Alfonso Fernández Mañueco (PP) se perfila como favorito en los comicios de Castilla y León y podría requerir el respaldo de Vox para conservar la presidencia.
El PSOE deposita confianza en la movilización del movimiento ‘No a la guerra’ y en el desgaste del PP para evitar un nuevo retroceso similar al experimentado en Extremadura y Aragón.
Vox mantiene una presencia sólida y aspira a mejorar sus cifras, mientras que la izquierda al margen del PSOE sufre las consecuencias de su fragmentación.
Los sondeos anticipan una victoria del PP pero sin aumento respecto a 2022, y un PSOE que podría evitar un descalabro mayor aunque con pocas opciones de gobernar.
Si las elecciones de este domingo en Castilla y León se desarrollan según lo esperado, la suma de escaños entre PP y Vox resultará suficiente para que Alfonso Fernández Mañueco retome la presidencia y los populares mantendrán su liderazgo regional por más de cuatro décadas.
Esto implicará una negociación intensa y con incertidumbre entre el equipo de Alberto Núñez Feijóo y el de Santiago Abascal, tal como sucede ya en Extremadura y Aragón.
En esas dos comunidades también se celebraron elecciones recientemente, y todavía no se ha conformado un Gobierno autonómico debido a la falta de acuerdo entre la derecha y la extrema derecha.
Conforme a las expectativas de los sondeos, el PP se mantendrá como el partido con mayor votación, aunque sin aumento respecto a 2022. Por su parte, el PSOE podría experimentar un descenso pero sin sufrir un desplome como en Extremadura y Aragón.
Vox mostrará nuevamente una notable fortaleza, mientras que la izquierda situada a la izquierda del PSOE —Sumar y Podemos— enfrentará un alto coste de su desunión.
La combinación de estas cuatro variables determinará el análisis de los resultados en Castilla y León, región que el PP gobierna en solitario tras la ruptura de la coalición con Vox hace casi dos años.
Aquí no se ha producido un adelanto electoral, sino que se ha cumplido con el máximo legal permitido para la legislatura, como sucederá en junio en Andalucía.
El PP evalúa en esta fecha el desgaste derivado de la gestión de Mañueco y las posibilidades de que Feijóo logre gobernar en solitario tras las próximas generales, independientemente de cuándo se celebren.
También se valoran sus decisiones en torno a la aprobación de un marco de relaciones con Vox y la estrategia del PP de fomentar el voto útil, posicionando a los de Abascal como una opción que dificulta la estabilidad y que rehúsa responsabilidades. Esta dinámica caracterizó una campaña electoral con fuertes confrontaciones dialécticas entre PP y Vox, aunque los resultados finalmente les obligan a pactos.
Desde el PP se sospecha que Vox no busca formar parte de gobiernos autonómicos para evitar desgaste en la gestión y conservar fuerzas para un posible acuerdo de coalición con Feijóo a nivel nacional tras las generales.
Por su lado, Vox analiza su capacidad para sostener su curva de crecimiento acelerado en todas las elecciones, evaluar el impacto de la expulsión de figuras históricas y las tensiones internas, así como el costo político de su actuación en Castilla y León dentro del Gobierno de coalición.
Dado que se trata de las primeras elecciones tras el inicio del conflicto en Irán, se estudia si para Vox representa una ventaja o desventaja su identificación con Donald Trump y su respaldo a un ataque militar que traerá graves consecuencias económicas para los españoles.
La región con mayor porcentaje de actividad agrícola sufrirá las primeras repercusiones negativas de la guerra y lo hará sin que el Gobierno haya implementado aún medidas frente al aumento del precio de combustibles.
De forma paralela, se analizará si el manifiesto «No a la guerra» promovido por Pedro Sánchez influye en la votación y si la caída del PSOE, iniciada en Extremadura y Aragón, resulta irreversible.
¿Existirá efecto placebo?
O si, por el contrario, la candidatura liderada por Carlos Martínez, el aspirante socialista con menor vinculación al presidente del Gobierno en este ciclo electoral, logra frenar esa tendencia negativa.
