubren un destino ideal para buscar calma, naturaleza y rutas de senderismo sencillas junto al mar. Además, este enclave protegido se ha consolidado como un referente del turismo natural en las Baleares al ofrecer una variada gama de ecosistemas en un espacio compacto.
Este lugar es el Parque Natural de Mondragó, ubicado en el municipio mallorquín de Santanyí. Cuenta con más de 700 hectáreas y fue declarado parque natural en 1992. Está además reconocido como Área Natural de Especial Interés y forma parte de la Red Natura 2000 como Zona de Especial Protección para las Aves y Zona de Especial Conservación. El paisaje actual muestra siglos de actividad agrícola y ganadera, con cultivos de secano —almendros, algarrobos, higueras y cereales— y numerosas paredes de piedra seca que delimitan pequeñas parcelas. También se conservan elementos tradicionales relacionados con el uso del agua, tales como norias, acequias y cisternas, que ilustran cómo se ha moldeado este territorio a lo largo del tiempo.
Un mosaico de ecosistemas entre bosques, humedales y calas vírgenes
Una de las particularidades que distingue al Parque Natural de Mondragó es la variedad de paisajes que integra en un espacio reducido. En su interior coexisten pinares, bosques de acebuche, áreas de garriga mediterránea y humedales situados en los tramos finales de los torrentes de s’Amarador y ses Coves del Rei. Estas zonas húmedas, como el estanque de s’Amarador o el de ses Fonts de n’Alis, son cruciales para las rutas migratorias de diversas aves entre Europa y África. En este hábitat se pueden observar especies acuáticas como el ánade azulón, la gallineta de agua y la focha, mientras que en la vegetación mediterránea encuentran refugio aves como la abubilla, el ferrerico y el cernícalo. El parque también protege especies representativas como la tortuga mediterránea, cuya recuperación se ha promovido a través de programas de reintroducción.
La costa constituye otro de los principales atractivos de este entorno natural. Aquí se localizan algunas de las calas vírgenes más famosas de Mallorca, entre ellas Cala Mondragó y la cercana playa de S’Amarador, considerada una de las áreas más tranquilas del parque debido a su estado casi prístino. Las dunas que rodean estas playas están cubiertas por vegetación adaptada al ambiente salino, como el lirio de mar y el cardo marino, que contribuyen a estabilizar la arena y proteger el ecosistema. Para recorrer este entorno, el parque ofrece diversos itinerarios señalizados que pueden realizarse a pie en rutas de entre 15 y 60 minutos, junto con visitas guiadas durante todo el año. Gracias a estos caminos, los visitantes pueden descubrir miradores, humedales y áreas costeras mientras exploran uno de los paisajes naturales más representativos del sur de Mallorca.
- El monumento gratuito que resulta imprescindible en Baleares: con la taula más grande de Menorca y declarado Patrimonio de la Humanidad
- Explora el tesoro oculto en Baleares: el pequeño pueblo que la revista ‘Viajar’ pone en valor
Entre los vastos paisajes naturales del Mediterráneo, existen lugares donde la naturaleza sigue casi intacta. En el sureste de Mallorca se halla un espacio protegido reconocido por sus calas vírgenes, senderos accesibles y humedales ideales para la observación de aves. Este entorno, considerado uno de los parajes naturales más destacados de la isla, combina playas de arena clara, pinares y campos tradicionales que reflejan siglos de interacción entre el ser humano y su paisaje. Quienes lo visitan descubren un destino ideal para buscar calma, naturaleza y rutas de senderismo sencillas junto al mar. Además, este enclave protegido se ha consolidado como un referente del turismo natural en las Baleares al ofrecer una variada gama de ecosistemas en un espacio compacto.