El PSOE afrontó la serie de elecciones que comenzó en Extremadura en diciembre pasado como un proceso difícil, consciente de que sufriría pérdidas continuas sin expectativas de ganancias, y cuyo único alivio sería que el PP perdiese terreno en favor de Vox, afectando su camino tranquilo hacia Moncloa.
Extremadura y Aragón fueron duras derrotas para el PSOE, y la situación pinta complicada para su candidata María Jesús Montero en Andalucía, con la única esperanza de ver a Juanma Moreno ceder ante Vox si pierde la mayoría absoluta.
Este domingo 15 de marzo, esta serie llegará a Castilla y León, que presenta la paradoja de que, siendo el feudo más estable del PP (gobernando desde 1987), es la comunidad donde el PSOE podría tener, aunque sea remotamente, una oportunidad electoral frente a los populares y Vox, aunque sin opciones reales de gobernar.
De hecho, en los días previos los socialistas no ocultan su esperanza de lograr esa victoria o, al menos, reducir la distancia con el PP, sin posibilidad de gobernar pero con un efecto placebo similar a la homeopatía, que no cura pero alivia si se cree en ello.
Un triunfo ajustado para el PP sería celebrado en la sede de Ferraz como un gran éxito y se presentaría como un cambio de ciclo, aunque podría resultar solo un espejismo.
Fuentes socialistas fundamentan su optimismo para la última semana previa a las elecciones en sondeos internos y en la percepción política acumulada durante las semanas recientes.
De los sondeos públicos, el más favorable para el PSOE es, como es habitual, el del CIS de José Félix Tezanos, que muestra un empate técnico con el PP, aunque con una ligera ventaja para el partido popular.
Otros estudios, como el de Sociométrica para EL ESPAÑOL, presentan un panorama mucho más desfavorable para la candidatura encabezada por Carlos Martínez.
Este último sondeo, publicado el lunes pasado, indica que el PSOE podría caer desde sus 28 escaños actuales (30,1%) a un rango de entre 23 y 26 (27,3%).
Análisis de encuestas
El PSOE perdería cerca de 3 puntos porcentuales y hasta cinco escaños respecto a su representación actual en la Cámara autonómica, acercándose a uno de sus peores resultados históricos, según este sondeo.
Los socialistas confían en dos factores: el desgaste de la gestión de Mañueco y el fracaso de su coalición con Vox en Castilla y León, sumado al impacto de acontecimientos nacionales como la postura de Sánchez frente a la guerra en Irán.
Según sus estimaciones, todos los sondeos otorgan entre un 3% y un 5% de votos a la suma de candidaturas separadas de Sumar y Podemos.
Aunque sean porcentajes modestos, podrían resultar decisivos si el PSOE logra captarlos en un escenario polarizado donde se presente como la alternativa tanto a la extrema derecha, a la alianza PP-Vox, como a lo que representa Donald Trump.
Simultáneamente, los socialistas consideran que Vox obtendrá un mejor resultado que el señalado por los sondeos. Lo hará a costa del PP, como ha ocurrido en Extremadura y Aragón.
Este planteamiento se explica como estrategia y expectativa para la recta final de campaña, aún cuando el candidato socialista es probablemente el menos cercano a Sánchez entre los principales aspirantes del PSOE en esta secuencia electoral que se celebra entre diciembre de 2025 y junio de 2026.
En los últimos comicios autonómicos de Castilla y León, celebrados en 2022, el PP superó al PSOE únicamente por 16.000 votos, es decir, menos de un punto y medio, lo que tradujo apenas tres escaños de diferencia.
En 2019, el PSOE aventajó al PP por más de 40.000 votos, equivalente a más de tres puntos de ventaja y seis escaños.
Los populares lograron gobernar gracias a un acuerdo con Ciudadanos, que les aportó menos votos que los que podría conseguir ahora Vox a partir de los votos de la lista de Mañueco.

